Todo está sometido a las alternancias y eso quiere decir el término «vicisitud». Los sabios antiguos decían: «Vienen los vientos del Este; vienen los vientos del Oeste». La vida se encarga de desbaratarlo todo. Algo nos es favorable y algo nos es desfavorable. Entonces ¿qué hacer? Aplicar el bálsamo de bálsamos que es la ecuanimidad o ánimo firme y equilibrado.

Cuando algo podamos cambiarlo para mejorarlo, hagámoslo con sabiduría y diligencia; pero ante lo que no se puede descartar, aceptación consciente. Mi buen amigo y asiduo alumno a mis clases, Arturo Mesón, ha escrito un significativo texto para el facebook de «Viaje a los adentros, Ramiro Calle«, que reproduzco en este blog por su innegable interés. Arturo ha sido el traductor de mi obra «El Faquir» del castellano al inglés y de la obra de Babaji Sibananda «El Misterio del Planeta» del inglés al castellano. Es un gran buscador espiritual y sigue disciplinadamente ese sadhana que es el que le ayuda a aceptar y mantenerse en su ser a pesar de las vicisitudes. Al fin y al cabo, la gran maestra es la vida. Y el viaje hacia afuera no tiene sentido sin el viaje hacia los adentros.

Dentro de nosotros tenemos que encontrar lo que no podemos hallar fuera. El gérmen de paz interior que reside en nosotros, hay que cultivarlo y desarrollarlo. Nada tan valioso como la paz interior, de la que nace la ecuanimidad, la lucidez y la compasión.

 

Ramiro Calle
ESCRITOR. DIRECTOR DEL CENTRO SHADAK
ramirocalle.com

 

MI VIAJE A LOS ADENTROS

 

No es raro encontrar buscadores espirituales en los que cunde de vez en cuando el desánimo, por no acabar de encontrar aquello que van buscando. Pero, ¿qué es lo que buscan en realidad? Porque si lo que tratan de alcanzar es un estado sublime donde no haya lugar para el dolor, el desánimo y el desasosiego, un estado de permanente quietud y bienestar, en pacífica unión con el Infinito, entonces están errando el objetivo. No hay ninguna meta a la que llegar, porque como nos dice Ramiro, la meta es el camino.

¿Merece entonces la pena el esfuerzo que requiere la búsqueda espiritual? Bueno, yo creo que en realidad no somos nosotros quienes elegimos la búsqueda, sino que ella nos elige a nosotros, porque de alguna manera está en nuestra naturaleza.

También nos dice Ramiro que, muchas veces, los problemas y las situaciones vitales difíciles que nos acucian son una magnífica oportunidad para crecer espiritualmente y desarrollarnos como personas, si somos capaces de utilizarlos a nuestro favor, aceptándolos como maestros que la vida nos pone delante para aprender de ellos y superarlos.

Desde mi propia experiencia personal, en un momento en que las circunstancias se muestran bastante desfavorables, con serios problemas físicos de algunos miembros de mi familia muy cercanos, problemas económicos de otros y las complicaciones sobrevenidas tras el reciente fallecimiento de mi madre, entre otros, no recuerdo haberme encontrado antes en un estado de sosiego, equilibrio y armonía como el actual.

Y a decir verdad, no soy un gran meditador, sino simplemente alguien que a través de una permanente reflexión, trata de llevar a la práctica en la vida cotidiana las enseñanzas que Ramiro Calle nos transmite en sus clases de meditación.

Hace tiempo decidí emprender mi viaje a los adentros, cuando me di cuenta de que el viaje a las afueras, intentando encontrar la felicidad en las cosas externas y en lo material, es un viaje a ninguna parte. Viajando a los adentros comprendí que el sentido de la vida es la vida misma, y por eso repite Ramiro que el sentido de la vida es el que nosotros queramos darle.

La vida es alegría y también tristeza; es placer, pero también es dolor; es gozo y es también pesadumbre; es, en definitiva, lo que es, lo que ocurre. Y cuando llegamos a esa comprensión, surge entonces la aceptación de todo lo que ocurre, porque lo que ocurre, una vez que ocurre es ya inevitable y nada podemos hacer para cambiarlo, salvo aceptarlo. Y cuando se produce la aceptación incondicional de lo que ocurre, entramos en otra dimensión donde solo queda la rendición a lo Absoluto, al Poder Supremo, pongámosle el nombre que queramos ponerle, Consciencia Infinita, Energía Cósmica, Vacío, Todo, o Dios. Y tras la rendición a lo Absoluto surge de manera natural la calma, la paz interior.

La paz interior no nos va a aislar de las penalidades de este mundo, pero como decía aquel maestro tras su iluminación: «Claro que sigo teniendo episodios depresivos, como todo el mundo, pero ya no me importa».

Arturo Mesón