La osteoporosis suele verse como una enfermedad relacionada con la vejez y que es incurable sin medicación. Sin embargo, esta dolencia oculta muchos secretos y su tratamiento es uno de los más sencillos.

Para comprender bien cómo actúa la osteoporosis, primero hay que tener claras ciertas cuestiones biológicas. Los huesos son tejidos vivos que siguen un permanente ciclo de formación y destrucción, que es lo que se conoce como remodelación ósea. En este fenómeno intervienen dos tipos de células: los osteoclastos, que destruyen los huesos ya formados, y los osteoblastos, que permiten la formación de nuevo hueso.

Desde el momento del nacimiento hasta los 18-20 años de edad, la masa ósea se constituye progresivamente, hasta una cantidad máxima que se denomina “pico de masa ósea”. A partir de ese instante las pérdidas óseas predominan sobre la renovación y, en las mujeres, la pérdida se acelera tras la menopausia. Esto en principio no tiene nada de patológico, ya que se trata de un proceso natural, pero el problema radica en que existe un diagnóstico y tratamientos para la osteoporosis… y quien dice diagnóstico y tratamiento, dice enfermedad…

Para diagnosticar la osteoporosis los médicos efectúan un examen radiológico indoloro llamado densitometría ósea en la zona del raquis lumbar y el cuello del fémur. Este examen permite medir la densidad mineral ósea (DMO), que se expresa en gramos por centímetro cuadrado (g/cm²) y que actualmente se presenta como un reflejo fiable del riesgo de fractura.

Al haber sido calificada la osteoporosis como una enfermedad, la industria farmacéutica ha lanzado al mercado una serie de medicamentos para tratarla. Se trata de los bisfosfonatos, que supuestamente ralentizan la reabsorción ósea. Además, desde el año 2008, los genéricos también han emprendido la conquista de su parte del pastel. Como dato curioso, los bisfosfonatos empezaron a estudiarse en la década de 1960 por parte de los fabricantes de detergente -como el alemán Henkel- debido a su capacidad para que la ropa quedara más flexible y blanca.

Unas décadas más tarde, el Protelos fue autorizado en Europa para el tratamiento de la osteoporosis y la prevención de las fracturas. En 2014 la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) desaconsejó el empleo de los medicamentos Protelos y Osseos para los pacientes que sufren osteoporosis, tras revisar el balance beneficio-riesgo de su principio activo, el ranelato de estroncio, y concluir que presentaba un riesgo cardiovascular alto en comparación con su limitada eficacia en la prevención de fracturas graves.

En consecuencia, el Comité para la Evaluación de Riesgos en Farmacovigilancia europeo (PRAC) ha recomendado suspender la autorización de estos medicamentos y un comité de expertos de la Agencia Europea del Medicamento (EMA por sus siglas en inglés), también recomienda suspender la utilización de estos medicamentos debido a los riesgos cardíacos graves que implica. Dicho de otro modo, ni los exámenes ni los tratamientos médicos prescritos presentan un gran beneficio para muchos pacientes.

El organismo tiende a debilitarse con la edad. Es cuando las hormonas “de juventud” caen en picado, los músculos se vuelven más blandos y pequeños y, además, los huesos se debilitan.

Por su parte, el descenso que se produce durante la menopausia de las hormonas femeninas, encargadas de estimular la mineralización de los huesos, hace que estas hormonas ya no sean capaces de cumplir su función y, en consecuencia, la densidad ósea disminuye. En el caso de los hombres este descenso de las hormonas es mucho más progresivo, lo que explica la diferencia de proporción de afectados por osteoporosis en relación con las mujeres.

Otro factor que contribuye a conservar los huesos fuertes es la alimentación, ya que los alimentos aportan vitaminas, proteínas, glúcidos y antioxidantes, así como, potencialmente, un componente ácido o un componente básico (alcalinizante) dependiendo del tipo de alimento consumido.

Así ocurre que comer fruta o verdura aporta grandes cantidades de potasio, magnesio y calcio, todos ellos alcalinizantes; y a la inversa, tomar cereales o carne aporta energía y vitaminas, pero ningún mineral alcalinizante. Estos alimentos proporcionan energía al organismo, aunque también producen residuos ácidos, que se eliminarán con la orina siempre que se tengan unos riñones en buen estado funcional. Por tanto, una dieta equilibrada en la que los componentes de la misma (ácidos y álcalis) estén en equilibrio es la más recomendable para la conservación de un hueso fuerte y resistente.

