Como la macrobiótica nace del Tao, o al menos esos son sus orígenes reconocidos históricamente, quisiera empezar este artículo con unos versos del «Tao te Ching».

«El hombre es blando y flexible al nacer,

pero cuando muere es rígido y firme,

Las plantas cuando brotan, son tiernas y delicadas, pero cuando mueren están secas y marchitas.

De ahí el proverbio:

«Lo rígido y firme pertenece a la muerte.

Lo blando y flexible pertenece a la vida».

Por eso el ejército demasiado rígido no puede triunfar y el árbol demasiado firme acaba por romperse.»

A continuación exponer unas cuantas cosas que a nivel personal me pregunto tras años de vivir conforme a esta filosofía:

¿es la macrobiótica una forma rígida de comer con una larga lista de alimentos prohibidos?

¿es una forma rígida de acercarse al arte culinario y al acto de comer que lo convierte en una triste penitencia de largos días de repeticiones de arroz y verduras insípidas? ¿ o puede ser sabrosa y divertida?

¿Podemos flexibilizar la dieta y la forma de vida macrobiótica para acercarla a nuestros días y que pueda ir integrándose en el mundo de hoy día?

La dieta macrobiótica tiene una primera etapa de limpieza y eliminación de toxinas, que puede ser más o menos drástica o más o menos suave dependiendo de cada persona y cada caso.

Pero después es importante que la alimentación a diario sea gustosa y variada ya que si no se convierte en una lucha y se pierde el sentido profundo del tao de disfrutar la vida con cosas sencillas.

Comer sin disfrutar en mi opinión es la mejor manera de enfermar.

La comida debe nutrir nuestros sentidos a todos los niveles, y debe ser un placer. Sería el equivalente a obligarse a tener relaciones sexuales, con alguien que no nos gusta y sin sentir nada, una castigo.

Mi idea de la macrobiótica no es esto, es tener mayor conciencia para elegir bien, pero sin perder sabores ni polaridades.

Es cierto que no hay que usar tanta sal o tanto azúcar, y que hay que pasarse al dulce natural, y a la sal mínima. Pero no hay por que convertir todos los platos en una sucesión de algo insípido.

Podemos jugar con un margen de polaridad en los sabores amplio, e ir adaptándolo a todos los paladares mientras recuperamos las papilas gustativas, acostumbradas a sabores fuertes y artificiales.

Por otro lado no es necesario utilizar un sin fin de especias, pues los sabores simples son mucho más zen, y aminoran nuestro ruido mental. Aclaran las ideas. He comprobado que una sola especia, bien usada resulta tan sorprendente o más que un largo etcétera de sabores mezclados. Algunas veces en la cocina vegetariana tratando de imitar los sabores de la tradicional, se mezclan tantas cosas que al final el plato no identificas a que sabe. Es como mezclar en la paleta todos los colores te queda un marrón apagado, sin información.

Cada hierba, planta tiene una información y sirve para algo concreto.

El tao se basa en la belleza de las cosas simples, pero no aburridas.

En mi opinión las enseñanzas de la macrobiótica no son solo culinarias, no se trata de que comer arroz integral sea mejor o peor para el organismo, es algo que va mucho más allá de la simple comida.

George Osawa y Michio Cushi fueron mucho más allá, pues está claro que considerar energéticamente el universo, trae consecuencias.

En primer lugar se consideran cinco energías dentro del ciclo de la vida, que tienen que ver con los órganos, corazón, estómago, hígado, riñones, pulmones, en el I ching, eran unas «instrucciones», para vivir la vida.

En todo lo que he aprendido he podido ver la relación entre las emociones y actitudes incluso, los pensamientos y decisiones que tomamos en la vida tienen mucho que ver con el estado energético de nuestros órganos.

Por ejemplo, un hígado bloqueado y tenso, nos hará impacientes, envidiosos, iracundos, estresados, y ahora en primavera al activarse, por las características energéticas de este órgano, será más patente nuestra incomodidad, y nos costará más controlarla.

En la cocina ayurvédica, también se contempla esto, y cómo por ejemplo el exceso de sabor dulce, nos lleva a la autocomplacencia y a la conformidad y nos estanca. De hecho en mis nueve años de experiencia con la alquimia culinaria de la alimentación consciente, como me gusta llamarla, he llegado a la conclusión de que en el equilibrio de los sabores está el secreto de la felicidad de nuestros órganos y de nuestras emociones.

He encontrado en esta sabiduría milenaria una forma de comprender la vida propia de gran conciencia, y después por extensión, puedes dar un poco de luz en la vida de los demás. De ahí que las consultas puedan ayudar, pues esta perspectiva de unir el físico, el mental, el emocional y mirar a la persona de forma holística, es una forma muy buena de detectar bloqueos, averiguar de donde vienen y después ayudar a removerlos. Cambiando la forma de comer de la persona, dando unas orientaciones.

Resulta fácil y enormemente transformador, utilizar la comida como alquimia poderosa, y ver como, cuando cuido mi hígado, estoy de mejor humor, y dejo de necesitar generar problemas que me ayuden a eliminar mi ira contenida.

No obstante creo que es importante, como consultores, no olvidarnos de que la comida transforma y es poderosa, pero cuando George Osawa y Michio Cushi hablan de que es la energía la que crea la materia, y la creación se produce de fuera a dentro, están diciendo que es mucho mayor el impacto energético de una emoción estancada en la vida o una situación sin resolver.

Nos perjudica tanto o más como lo que comemos, por eso, si bien hay que cambiar la forma de comer, pero después, hay que cambiar y sacar de la vida aquella «alimentación energética» no deseada, ya sean; malas relaciones, trabajos que no nos realizan, etc.

Es importante a la hora de evaluar como ayudar a una persona mirar toda su vida, y no solo lo que come.

Pues una pintora con problemas de tiroides, puede ser porque está respirando muchos químicos, gran parte del problema y no lo que ingiere por la boca,.

O una gimnasta que trabaja con el cuerpo físico y tiene un problema de acumulación en el útero, puede ser que lo que necesita es descansar cuando tiene la menstruación para eliminar bien el exceso de yang y no que esté comiendo demasiada carne o huevo.

Es decir no nos quedemos nuevamente en la pobre visión occidental materialista del arroz con gomasio, y vayamos a mirar a la persona, la comida, y la macrobiótica como algo, primero, vivo, actualizando las enseñanzas a los días que corren. No es la misma generación esta de ahora que la que se encontraba Geoge Osawa. Si nos volvemos rígidos nos acercamos a la muerte, seamos flexibles con estas enseñanzas.

Segundo, viendo de forma holística a la persona y no solo lo que come a nivel físico, hay otros alimentos más fuertes que son energéticos.

Solo así podemos salir del paradigma materialista y producir cambios profundos.

Y darle al Tao y a la macrobiótica , un sentido planetario duradero y no solo la triste idea de que es una simple dieta de ayuno para curar enfermedades.

Diana Isabel López Iriarte.

Consultora macrobiótica y profesora de «La Biotika»

www.labiotika.es