Investiga, medita, ama. ¿La mejor terapia?

¿Hay alguna Universidad para aprender a madurar emocionalmente?

¿Se ha descubierto ya una pastilla para no sufrir, y de paso, que haga florecer al alma?

-«Pues sí, mira… en realidad mi problema es que me siento muy dependiente en las relaciones emocionales… quiero decir que tengo muchos miedos a quedarme sola… ups… pues ya que preguntas te diré que tengo con mi madre un problema, no me he sentido querido, ella prefería al pequeño de la casa… nunca me he sentido atractiva, en el fondo espanto a los hombres, antes que verme rechazada… no encuentro trabajo, me siento inseguro, me comparo fácilmente con las demás personas…

reconozco que soy muy complaciente, me cuesta decir que no y trago demasiadas cosas… no soporto a Paco es insoportablemente arrogante, en el fondo me joden los triunfadores, me recuerdan el fracaso de mi existencia… mi padre quería que fuese chico, nunca soporté su autoritarismo, y mira por donde, ahora soy lesbiana…

-Ya veo. Y ¿qué hacer con eso que me cuentas?

-Estuve dos años con una psicóloga, reconozco que me ayudó mucho en la etapa más difícil, pero ya ves como están ahora las cosas… he hecho cursos de todo tipo, y he leído todo, desde el Poder del Ahora, hasta un curso sobre el eneagrama; en realidad he aprendido que soy un 8, aún así estoy agotada… me recomendaron un psiquiatra muy bueno y desde hace tiempo que tomo antidepresivos, pero las pastillas ya no me hacen nada… sí, ya sé de dónde viene, tras un año con un psicólogo muy rodado, averigüé que esto era cosa de mi infancia, aprendí a perdonar a mi padre, pero, ya ves, las cosas de nuevo están insoportablemente tensas…

-Hummm… te comprendo.

-Sí, pero ¿qué hago ahora con mi vida?… ¿es que no va a servir de nada todo lo hecho hasta ahora?… me siento humillado, nunca pensé que llegarían hasta aquí las cosas… el problema es que sé todo acerca de lo que me pasa, sé de donde viene, conozco las causas y sus orígenes, he hecho tests, regresiones, terapia cognitiva, humanista y sistémica, he estado con curanderos, chamanes y gentes con poderes para limpiar mi aura… he visitado Lourdes, Stonhenge y los Himalayas, soy maestro de Ra Ki, tengo el Practicioner en PNL y soy diplomado en la Excelencia, voy a conferencias, congresos y tertulias para desarrollar mi particular ensalada… sin embargo, mi vida sigue vacía, no logro encontrar paz, me estoy cargando la pareja, y además no siento nada cuando paso por la naturaleza ni siquiera cuando miro las estrellas…

-¿Qué esperas de esta visita?

He oído hablar de la terapia transpersonal… me han dicho que eres una buena terapeuta… me recomendó una amiga que te llamase, en realidad busco salir de este agujero en el que me encuentro sola… llevo demasiadas terapias encima, dice que lo transpersonal es lo último. No se… dame claves, aunque sea una palabra…

-¿Una palabra? Te daré tres. Bien… ¿Y si te digo: comprensión, aceptación y autenticidad?

-Hummm… ¿Y qué hay dentro de esas palabras que tan bien suenan?

-Cuando la comprensión sucede, todas las piezas encajan. Comprender no es entender, ya que éste opera tan solo en la mente conceptual. La comprensión es como un relámpago súbito de ampliación y globalidad manifiesta, es la base del cambio, y cada día se puede hacer algo por encontrarla. La comprensión es ver desde el corazón, algo que sucede tan solo a partir del adentramiento del alma. Más tarde, las cosas no serán igual aunque parezca que se repitan. Conviene estar dispuestos a rendirse a la idealización de los egos y soltar exigencias. Hagamos espacios de silencio e investiguemos en el ser, desde lo más hondo de la consciencia.

La aceptación es un acto sublime por que el que uno se da cuenta de que a otro nivel, todo acontece perfecto, incluidas nuestras ganas de que las cosas sean de otra forma. Aceptar en nada se parece a la resignación de la abuela. La aceptación brota desde el silencio y nace de la visión ampliada de las leyes que gravitan detrás de los acontecimientos y sus causas. Cada toma de consciencia sobre lo que en realidad nos pasa, conlleva abrazar el dolor y aprender a no sufrir por el mal uso de una mente anticipativa, victimista y adicta a la queja. Aceptemos nuestra vida y la partida que nos toca jugar en ella. Abracemos activamente lo que sucede y dejémonos encontrar por la paz que somos, manteniéndonos atentos y en total presencia.

La autenticidad es la base de una vida plena. La autenticidad es un antídoto para el miedo, así como el canal por donde el amor asoma. Decir la verdad y ponerse un día rojo, es mejor que arrastrar cien días en naranja. La autenticidad es el camino para florecer y hacer madurar al ego que nos aprisiona. Para vivir en ella, soltemos expectativas y escuchemos la voz de nuestra alma. La autenticidad nos pide vivir al día, sin aplazar asuntos pendientes, al tiempo que contemplamos el cielo estrellado que brilla en la noche de nuestras moradas internas.

