Un día nos encontramos separados por un abismo en el corazón, preguntándonos cómo, cuándo, por qué y por donde hemos llegado a ese distanciamiento, y ahora nos encontramos apenas sin energías, para luchar por reconquistar «aquella» felicidad que nos cautivó.

Pretendemos con este artículo introducirnos en ese misterioso y agridulce universo de las relaciones de pareja analizándolo desde una forma sistémica.

Un tema, cuanto menos sorprendente, es que hayan aumentado las separaciones y divorcios. Y que la duración de las relaciones de pareja tenga, estadísticamente, una media aproximada de 11 años.

¿Qué ocurre en nosotros para que esto sea así? El tiempo y la convivencia han disminuido mucho en los últimos años. Y en algunos casos parece como si nos hubiéramos olvidado de la capacidad de vincularnos de una forma comprometida y duradera.

Una vez pasada la etapa de «enamoramiento», que suele durar entre dos y tres años, nos cansamos de ver lo positivo del otro y comenzamos a amplificar lo negativo, lo que no nos gusta y casi siempre, apuntando los problemas que hay en nuestra pareja hacia la persona que tenemos al lado y sin apuntar hacia nosotros mismos.

Nos es muy difícil ver qué nos está ocurriendo o qué no aceptamos de nosotros mismos, entendiendo que nuestra pareja solo nos está haciendo de espejo y nos está mostrando, inconscientemente, todo aquello que no aceptamos y no nos gusta admitir que está dentro de nosotros.

Una pareja vive del intercambio positivo, de dar y aportar al otro aquello que le hace feliz y de recibir de la misma manera. Y, también, de la capacidad que tienen de crear un proyecto común con ilusiones y expectativas que satisfagan y nutran a ambos por igual.

Cuando no existe esta satisfacción la buscamos en otros lugares, en otros sistemas y en otras alternativas a la pareja (trabajo, deportes, amigos,…), y esto nos va separando paulatinamente, por no tener en cuenta que la relación de pareja, igual que cualquier otra relación, tenemos que mantenerla de tal manera que el intercambio entre el dar y el recibir esté «EQUILIBRADO».

Un problema habitual dentro de las parejas es la acumulación de problemas por falta de comunicación. Los problemas forman parte de la vida y van a existir siempre, el reto que se nos plantea, en la pareja, es el de hablar sin reprochar o culpar al otro, con una comunicación abierta y respetuosa, una comunicación asertiva, que nazca desde lo que «a mí me está ocurriendo que…» o desde lo que «yo estoy sintiendo que…» y no desde «lo que me molesta de ti es que…» o «es que tú eres…».

Hay que aprender a negociar como compartir el tiempo, los entretenimientos, los espacios y las relaciones con familiares, hijos y amigos.

En demasiadas ocasiones, echamos la culpa al otro de lo que está sucediendo y queremos cambiarle porque creemos que nosotros no podemos hacer nada ante la situación. Sin embargo, si piensas que puedes hacer algo por cambiar lo harás. ¡Y esto siempre es posible si tú quieres! aunque a veces necesites ayuda para ello. Si tú cambias y empiezas a amar al otro, tal y como es, comienzas a recibir amor del otro. El efecto de poner el foco en nosotros tiene un impacto impresionante. Si una pareja se rompe es que los dos han propiciado con su forma de reaccionar ante una serie de problemas que se llegue a ese punto. Por tanto no hay buenos ni malos y la responsabilidad de esta situación es al 50% en cualquier caso.

Tenemos que empezar por «mirar» nuestras carencias, nuestras necesidades, nuestros anhelos, etc. Cuanta más consciencia tengamos de nosotros mismos, cuanto más sepamos y pongamos el foco en lo que queremos y necesitamos más felices seremos en nuestras relaciones de pareja…este es el comienzo.

Cuando somos capaces de relacionarnos con nosotros, nos ampliamos, nos expandimos y desde esta perspectiva nos convertimos en algo tan grande que nos permite crear vínculos positivos, libres, sanos y profundos entre adultos.

Desde la Visión Sistémica sabemos, que en una relación llevamos en nosotros información inconsciente de nuestros antepasados/as, patrones y conductas aprendidas, que nos hacen relacionarnos de una manera determinada. Son esos vínculos inconscientes con nuestros sistemas de origen, abuelos/abuelas, padres/madres, los que pueden ser sanados a través de las Constelaciones Familiares y del trabajo que cada uno realice sobre sí mismo.

