Como llevo ya casi medio siglo impartiendo clases de meditación y tratando de difundir esta milenaria disciplina sin descanso, a veces la gente me pregunta si la meditación es todo. Explico que la meditación no es todo; la meditación es parte. Si meditáramos varias horas diarias, la meditación nos ayudaría por si misma a mutar nuestra psique y trasformarnos en grado sumo, pero como no lo hacemos, hay que complementar la meditación trasladándola a la vida diaria, es decir estando más atentos a nuestras actividades cotidianas; es lo que se ha venido en denominar “la contemplación en la acción”. Y en cualquier caso, la meditación tiene que ser asociada con la ética genuina o virtud, porque la fuerza mental debe ser noblemente encaminada.

Hay que complementar la meditación sentada con tratar de mantenerse más alerta, sosegado y ecuánime en la vida diaria. La meditación es un arte de vivir y sus frutos hay que trasladarlos a la vida de cada día. Mediante la práctica de la meditación entrenamos, cultivamos y desarrollamos la mente. De ese modo aprendemos a estar más atentos en la situación del presente, con mayor calma y ecuanimidad, nos hallemos en un bazar, en el trabajo, en soledad o en multitud. Los factores de autodesarrollo que se van ganando con la práctica de la meditación sentada, tendremos que ensayarlos tambien en la vida cotidiana. Algunos de ellos son el esfuerzo consciente o energía, la atención voluntaria, la serenidad, la ecuanimidad, la visión de las cosas como son y la lucidez o entendimiento correcto.

La meditación no nos separa de la vida, todo lo contrario. Meditamos para poder estar más equilibrados en la vida diaria, sin dejarnos atrapar por apegos bobos, preocupaciones inútiles, enfados o conflictos. La meditación trabaja sobre la actitud y dependiendo de la actitud las cosas nos influyen de una u otra forma. En la vida de cada día es donde hay que batirse el cobre y donde podemos aprender a ver y conocer nuestras reacciones, tratando de ir superando las desmesuradas o aflictivas. La vida se convierte así en una gran maestra, con sus no pocas dificultades, pero que hay que saber afrontar con calma y claridad.

La meditación no es evasión, todo lo contrario. Forma parte medular de lo que llamamos sadhana o práctica espiritual. En la vida diaria tenemos que vernos más allá de autoengaños e ir descubriendo nuestro lado difícil o neurótico para irlo saneando. Si estamos atentos y ecuánimes, estamos en meditación aunque sea barriendo la cocina o preparando una ensalada.

La meditación es una preciosa herramienta para modificar modelos mentales que generan dolor propio y ajeno. Transforma, pero hay que apoyarla con actitudes y comportamientos adecuados en la vida diaria. La meditación es, pues, un viaje hacia los adentros para estar mejor en lo exterior a nosotros mismos. Los frutos obtenidos con la meditación se vierten sobre la vida de cada día; la luz que uno va encontrando en sí mismo se irradia alrededor. Al encontrarnos mejor con nosotros mismos, lo estaremos mejor con los demás. La meditación facilita, así, la relación con nosotros y con las otras criaturas.

Se aprende a meditar, meditando. Unos minutos de meditación nos desalienan y nos permiten vivir desde un centro de consciencia más estable, lúcido y compasivo.

Ramiro Calle
Centro Shadak

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