-Vaya… Interesante… ¿Qué puedo hacer para asimilar lo expuesto y comprender más allá de la maquinaria psicológica?

-Investiga, medita y ama.

TERAPIA TRANSPERSONAL: LA ESCUCHA DESDE EL ALMA

Lo transcrito anteriormente, es un ejemplo de las muchas consultas que recibo cada día. En verdad, ello puede hacernos tomar consciencia de cuánta necesidad tenemos de alguien que nos preste atención cuando algo nos turba y acongoja. Y sin embargo, qué difícil es encontrar quien ofrezca de manera sabia tan generoso oficio del alma. En realidad, bien sabemos que escuchar no es precisamente oír, ni tan siquiera el permanecer callados, a menudo fingiendo interés, mientras asentimos y miramos a quien nos habla.

¿Por qué nos sentimos tan aliviados cuando abrimos a una persona los entresijos de nuestra pena, y sin embargo, no sentimos el mismo alivio cuando somos escuchados por otra?

En este sentido observo que cuando uno mismo es entrevistado en un medio de comunicación por una persona con un trabajo profundo a sus espaldas, la inspiración de mis respuestas brota fluida, fácil y enterada, como por arte de magia. Son momentos en que lo pequeño se hace grande, y lo cotidiano se encarna en palabras sabias. ¿Cabe mayor gratitud? Sin embargo cuando uno es entrevistado por quien trabaja tan solo por dinero, sin vocación ni asomo alguno de alma, sucede que aunque la mente que responde es la misma, la energía en juego aparece como mediocre y limitada.

En realidad para escuchar con el alma, precisamos primero poner en silencio nuestra mente, al tiempo que suspendemos prejuicios y comparaciones, a menudo ruidosas. El hecho de escuchar supone un acto de amor como el que regala el Sol que ilumina la tierra sin pedir nada. Un acto de contemplación por el que nuestra atención queda enfocada en los procesos del llamado «otro», procesos que a menudo parecen estar buscando desahogo y comprensión ampliadora. Sin duda, una acción que precisa de un alma generosa, un alma en acto de servicio que moviliza el interés genuino de acompañar a aquellos que en el camino nos convocan.

Cualquier escucha realizada por interés personal, aunque sea por el interés de aprender, investigar o compartir, será buena, pero de menor carga sanadora. Dice un antiguo proverbio de sabiduría que: «aunque el médico venda las heridas, es Dios quien realmente las cura». Sabemos que nadie realmente cura a nadie de sus presiones y penas, a menos que su ego se haga invisible, y deje en manos de un rango Mayor lo que fluirá en la escucha silenciosa. Un estado desde el que pueden brotar palabras justas, palabras limpias y desnudas que pasan al exterior sin añadidos de la propia persona.

El papel del acompañante es servir a quien sutilmente lo demanda, una acción que si no se hace desde el alma, tiene el mismo y elevado valor que el de una honrada prostituta a tanto la hora. Ambos oficios son meritorios y alivian. Sin embargo, cuando se ofrece al otro ese silencio profundo, ese silencio consciente y cargado de presencia, a menudo sucede algo que no tiene precio. Sucede que la comprensión brota, y de pronto, amanece, todo vuelve tener sentido y… resulta que no pasa nada, que en realidad nunca pasa nada…

¿Acaso crees que por ser más rico, más reconocido o de mayor edad, puedes parlotear de ti mismo, suponiendo que en la vida de quien te escucha nada interesante pasa. En realidad es quien pregunta el que pone mérito en la mesa. Es quien abre su corazón y se interesa por el otro, quien realmente ofrece las exquisiteces y tesoros que el alma guarda.

Mejor no olvidar que la calidad de la escucha es precisamente la que convoca la comprensión sanadora, comprensión que libera a un ser humano que, a veces sin saberlo, es lo que permanentemente anhela. Una calidad que se ejercita cuando somos capaces de escuchar los propios pensamientos, al tiempo que nos abrimos a la guía profunda del alma.

Aquel psicoanalista atormentado que escuchaba tomando notas en frialdad emocional bien calculada, ha dado paso a un terapeuta que ejerce y permanece como amigo del alma. Ya no es la mente pensante desde donde sucede la terapia avanzada, sino más bien desde la inspiración silenciosa, inspiración que crea complicidades con personas tan dispares como aquel camarero, la chica que nos gusta o con quien nos cruzamos la mirada. En realidad, puede habitar en toda relación humana.

Si tras pasear por estas líneas, deseas ejercitar la escucha del alma, ábrete al silencio mientras regalas espacio a otras personas. Puede que al principio, tu ego se rebele movilizándote a cortar y cambiar de onda. Tu ego se empeñará en querer escuchar cosas más interesantes que las que circulan en las superficies tontas. Sin embargo, si permaneces en la presencia y respiras consciente mientras los demás se expresan, pasarán cosas insospechadas, sucederá que de pronto tu silencio habrá inundado el ambiente de hondura luminosa y mágica presencia.

¿Cabe mayor juego de magia?

José María Doria

Director de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y de la Fundación para la Educación y el desarrollo Transpersonal.

www.escuelatranspersonal.com