El Círculo de los Arquetipos

El valor de las extensiones en Biodanza

Las Extensiones de Biodanza son disciplinas asociadas a la psicología de los arquetipos, a la creatividad y a técnicas de expansión de conciencia, que profundizan en algunos aspectos del sistema creado por Rolando Toro Araneda, conteniendo elementos específicos y muchas veces diferentes de una sesión regular en clases semanales.

Las escuelas de formación de Biodanza, sistema Rolando Toro, proponen varias extensiones en sus programas. Se trata de profundizaciones de postgrado para los facilitadoresn pero también a nivel vivencial. En este artículo abordamos dos: Biodanza, voz, música y percusión y el Círculo de los Arquetipos, que son una enorme fuente de poder personal.

El arquetipo es una tendencia natural, no aprendida, a percibir las situaciones de la vida de una determinada manera. Carece de forma en sí mismo, pero actúa como un “principio organizador” sobre las cosas que vemos o hacemos. Son un conjunto de energías primordiales que organizan el desenvolvimiento del ser y se traducen al ámbito psíquico como imágenes. Por circunstancias culturales, familiares y personales, todos presentamos algunos arquetipos activos, mientras otros permanecen dormidos. Los arquetipos están presentes en los cuentos, leyendas y mitos. Pertenecen a todas las culturas y pueblos porque atañen al inconsciente de toda la humanidad.

Despiertan, activan y ponen en marcha un proceso de transformación interna en donde nos es posible comprender mejor nuestros dones y capacidades, así como nuestras limitaciones. Conociendo nuestros arquetipos internos, impulsamos la expresión de lo mejor de nosotros mismos en nuestro camino hacia la realización personal. Es una enorme fuente de poder personal: son partes de nosotros mismos que podemos desarrollar para crecer y vivir de acuerdo a lo que somos realmente y a lo que queremos.

En Biodanza descubrimos las danzas de los arquetipos principales que habitan nuestro “Inconsciente Colectivo” y vemos también de qué manera pueden organizarse. Algunos ejemplos de los arquetipos que danzamos, de diferentes mitos, son:

Los dioses del panteón griego, entre ellos:
o Zeus, el líder poderoso,
o Poseidón, el mundo de las pasiones,
o Dionisos, el buscador del éxtasis,
o Marte, guerrero y amante,
o Apolo, la inteligencia y la poesía
o Hermes, el mensajero de los dioses,
o Afrodita, la belleza y la seducción;
o Demeter, la gran madre, Palas Atenea, la estrategia y la sabiduría.

• Prometeo, Atlas, el Ave Fénix

• Isis y Osiris, Orfeo y Eurídice, Eros y Psique

• Los arquetipos del ángel.

• Brahma, Shiva y Vishnu de la mitología hindú.

La danza y la música en Biodanza

En Biodanza se rescata el placer del movimiento. La satisfacción de sentirse y moverse en el espacio, como posibilidad de emoción, expansión y de crecimiento. Entrar en contacto, abrazar, fluir, respirar, andar, saltar, volar, crear, lanzarse para el mundo, comunicar, dar, amar, desear, conquistar, merecer y recibir… todos los movimiento que resultan de un “conocimiento infinito” de una emocionada y visceral confianza de estar vivo y pulsante.

Así es el movimiento del arte: una “fuerza vital” radical, una conexión intensa con la vida, que hace emerger una incontrolable necesidad expresiva, la necesidad de mostrar que la vida es vida, que nos hacen sentir nuevos y maravillosos parches, que pertenecen a las dimensiones y la complejidad de la vida.

El danzarín cuando se mueve, aunque que no tenga fines estéticos, expresa el placer y éste revela la sensación de plenitud que está experimentando, pues danza la emoción generadora de vida al dibujar con su cuerpo, formas de conexión real con la estética interior, mostrando un camino evolutivo de placer y armonía cósmica. El enlace total con la propia vida. Cuanto más se impregna el bailarín de emoción, o al vínculo con su propia esencia, más fácil para nosotros es ver la oportunidad de hacer conexiones con nosotros mismos. Cuanto más profunda es su conexión, mayor la posibilidad de alcanzar la belleza y grandeza de la vida, que nos estimula a entrar en contacto con nuestros grandes y maravillosos movimientos.

