Hay dos perspectivas a la hora de abordar el estudio de la mente humana: la primera de ellas considera que la mente es un producto de los acontecimientos que ha vivido la persona, sus propias capacidades innatas y las influencias externas; y la segunda en cambio considera que la mente es algo elegido, algo que la persona construye con sus compromisos y sus creencias, pudiendo ser estos conscientes o no.

Al igual que Copérnico demostrando que la Tierra gira alrededor del Sol o Darwin descubriendo que somos producto de la evolución y familiares directos de los primates, Freud puso el dedo en la llaga teorizando sobre el inconsciente y dándole el protagonismo que se merece en nuestras vidas. Hay una elemental lección de humildad que a todos nos cuesta mucho, y es reconocer lo poco que sabemos, incluso de nosotros mismos. El pensamiento consciente es solo la punta del iceberg, nuestra sensación de control es muchas veces una ilusión, elegimos lo que elegimos movidos por motivaciones inconscientes, y es a posteriori que racionalizamos esa elección atribuyendo causas que no son las verdaderas.

En las antípodas a Freud tenemos a Sartre (máximo exponente del existencialismo), el cual consideraba que el «ser» no tenía una esencia sino que era puramente un proceso; las ideas que tenemos sobre cómo somos son fantasías, la mente está por lo tanto vacía, no somos nada a priori ni de forma definitiva sino que vamos constituyéndonos eligiendo nuestros actos y siempre podemos cambiar. Consideraba que «ser» es un acto solitario y llevado a cabo en la más absoluta de las libertades, y por lo tanto una responsabilidad individual. Sartre señala que esta solitaria responsabilidad nos horroriza, y por lo tanto nos excusamos con el «carácter», las «patologías» y los determinantes externos para negar nuestra radical libertad.

Eric Fromm vino a reconciliar psicoanálisis y existencialismo sosteniendo que lo fundamental en el proceso analítico es que la persona se haga consciente de cómo con sus elecciones se construye a sí misma.

Sí, estamos enormemente influidos por nuestro inconsciente y por el medio que nos rodea, porque cuando uno elige, elige en base a algo, entendiendo las cosas de una manera determinada, y ese propio entendimiento viene marcado por los referentes que se han incorporado a lo largo de la vida. A la vez el ser humano no incorpora sin más los modelos que le rodean sino que los metaboliza, es decir, hay un proceso interno que genera un producto que no es la fotocopia exacta de esos modelos.

La mente es un fenómeno muy complejo y misterioso, pero lo que no debemos olvidar es que más allá de cómo nos entendamos podemos ser valientes, resistirnos o colaborar con nuestras circunstancias basándonos en nuestros propios ideales, aferrarnos a nuestras pasiones y creencias, o renunciar a ellas y reinventarnos. El ser humano es ante todo creativo, disfrutamos de un rico universo interior que debido a su complejidad nos obliga a desdecirnos, enderezar rumbos, abandonar cosas y abrazar otras nuevas.

Uno se considera «buena persona» porque defiende lo que le han enseñado que es bueno y desprecia lo que le han enseñado que es malo; sabemos qué debemos sentir y pensar antes de conocer las cosas por nosotros mismos. Estas reglas gobiernan el campo social, y si no somos conscientes de ellas nunca seremos libres. El libre pensamiento es una utopía, pero como tal podemos acercarnos a ella. Interrogarnos por las emociones, vivencias y enseñanzas que sostienen nuestros puntos de vista nos abre un abanico de posibilidades de cambio y hace que escuchemos al que es diferente. El reconocimiento de la propia subjetividad y de la del otro es fundamental para convivir con respeto y no caer en relaciones de dependencia.

Una psicoterapia profunda siempre ha tenido como meta aumentar la libertad del individuo incrementando su grado de consciencia y desarrollando su pensamiento crítico. Todos sabemos lo que nos hace sufrir y deseamos eliminarlo, así como imaginamos lo que nos haría felices y buscamos el modo de conseguirlo. La psicoterapia atiende ambas demandas, pero si únicamente se aplican técnicas y consejos, si se limita a tranquilizar y complacer, la persona corre el peligro de quedar en un estado infantil. Sustituir la figura de los padres por la de un gurú, una teoría mágica o un tratamiento milagroso, perpetua nuestra indefensión.

Aprender a pensar y vivir de otra manera lleva un tiempo y es costoso a muchos niveles, pero merece la pena. Analizarse es buscar la libertad, es plantearse por un momento por qué deseamos lo que deseamos y rechazamos lo que rechazamos, por qué pensamos como lo hacemos. Solo después de un buen análisis se tiene claro el objetivo, cuando las técnicas para conseguirlo se emplean antes de cuestionarlo, podemos estar incurriendo en un grave error o simplemente perdiendo el tiempo.

Freud consiguió tambalear los pilares de la sociedad victoriana en la que vivía, una sociedad hipócrita y arrogante que sobrevaloraba la voluntad humana. Nuestras hipocresías, derivadas de «la religión neoliberal», están basadas en los supuestos caminos que conducen al éxito, el mito de la meritocracia y del hombre hecho a sí mismo encubren la autoexplotación y a la renuncia de la propia libertad de forma inconsciente y/o voluntaria. Pero saberse perpetuamente determinado no es una invitación a la impotencia sino a la resistencia. La voluntad no se tiene, se gana, al igual que la libertad no debe dejar de conquistarse día a día. El medio que nos rodea es un reto y debemos encontrar la manera de establecer con él un diálogo tan conflictivo como fecundo.

La responsabilidad como la libertad tiene su ámbito individual pero también su dimensión colectiva. Somos responsables de colaborar en la construcción de una sociedad en la que todos podamos ser más libres, necesitamos un mundo mejor y ese mundo a la vez necesita de nuestra ilusión y compromiso.

Este artículo viene precedido de los siguientes (haz clik sobre el título para leerlos)

Necesidades Vitales I: El Apego

Necesidades Vitales II: El Narcisismo


Necesidades Vitales III:La ética del Amor Propio

Susana Espeleta
Psicóloga Colegia
Psicoterapeuta individual y de grupo
S_espeleta@yahoo.es