En pos de la Iluminación

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La Sabiduría Oriental, desde antaño, ha insistido en la posibilidad del ser humano para desarrollarse, evolucionar y liberarse de las cadenas de la mente. No se ha perdido en meras abstracciones o especulaciones, y se parte de un hecho innegable: el sufrimiento universal, por un lado, y que la persona no ha evolucionado lo suficiente para liberarse de su ignorancia básica y superar sus tendencias latentes insanas.

Aunque el sufrimiento es un hecho innegable, hay mucho sufrimiento inútil que genera la mente y que puede superarse, del mismo modo que, dependiendo de la actitud, incluso el sufrimiento inevitable se puede utilizar como un despertador de la consciencia.

La evolución consciente, que desemboca en la autorrealización, nos ayuda a superar una gran masa de sufrimiento, evitando que nos lo causemos a nosotros mismos o a las otras criaturas.

La Sabiduría Oriental ha insistido siempre en la necesidad de ir más allá de la personalidad y poder adentrarnos en nuestra esencia. Pero la ignorancia básica nos identifica de tal modo con lo aparente, que perdemos de vista lo real. Mediante el adecuado adiestramiento interior (donde el yoga juega un papel primordial, como método liberatorio), se purifica lo suficiente el discernimiento como para poder empezar a atisbar la persona-real como distinta de la persona-aparente. Es el viaje hacia el ser interno.

Podríamos decir, como reza el antiguo adagio, «vamos a ir aunque no lleguemos», pero con aproximarnos un poco, ya empezaremos a disponer de una luz de comprensión profunda que nunca hubiéramos sospechado. La vida tiene así otro sentido. Y, paradójicamente, buscamos lo que nunca hemos dejado de ser.

El término «iluminación» es tan difuso como confuso y la denominada Nueva Era lo utiliza a su capricho sin un entendimiento correcto del tema. Se disipa lo que estaba oscuro para que pueda surgir esa luz del ser que es nuestro Yo más puro y honesto.

Quizá sea más oportuno y menos tendente a interpretaciones distorsionantes, el término «autorrealización» o el utilizado por las distingas místicas de Oriente: liberación. ¿Liberación de qué? De la ofuscación, la avaricia, el odio, el miedo, el apego y el egocentrismo.

Mediante la iluminación, golpe de luz de transformativa conmoción interior que libera, la persona atraviesa su ego y su personalidad y tiene una experiencia que le conecta con el Universo y que se experimenta con un vivo y revelador sentimiento de unidad. Se producen cambios muy profundos en la psiquis de la persona y hay una mutación de la consciencia.

Se trata de una experiencia individual, sentida por uno mismo, pero que de ser verdadera y no un juego de la imaginación delirante, se manifiesta de tal modo en el carácter y forma de ser que los demás lo captan. El que definitivamente se ha establecido en esa presencia de Ser, más allá del caleidoscopio aturdidor del ego, es denominado en la India un «liberado-viviente» (jivanmukta), el que es de todos pero de nadie, que está en este mundo sin estar en él, que no pierde la conexión con la «corriente de energía despierta» y se inspira por una Realidad que pasa desapercibida para la mente egocéntrica y ofuscada.

La persona iluminada ve lo que hay que ver y tras esa experiencia nunca volverá a ser la misma. Ha girado su mente, ha cambiado su percepción-cognición, ha muerto a su vieja psicología para nacer a otra forma de ser, sentir y vivir. Está más allá del gusto y del disgusto, de lo que place y displace.

No teme la muerte, no teme la vida. Es ecuánime ante la ganancia y la pérdida; no se agita ante la victoria o la derrota; hace lo que haya que hacer hasta que sobrevenga la muerte de su cuerpo. Mientras, tiene un cuerpo está sometido a sus leyes y tiene que atender sus necesidades, pero ya no hay ansiedad, compulsión, lamentos por el pasado o expectativas inciertas por el futuro. Está. No se inquieta. Espera lo que ocurre. Es.

Pero no es superman. Es un ser humano, pero su mente ha penetrado en otro plano de consciencia. Puede tener diarrea o dolerle las muelas, pero no pierde la conexión gozosa con su ser. Está en su centro, que es el centro del universo.