El movimiento artístico nos permite sentir “lo estupendo”. Elevarnos para lo transcendente, que nos permite ser y hace emerger en nosotros una profunda necesidad de expresión, dándonos la secreta sensación de que nosotros también somos magníficos. Si pasamos al movimiento de la música, en nada es diferente. Este es también un movimiento de vida, que nos trasmite la armonía rítmica del Universo, dándonos el impulso de danzar la vida.

Un pianista en sus primeros estudios por ejemplo, experimenta el “sentirse” en seguida o “moverse”, pasando su danza al teclado del piano, o transformar su danza en sonidos, todo va ganando sonoridad. De la misma forma, cuanto más conectado en sus emociones, más fluido en su movimiento, que despierta un impulso altamente atractivo en el sentido de invitar para el movimiento y la danza. El movimiento de la música integrada conduce a una danza integrada.

En Biodanza, las músicas son y deben ser verdaderamente obras de arte, o mejor, obras de vida, con un poder deflagrador inmediato, una invitación a la unidad orgánica, a la integridad y a la plenitud. En otras palabras: una invitación a estimular el vínculo con los movimientos vitales, un sumergirse en los horizontes de la vida, a través de la emoción de ser y la satisfacción de expresar.

La voz en Biodanza

El trabajo de integración y liberación de la voz en Biodanza es de importancia fundamental, es lo que Sergio Cruz llama “movimiento vocal” o “danza de la voz”. En la propuesta integrativa de Biodanza, la voz no puede ser aislada del movimiento integrado, de la danza, en que los segmentos pélvico, abdominal, diafragmático, pectoral, cervical y oral fluyen integrados y libres, extendiéndose por resonancia a los brazos, manos, piernas y pies. El comprometimiento con la emoción y con la expresión debe ser total.

La palabra en Biodanza debe de ser normalmente reducida al mínimo, por tener una fuerte connotación y estructuración racional-cortical. Pero cuando esta palabra es emocionada, se va transformando en una danza.

Muchas personas que trabajan con la voz diariamente consiguen expresar muy bien las propias ideas y objetivos con palabras, pero cuando se trata de hablar de las propias emociones que envuelven su vida, sus propias pasiones, esas mismas personas se bloquean y mal consiguen respirar, y la danza integrada queda totalmente imposibilitada. En el trabajo de voz en Biodanza, estimulamos esta danza, que ritmo, respiración, movimientos internos y expresiones externas surgen completamente integrados. A través de la voz como un sonido musical o como una danza sonora, o sea, a través del canto, conseguimos llegar a la “vivencia”, que es una vibración de cura, una pulsación que penetra y es envolvente y al mismo tiempo, disolvente.

Los chamanes utilizan cantos para ritmos des armónicos en movimientos rítmicos saludables y armónicos. Ellos respiran y cantan armonía, como la brisa que acaricia las flores de los árboles, o como el viento en las ondas del mar, o el mar en la arena de la playa, o como las aguas en cascadas sobre las rocas. Flujos orgánicos curativos que reactivan la danza de la vida y la música cósmica.

Los movimientos integrados son música, basta sentirlos, admirarlos, vivenciales. Todos nuestros abrazos son sonoros, todos nuestros encuentros con la vida son musicales. El canto y la voz en biodanza son movimientos vitales, pura emoción. Biodanza es movimiento, emoción, música, canto. Y la danza de la vida es ciertamente: el Arte de existir.

Material proporcionado por Sergio Cruz,
Director de la Escuela Biodanza SRT de Bolonga 
y Raúl Terrén y Verónica Toro,
directores de las Escuelas de Biodanza Rolando Toro de Buenos Aires

María Miret
Colaboradora de la Escuela Hispánica de Biodanza Sistema Rolando Toro
Dirigida por Maite Bernardelle
www.escuelahispanicabiodanza.org