El organismo funciona en base a un equilibrio creado entre los minerales básicos aportados y los ácidos generados. Por ejemplo, la sangre tiene un pH ligeramente básico, lo que significa que el cuerpo funciona correctamente en un entorno que no sea demasiado rico en ácidos.

Por tanto, si la alimentación tiene una carencia de vegetales (fuente de bases) o es demasiado rica en alimentos ácidos (carne, pescado, cereales, productos lácteos), puede producirse un desequilibrio del pH. Y como este desequilibrio es muy perjudicial para el funcionamiento de todos los órganos del cuerpo, éste intentará restablecer su equilibrio, utilizando para ello una gran reserva de minerales básicos; es decir, los huesos. En efecto, el hueso es una reserva de minerales (calcio, por supuesto, pero también magnesio, zinc y cobre). Por lo tanto, cuanto más ácida sea la alimentación, más frágiles serán los huesos.

Senora osteoporosis - Todo lo que hay que saber sobre la osteoporosis

Pero entonces puede plantearse la cuestión de que, si se toman menos alimentos ácidos y aumenta el aporte de alimentos básicos, ¿se pueden reforzar los huesos? Son varios los estudios que se han llevado a cabo para responder esta cuestión. Un reciente estudio ha sido el realizado por investigadores de la Universidad de Surrey (Inglaterra), que demostraron que, en caso de osteoporosis, una suplementación con minerales basificantes (bicarbonato potásico o citrato de potasio) permitía limitar la fuga de calcio de los huesos a la orina, manteniéndose así la masa ósea.

Este potasio basificante es muy raro en forma de complemento alimenticio; en cambio, se encuentra con facilidad en toda la fruta y verdura, ya sea cruda o hervida, en purés, compotas y sopas. Para reforzar los efectos de esta estrategia basificante puede moderar el consumo de alimentos acidificantes, empezando por los más ácidos.

El orden de importancia, desde el alimento más ácido al menos, es el siguiente:

Sal de mesa (con independencia de su forma u origen).
Queso.
Pan.
Embutidos.
Carne y pescado.
Cereales.

Decir también que los huesos necesitan proteínas para construir el colágeno del que están formados, por lo que no hay que suprimirlas completamente.

Restablecer el equilibrio ácido-básico es muy eficaz para limitar la pérdida de minerales de los huesos. Esto no quiere decir que se van volver más fuertes si se lleva a cabo esta estrategia; simplemente van a dejar de debilitarse.

Para reforzarlos, hay que poner en práctica una segunda terapia. Este fenómeno indica que el simple hecho de moverse, llevar las bolsas de la compra o subir las escaleras contribuye a que los huesos se mantengan sólidos y con buena salud, ya que las acciones mecánicas ejercidas sobre el hueso son las que van a reforzarlo. Por tanto, el ejercicio físico estimula la mineralización y la formación ósea. Es por este motivo que en el tratamiento de la osteoporosis se recomienda llevar a cabo un programa de ejercicios regulares de al menos un año. Pero en lugar de ser una simple recomendación, sería mejor que este programa fuera obligatorio, ya que sin una actividad física suficientemente estimulante no hay ningún medio, ni químico ni quirúrgico, que permita reforzar los huesos.

Los deportes más eficaces para reforzar los huesos son aquellos en los que más se requiere el uso de las extremidades.

Por ejemplo, musculación, running, bicicleta o escalada, entre otros. Andar tiene un efecto menos notable y la natación no tiene ningún efecto, ya que el agua suprime la acción mecánica de la gravedad.
Por supuesto, todas las pequeñas tareas diarias como sacar al perro, limpiar la casa o hacer la compra siguen siendo aconsejables, pero no bastan. Lo ideal es practicar los deportes mencionados durante una hora, de tres a cinco veces a la semana.

Sergio García Calvillo
Licenciado en Ciencias Químicas y diplomado en Naturopatía.
sergiogarciacalvillo.simplesite.com