Se convierte en portador de Sabiduría, pero nunca se envanece ni alardea ni se propone como un salvador de almas ni se extravía en el perverso juego del gurú de masas que se pavonea y retroalimenta su narcisismo sin fin. Está sin estar. Cuando los demás duermen, él vela. Su contribución al mundo es ser una consciencia-despierta. No hace jamás escaparate de su grado de evolución. Incluso puede presentarse intencionadamente como ignorante.

No hay apego a la máscara de la personalidad y ha destruido su autoimagen. Es libre, pero tiene profundos sentimientos y exquisita sensibilidad; su sabiduría conlleva la compasión infinita. Tiene una percepción penetrativa de la realidad última de lo constituido, pero no quiere decir que mientras está en un cuerpo y su mente encapsulada en un cerebro, no sienta lo que es grato y lo que es ingrato.

Una historia muy significativa, que recojo en mis libros de narraciones espirituales:

Un maestro insistía en lo ilusorio de todos los fenómenos. Un día murió su hijo y comenzó a llorar.

Los discípulos, insolentes, le echaron en cara que llorase. El mentor dijo: «¡Pero es que es tan doloroso perder un hijo ilusorio en un mundo ilusorio!.

Ramana Maharshi era puro entre los puros. Jung escribió sobre él: «Es el punto más blanco de una hoja en blanco». Pero sus ojos derramaron lágrimas cuando murió su vaca y yo mismo he estado varias veces visitando la tumba de tan querido animal. Lucidez y compasión no son nunca insensibilidad. Pero el sabio no acarrea con la mente, está establecido en su ser; no se identifica con su complejo cuerpo-mente, tiene otro tipo de visión que le permite permanecer bien instalado en la calma profunda y una confortadora aceptación consciente de lo inevitable.

Ha visto más allá de las apariencias. Lo que ha visto sólo el autorrealizado lo sabe. Nunca nada volverá a ser igual, como el que despierta y sale del sueño no se deja afectar ya por lo que estaba soñando. Ha conectado con otro tipo de inteligencia, sólo hay trazas del ego, y sin ego ¿quién hay para morir?. Se ha matado incluso la muerte.

Por eso un maestro que se había iluminado y estaba muriendo a sus discípulos, cuando éstos le suplicaron que no se fuera, dijo: «¿Cómo voy a ir, si nunca he venido?» Sólo un iluminado podría comprender a un iluminado. Muchos se dicen que los son, pero son muy pocos.

Hoy en día está de moda autoproclamarse iluminado y luego escribir uno o dos libros para pontificar. Uno se iluminó a los treinta años mientras caminaba por el bosque, otro a los veintiocho mientras estaba en un aeropuerto, otro casi instantáneamente al recibir un mantra de un maestro y así sucesivamente. Declaraciones malintencionadas o de mentes alienadas. ¡Cuentos de hadas del lado oscuro de la Nueva Era!. El desapego, la humildad profunda, la compasión, la serenidad inconmovible, son algunos rasgos del liberado-viviente. Sólo tras un larguísimo trabajo interior basado en una rigurosa disciplina, se puede empezar a ascender por la larga escalera hacia la consciencia despierta. Insisto, vamos a ir aunque no lleguemos, pero con sólo ascender un escalón, la vida tiene otro sentido.

Como me dijo Muktananda, todavía no se ha encontrado un medidor para reconocer a un liberado-viviente. Le pedí me hablara al respecto. Dijo:

«Él esta completo y no depende de ninguna otra cosa. Está libre de temor. Es el ser de todos, siempre sereno y liberado mientras vive en el cuerpo. Su comportamiento es sencillo e incorpora a si mismo las mejores cualidades. Es la personificación de la pureza.

Se ha elevado sobre los diferentes estados del cuerpo: nacimiento, muerte y vejez. No odia a nadie ni a nadie se apega. Es inegoista, con consciencia de igualdad y sereno. Sus oídos se han vuelto sordos tanto al insulto como a la alabanza. Siempre está contengo consigo mismo. Está libre de acciones y de preocupaciones. Su infernal ego y sentido del yo se han destruido. Su mente permanece desapegada tanto cuando realiza acciones como cuando no. Es sumamente independiente y libre de esclavitud».

Vamos a ir aunque no lleguemos. Vamos a aproximarnos tanto como podamos. ¡Merece la pena!.

Ramiro Calle

Centro de Yoga Shadak

 

 

 

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7,4 minutos de lecturaActualizado: 28/10/2013Publicado: 28/10/2013Categorías: RAMIRO CALLEEtiquetas: , , ,

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