Los miembros de una pareja trasladan a la relación actual cualquier «carga» o aprendizaje inconsciente que traigan incorporado en su persona, creando una forma determinada de comportamiento. Es esto lo que el movimiento de la Constelación saca a la luz, y muestra cuando ante una situación de conflicto en la pareja se decide trabajar algo.
En estos casos a través de poder ver lo que hay, que en muchas ocasiones es diferente de lo que creemos que es, se consigue llegar a un acercamiento o solución válida para ambos miembros de la relación.

Vamos a nombrar algunos movimientos inconscientes que pueden subyacer bajo una mala relación de pareja y que gracias a esta visión Sistémica se pueden llegar a mostrar y que en muchas situaciones nos aportarán las pistas necesarias para llegar a una solución:

• Cuando en un sistema familiar y de forma ancestral, existen luchas de poder por parte de las mujeres hacia los hombres o de los hombres hacia las mujeres, las siguientes generaciones puedan a repetir estos patrones de forma inconsciente porque lo anterior no ha sido sanado y sus relaciones sentimentales estarán basadas en esta lucha por «el poder», generando tensiones es sus vínculos.

• Cuántas veces nos encontramos con hijos/as que hacen de padre/madre de sus padres….este patrón aprendido en su infancia/adolescencia hará que también sea padre/madre de su pareja….y esto a la larga propiciará crear parejas paterno/materno filiales que no ayudan a crecer como adultos.
Cuando no estamos en el lugar de hijo/a con nuestros padres, es decir, cuando hemos invertido el orden pueden surgir este tipo de interferencias. El hecho de no ocupar nuestro lugar en un sistema nos puede traer problemas y consecuencias cuando formamos una pareja.

• Los hijos tienen un amor inmenso por el sistema familiar, este amor hace, que en ocasiones realicen acciones para que su sistema de origen se mantenga unido o para que se les tenga en cuenta en la familia. A estas acciones las denominamos «amor ciego».

Si por alguna razón conocida o desconocida la madre no está disponible para el padre, puede ocurrir que la hija se ponga como «cuidadora» del padre, de alguna manera se cambian los papeles y esta va ocupando el lugar de madre al lado del padre…Este movimiento en principio la hija, lo hace basada en un sentimiento de amor, para intentar lograr un equilibrio en la pareja de padres y de ese modo que la pareja no se rompa.

De la misma manera si el que no está disponible es el padre, el niño se queda al lado de la mama, como cuidador.

Y la manera de permanecer profundamente e inconscientemente al lado de la madre es no concretar ninguna pareja o que sea extremadamente mujeriego.

• Hijos de papá/hijas de mamá…en estos casos los padres/madres han dado todo a los hijos/as, estos lo han recibido sin tener que hacer ningún esfuerzo, cuando llegan a relacionarse y a buscar parejas, buscan personas que les «cuiden» igual, dándoselo todo, buscan de alguna manera un papá o una mamá en su pareja.

Estos, en principio, serían algunos de los movimientos inconscientes que nosotros generamos en nuestras familias de origen (donde nacemos) y que trasladamos a nuestras relaciones de pareja, «cargando» de alguna manera a nuestras compañeros/as.

De aquí os invito a que cada uno empiece a mirar sus movimientos y a sanarlos y solucionarlos sin esperar que sea el otro el que tenga que hacerlo por nosotros.

De esta manera el camino en pareja se convertirá en un camino de avance, de crecimiento y aprendizaje entre dos personas, las cuales vienen de dos sistemas distintos entre los que pueden existir diferencias importantes. Dichas diferencias las podemos enfocar como problemas y que nos lleven a una separación entre la pareja o tomarlas como un paso de evolución y consciencia para la pareja.

Desde aquí, entendemos que la pareja no vendrá a satisfacer nuestras necesidades, somos nosotros mismos los que lo tenemos que hacer y si la pareja nos satisface nuestras necesidades tendremos que verlo como un regalo el cual tenemos que agradecer.

El enfoque sistémico es complementario con otras herramientas terapéuticas y recibe el impulso de la sanación de todos los miembros del sistema.

El primer objetivo es tratar de solucionar los problemas y aumentar la satisfacción de ambos miembros…siempre mirando el conjunto, el sistema, que es lo que diferencia a esta metodología de otras que miran de forma individual.

Siempre con lo que hay podemos mirar para construir algo nuevo y no a la contra de destruir, aceptando que toda relación sentimental es una magnífica oportunidad de evolución y crecimiento.

Ángel de Lope Alemán
Director de «Desarrollo SISTÉMICO Humano»
Didacta y Titular de la AEBH
Autor del libro: «La Visión Sistémica en las Relaciones Humanas»
www.dshumano.com