Ante todo tenemos que entender que una cosa es la edad cronológica y otra la biológica. También que lo importante es, como reza el antiguo adagio: «no añadir vida a los años, sino años a la vida«. Pero lo que es indiscutible es que está en la naturaleza del cuerpo envejecer y degradar; también lo es que podemos poner los medios para tener un cuerpo más saludable y equilibrado. Merece la pena, pues en este plano existencial es nuestro vehículo.

El yoga lo revalorizó desde el primer momento e incluso se dice desde antaño que el cuerpo es el templo de Dios. Ya que durante unas décadas hay que vivir con el cuerpo, que es la base de la pirámide humana, tenemos que aprender a cuidarlo, sin obsesión, pero con esmero, sabiendo que un día tendremos necesariamente que soltarlo.

Incluso en la búsqueda espiritual, el cuerpo se convierte en un obstáculo no menor si está enfermo o debilitado.

Pero la única alternativa para escapar a la vejez es morirse antes. Si uno envejece, el cuerpo comenzará a dar problemas, sobre todo del aparato locomotor, pero muchos desórdenes pueden prevenirse o retrasarse, y eso ya es importante. Poniendo los medios para ello, podemos tener en la medida de lo posible un cuerpo más armónico, flexible, resistente y donde los órganos operen equilibradamente. No se trata de la longevidad por la longevidad, sino de que el tiempo que estemos con este cuerpo, no nos genere demasiados problemas.

Podemos, hasta cierto punto, evitar el envejecimiento del cuerpo y, por supuesto, del cerebro, pues el yoga nos facilita un sólido entrenamiento mental para favorecer la neuroplasticidad. Sin expectativas triunfalistas, podemos confiar en métodos milenarios y muy experimentados para poder cuidarnos y sentirnos mejor.

El yoga es el primer método de mejoramiento humano. La vejez y la enfermedad, así como la muerte, son inevitable, pero mientras sea posible tenemos que tratar adecuadamente nuestras herramientas vitales. Hay que empezar por atender las cinco fuentes de energía básicas, y más en la vejez: la respiración correcta, el alimento puro, el descanso oportuno, el sueño reparador y las impresiones mentales positivas. También cuenta de manera especial la actitud vital. Así como hay vitaminas para el cuerpo, las hay para el alma: amor, alegría, compasión, ecuanimidad, generosidad y tantas otras.

La práctica del hatha-yoga reporta muchos beneficios orgánicos y mentales. Es el ejercicio consciente más inteligente y antiguo. En las personas mayores los asanas o posturas juegan un papel esencial. Para empezar no pasemos por alto que la rigidez es muerte y la flexibilidad es vida. Los estiramientos que provocan las posiciones de yoga estiran y revitalizan el músculo (que tiende a acortarse con la edad), favorecen el riego sanguíneo, armonizan las secreciones y, mediante masajes muy bien dirigidos, cuidan los órganos y ejercen una acción benéfica sobre las glándulas.

La ventaja del yoga clásico es que cualquier persona, cualesquiera sea su edad, puede practicarlo. Incluso si es necesario sobre una silla, como hemos explicado en otro de nuestros trabajos. Los órganos del aparato digestivo, que se ven afectados por la edad avanzada, pueden ser muy favorecidos con los masajes intraabdominales. Los ejercicios de respiración, favorecerán los pulmones y protegerán contra trastornos pulmonares propios de la edad. Se fortalece la musculatura abdominal y se previenen las hernias. Se retrasa la atrofia de determinadas vísceras. Hasta donde es posible se previenen las enfermedades reumáticas, que suman más de dos centenares.

Contaré una anécdota personal. Cuando mi padre por una lesión en la espalda acudió a visitar al doctor Castillo Ojujas, célebre reumatólogo, le dijo: «Pero siendo su hijo maestro de yoga, acuda a él«. Empezó a practicar yoga con plena dedicación y no volvió a tener problemas en este sentido. Los estiramientos de las posturas hacen que no mengüe la estatura y los ejercicios respiratorios mejoran la acción cardiovascular.

Por su parte, la meditación es ya una necesidad específica para la gente mayor, porque se convierte en una gimnástica cerebral de gran provecho. Ayuda a combatir el sentimiento exacerbado de soledad, a encontrarse mejor con uno mismo, a poder superar la irritabilidad y el miedo, a vivir más armónicamente y encontrarle un renovado sentido a la vida. Tanto el extraordinario profesor de yoga mental y meditación para mayores (que ha dado clases a miles y miles de personas de la tercera edad en centros de lo que él denomina «mis jóvenes mayores») Paulino Monje, como yo (que dí varios años clases en las Aulas de la Tercera Edad del Ministerio de Cultura, donde varios años también impartió clase la magnífica profesora Almudena Hauríe), hemos comprobado todos estos efectos positivos.

No es de extrañar, por todo ello, que cada día sea mayor el número de personas mayores que practican el yoga clásico, que no ofrece el menor riesgo y donde cada persona realiza la técnica según su propia capacidad, sin ningún ánimo competitivo, encontrando una dimensión interior de armonía y lucidez que es el mejor manantial de salud. Ni que decir tiene que deben ser evitadas para las personas mayores, obviamente y a poco sentido común que se tenga, modalidades de yoga atlético o de esas otras que se ejecutan a cuarenta grados de temperatura, y que tienen infinitamente más inconvenientes que beneficios.

Ramiro Calle

Director del Centro Sadhak

www.ramirocalle.com