En estos tiempos de cambio, es muy frecuente escuchar referencias sobre temas de gestión, manejo o regulación de nuestras emociones, de dependencia y madurez emocional. De alguna manera es algo que todos vivimos muy de cerca, algo que afecta nuestra relación con el mundo de manera fundamental.

Todo el mundo tiene emociones, pero no todo el mundo sabe manejarlas o regularlas adecuadamente; de hecho, pareciera que nuestra educación hubiera pasado esto por alto. Es evidente que esta falta de educación emocional ha generado mucho conflicto y confusión en el mundo, en nuestras relaciones, y en nosotros mismos, y ahora surge la oportunidad de afrontarlo.

Hoy en día, nadie cuestiona la importancia de todo esto; de hecho, vislumbramos la madurez emocional como un aspecto crucial tanto en el desarrollo de nuestra vida individual como en nuestro momento como humanidad. Podríamos afirmar que nos encontramos a las puertas de un nuevo salto evolutivo, un momento donde meditación y gestión emocional se entretejen dando lugar a una modalidad de vida completamente diferente.


“Regular las emociones es el próximo paso en la evolución humana.” [Instituto HeartMath]


La madurez emocional es un proceso, y todo comienza por la toma de conciencia de nuestras emociones. Como dice Jack Kornfield: “Despertar a las emociones significa sentirlas, nada más y nada menos”.

En meditación ofrecemos un espacio que contiene, escucha y siente a la emoción. También podemos llamar a este proceso “presencia en la emoción”: nos hacemos plenamente conscientes de la emoción que está aflorando, respirando, sin ser arrastrados… Vivimos la emoción, pero no nos perdemos en ella; no nos aferramos, pero tampoco la evitamos; ofrecemos espacio y ternura, simplemente… Esta presencia compasiva que nos brinda la meditación es el aspecto clave en la gestión de las emociones difíciles.

respirar - Meditación y gestión emocional

Este proceso de gestión emocional podríamos sintetizarlo en 6 sencillos pasos, que podemos practicar en cualquier momento cotidiano:

  1. Parar, respirar. Parar, llevar nuestra atención a esa emoción que emerge. Respirar profundamente. Nuestra respiración abre el espacio, ofrece nuestra disponibilidad. Posamos la atención en la respiración y en aquellas zonas del cuerpo en las que la emoción se refleje. Respiramos la emoción.
  2. Nos hacemos responsables. Hacerse responsable es asumir cada emoción que vivimos como algo íntimo. Cada emoción surge de nuestro interior y nadie puede procesarla por nosotros.
  3. Tomar conciencia de la emoción. Observamos y sentimos todos los aspectos posibles de la emoción que estamos viviendo. Nos permitimos vivirla de manera directa, sin discurso intelectual, sin narraciones. Para poder transformar las emociones que nos bloquean han de estar exentas de todo juicio. Observamos sin juzgar todo el proceso psicofísico que desencadena la experiencia emocional que estamos viviendo.
  4. Aceptación y autocompasión. Sea cual sea la experiencia que estamos viviendo, la aceptamos. Permitimos que la emoción se exprese con libertad y absoluta legitimidad. Abrimos el espacio necesario para que todo su potencial se despliegue y evolucione en nuestro interior sin restricciones. Y si duele, nos damos cariño… Nos procuramos esa ternura y ese amor capaz de aliviar el dolor que sentimos.
  5. Soltar la emoción. Suavemente, dejamos que la energía de la emoción siga su curso naturalmente, que se atenúe, hasta que se desvanezca. Recordar que “yo soy el espacio consciente, no la emoción”, propicia este flujo natural de la energía-emoción en nuestro interior.
  6. Actuar o no actuar. Según sean las circunstancias, actuaremos o lo dejaremos estar. Si permitimos el flujo de la energía de las emociones, podremos ofrecer una respuesta apropiada a la situación que las originó.

La madurez emocional es una cuestión de responsabilidad


Como vemos, la madurez emocional es una cuestión de responsabilidad; crecer, es nuestra responsabilidad. Si sentimos que es momento de madurar, podemos tomar las riendas y enfocarnos en este proceso que puede cambiar nuestra vida de una manera profunda y fundamental. Como se dice a los practicantes: “si no es ahora, ¿cuando?”.

 

Antonio Consuegra Sebastián

Co-fundador de la Escuela

para el Desarrollo Integral (Sadhana)

sadhanaintegral.com