“Cuanta mayor es la fe de una persona, más duramente deberá
trabajar, y ese trabajo deberá hacerlo por la humanidad”

Carl Jung

La salud para el ser humano es una preocupación constante en su vida, porque siente que su bienestar depende de ella. Esta amenaza subyace en todos los demás problemas.

La enfermedad es lo opuesto a la salud; dos palabras a las que damos mucha importancia cuando la realidad es que el cuerpo nunca está enfermo ni sano, sólo manifiesta la armonía o desarmonía de nuestras experiencias en este plano material.

Los síntomas son aquello a lo que llamamos enfermedades. Normalmente lo que sucede con los síntomas es que perturban nuestra vida y nos hacen interrumpir la rutina diaria, lo que nos causa molestias y preocupaciones.

Con una visión positiva del momento, podemos decir que estos desequilibrios nos están dando la oportunidad de replantear nuestra vida, alcanzando un orden superior de consciencia.

Se dice que si el hombre conociese el significado de la enfermedad vería ridículo su empeño en combatirla, al igual que el intentar eludir la muerte, pues en esa lucha contra la enfermedad nuestro poder es muy limitado.

Cuando descubrimos la diferencia entre los síntomas y la enfermedad, ya no consideramos a éstos como un enemigo; más bien nos ayudan a entenderla y poder sobrellevarla, porque nos avisan qué es lo que nos falta. Es el lenguaje del cuerpo lo que tenemos que aprender para poder transmutarla.

En nuestro inconsciente sabemos de la levedad de nuestra existencia por la condición de ser mortales. Ese miedo nos hace interpretar los problemas que nos da nuestro cuerpo de acuerdo a las diferentes creencias que tengamos. Los occidentales tenemos una idea de la enfermedad muy diferente a otras culturas.

Para nosotros, ya en la Biblia se nos presentó como “la enfermedad espiritual”

¿Por qué querréis ser castigados aún?
¿Todavía os rebelaréis?
Toda cabeza está enferma,
y todo corazón doliente.
Desde la planta del pie hasta la cabeza
no hay en él cosa sana, sino herida,
hinchazón y podrida llaga;
no están curadas, ni vendadas,
ni suavizadas con aceite….”
Isaías 1:5-6

En contraste con otras culturas, se nos hace culpables. Parece que merecemos un castigo y encarnamos las dolencias de nuestras creencias.
Hoy, ya se sabe por la física cuántica, que nuestra consciencia esculpe nuestra realidad y que las experiencias son configuradas por nuestros pensamientos, es decir, nuestras mentes crean lo que es real y esas experiencias también crean pensamientos que influyen en nuestras vidas, un círculo recíproco que se retroalimenta continuamente.

En los libros de medicina alopática se calcula que existen más de 30.000 enfermedades. De un gran número, la medicina no tiene una solución para poderlas curar. Es cierto que el hombre con su ciencia a veces ayuda, pero quien cura es la propia naturaleza. Tenemos una magnífica farmacia en nuestro sistema mente-cuerpo, que es capaz de obtener lo necesario de nuestro interior para frenar cualquier enfermedad cuando estamos en equilibrio.

En realidad, si en algo hace justicia esta amenaza, es en la imposibilidad de garantizar el bienestar de nuestras vidas con arreglo al dinero que tengamos, de manera que, desde el más humilde al más privilegiado, estamos todos expuestos al sufrimiento, porque la enfermedad es incontrolable por la ciencia y todos estamos en manos de la providencia.

(1763-1828) La vida toda no es más que interrogaciones hechas de forma
que llevan en sí el germen de las respuestas, y respuestas
cargadas de interrogaciones. El que vea en ella algo más es un loco

Gustav Meyrinck, El Golem

¿Qué sucede en otras culturas? Depende de sus creencias. Para los indios de Norteamérica, que vivían en armonía con la Naturaleza, la Tierra era su madre y había que cuidarla con amor y delicadeza: el agua de sus ríos, los campos, animales, las montañas. Si la Naturaleza estaba sana, ellos podrían respirar el aire y beber en sus lagos, comer animales, vegetales y permanecer sanos; así de simple fueron sus pensamientos y se configuraba su realidad. Cuando llegó el hombre blanco alteró su hábitat: cortaron árboles centenarios que conservaban el equilibrio, ensuciaron los ríos, exterminaron muchos animales y con él llegaron las enfermedades.

Los indios creían que si la Naturaleza estaba sufriendo enfermaría la Tierra; así comenzó su enfermedad espiritual y física. Viviendo la realidad en la que creían, fueron enfermando al igual que le sucedió a la Naturaleza.

Parece que la enfermedad es un desequilibrio en nuestras vidas, que está relacionado con nuestro vínculo a la Naturaleza que nos completa, y cuando nos desconectamos de lo natural, nuestro organismo refleja el caos por ir en contra de los designios de la vida. Este paralelismo entre Naturaleza y Salud es el sagrado patrón que hay que seguir para vivir felices en este planeta,

Un mundo que sufre
Bajo un manto de flores

Kobayashi Issa 1763-1828

Hay que cuidar la salud de nuestro planeta Tierra, como hacían los indios de Norteamérica. Según el prestigioso biólogo y antropólogo Gregorio Batenson, en la Naturaleza existe un complejo sistema ordenado de modo tal que unos contienen a otros, donde todos desarrollan dependencias y juegan un papel de retroalimentación como objetivo último de la supervivencia, de la conservación, lograda a través de los equilibrios u homeostasis.

Un organismo que destruye su ambiente
se destruye a sí mismo.

Gregorio Batenson

Cuando tomemos conciencia de nuestro papel como seres humanos, ese día empezará a bajar el número de enfermedades y empezará a cambiar el ciclo de creación originado por nuestras mentes.

La alimentación no es todo (“ya lo sabemos”), pero el que no se cuida no está en correlación con su salud, y ésta, con la Naturaleza. Todo es mental, pero hay que vivirlo para que “la experiencia pueda crear nuestra realidad”. No es sólo saberlo, es “vivirlo”. De esa forma, nuestros órganos nos serán más “fieles” y sentiremos muchas más emociones positivas, que revertirán este proceso en el que estamos sumergidos.

Con la alimentación podemos ayudar, en un porcentaje importante, a disolver de nuestro campo emocional lo más negativo como: rabia, agresividad, irritabilidad, miedos, preocupaciones, etc.. porque son emociones que se originan en nuestro hígado, estómago y bazo. La alimentación muchas veces es la gota que las activa, debido a que los órganos son los que tienen que lidiar con todos los intrusos y venenos que invaden nuestro organismo; su misión de filtrado y asimilación, les enfrenta con el invasor en las primeras batallas.

Hay que entender esta situación para poder ayudar a encontrar la armonía en un medio lo más natural, porque el poder radica en nuestro interior, en nuestras mentes. La curación no viene de fuera; llega desde nuestra alma con la expansión de nuestra conciencia. Cuando nos completamos con el aprendizaje incorporando aquello que nos falta, entonces desaparecen todas las enfermedades, pues en realidad éstas son sólo lecciones que tenemos que aprender en la vida provocando desequilibrios que tenemos que enfrentar para que se conviertan en un proceso purificador. A veces, el único propósito de la enfermedad es colocarnos en una situación en la que podamos conseguir un cambio de actitud mental o emocional, para que el alma pueda crecer y nos amemos más a nosotros y con ello al Planeta.

Buscando el bien de nuestros semejantes,
encontramos el nuestro
Frase Zen

Miguel Priego
Consultor de Macrobiótica en La Biotika.
MCT. Diagnóstico por los 5 elementos
www.labiotika.es