Una vez identificadas las posibles causas del fracaso escolar os proponemos una hoja de ruta. Desarrollar algunas actitudes y pautas básicas servirán para asentar buenos hábitos de estudio y promover un adecuado aprendizaje.

La motivación:

La motivación es un motor que influye en la actitud y la conducta. Los niños necesitan descubrir estímulos positivos dentro del contexto escolar. Podemos ayudarles pidiéndoles que escriban una lista con sus motivaciones:

  • Intrínsecas: son motivaciones internas relacionadas con darse cuenta de las consecuencias positivas de rendir en sus estudios. Por ejemplo sentirse orgulloso de sí mismo.
  • Extrínsecas: lo puede relacionar con conseguir algo especial como un regalo, reconocimiento o disfrutar de sus vacaciones.
  • Disfrutar de aprender: llevar su atención a los beneficios de aprender desde una visión creativa y positiva.

Fomentar su autoestima:

Los niños necesitan aprender a conocerse, respetarse y confiar en ellos. Responsabilizarse de sus tareas dependerá de cómo integren estos valores. Los primeros pasos los tenemos que dar nosotros. Su validación interna dependerá de nuestro reconocimiento y aprobación:

  • Confiar en sus capacidades. Poner atención en sus puntos fuertes y ayudarles a reconducir sus puntos débiles.
  • Hacerles partícipes de su aprendizaje. Ser co-creadores de su vida. Esto favorece su autoestima porque se siente más capaces de controlar su entorno.
  • Conocer sus necesidades: distribuir tiempo y descansos según su capacidad de concentración. No podemos forzar ni caer en la indulgencia. Encontrar el punto medio de cada uno favorecerá el rendimiento.
  • Trabajar en equipo con los profesores del colegio: asistir a las tutorías y mantener contacto con el colegio favorece el desarrollo personal y emocional del niño. Nos informan de conductas o dificultades que atajándolas a tiempo se pueden reconducir.

Hábitos de estudio:

  • Proporcionarles un lugar tranquilo con espacio suficiente para favorecer la concentración. Que elijan sus materiales o la distribución de su habitación facilita que interioricen una mayor responsabilidad. Crear un ambiente personalizado, donde sientan que pueden potenciar sus capacidades.
  • Evitar distracciones con móviles, tablets o televisión. Se puede acotar o negociar el tiempo de pantallas entre semana y ampliarlo los fines de semana.
  • Pautar una horas semanales de estudio, descanso y juego. Dependiendo del curso académico tendrán que ir adaptándose a las necesidades curriculares. Dedicar un tiempo a jugar con nuestros hijos, favorecerá un clima más relajado y propicio para asumir responsabilidades y cumplir con los compromisos.
  • Ofrecer apoyos extraescolares si son necesarios: pueden complementar si hay lagunas curriculares. Una ayuda a tiempo facilita la estabilidad a largo plazo.

El valor del esfuerzo:

Vivimos en la cultura de lo inmediato. Poner límites e incentivar su capacidad de esfuerzo para conseguir sus retos observando las consecuencias de sus actos es un antídoto contra la frustración:

  • A corto plazo: a medida que aprenden se van sintiendo más seguros. Aumenta su confianza y mejora su autoestima. Su cerebro fortalece su actividad neuronal.
  • A medio plazo: el aprendizaje crea una base estructural en el cerebro que favorecerá el desarrollo evolutivo, intelectual y madurativo.
  • A largo plazo: aprenden la conexión entre causas y consecuencias. Descubren que el esfuerzo favorece un aprendizaje progresivo y estable.

Los niños tienen que aprender a responsabilizarse de sus tareas. Nosotros, como padres, tenemos que acompañarles en sus etapas de crecimiento. Aprender a aprender forma parte de su evolución.

Sandra García Sánchez-Beato
Directora de Adhara Psicología

www.adharapsicologia.es