Como subrayamos en el anterior trabajo, el yoga no es yogaterapia, en absoluto, pero cuando determinadas técnicas psicosomáticas del  mismo  se encaminan hacia la presencia, la terapia o la recuperación, se ha venido hablando en Occidente de Yogaterapia o la aplicación terapéutica del yoga. Empero el yoga no fue ni mucho menos concebido como una yogaterapia, sino desde hace diez mil años como una senda para completar la evolución de la consciencia, como un método para conducir la mente a la supraconsciencia y para  a través de especiales estados de percepción (la percepción yóguica o supraconsciente) poder captar la Realidad que se esconde tras la realidad aparente.

Todas las técnicas del yoga, aún las más aparentemente somáticas, fueron concebidas y ensayadas para ensanchar la consciencia, purificar y esclarecer la mente, activar el entendimiento correcto y  superar esas trabas mentales que frustran la paz interior e impiden la visión penetrante y reveladora. Pero con el devenir de los tiempos, algunas técnicas psicosomáticas del yoga demostraron su eficiencia para la prevención de trastornos físicos y psicosomáticos, así como las técnicas mentales y de meditación para prevenir o ayudar a combatir desórdenes neuróticos, conflictos internos y síntomas como la ansiedad o la depresión. Pero el yoga es una disciplina infinitamente más amplia e importante que esa vertiente yogoterapeuta que algunos tratan de promover, muchas veces en detrimento de la verdadera Enseñanza y que desaprensiva y neciamente exponen como si se tratara de una panacea.

Nadie puede dudar, si lo ha practicado, de que el yoga es también un torrente de vitalidad y salud, aunque sus objetivos sean mucho más elevados y en sus orígenes el yoga se propusiera como una senda de autodesarrollo y elevación de la consciencia, con definidos métodos para poder liberar la mente de la ignorancia básicas, superar el egocentrismo y conquistar la naturaleza real que subyace en la persona.

En mis primeros recorridos por la India me dediqué a acceder a hospitales de investigación del yoga y a entrevistar a muchos de sus investigadores, unos médicos y otros biólogos. Esas referencias aparecen con detalle en mis obras «Yoga, una medicina natural» y «Principios de Yogaterapia». Pero además, desde que fundara el centro de yoga Shadak en 1971 en compañía de la profesora de yoga Almudena Hauríe Mena, han pasado por el mismo infinidad de médicos, y quiero reseñar, aunque sea parcialmente, las opiniones de algunos de ellos y de otros con los que estuve en estrecho contacto al respecto.

El doctor Antonio Castillo Ojugas, reumatólogo y que desempeñó el cargo de Jefe de Servicio de Reumatología en el 1º de Octubre de Madrid, escribe a propósito de personas en las que predomine la contractura con un gran fondo emocional:

«Son entonces recomendables las técnicas que se basan en la introspección y en la relajación muscular, a la vez que permitan una buena oxigenación de los tejidos y faciliten la movilización y flexibilización articular. Con ello creemos claramente que hemos de señalar que las técnicas del hatha-yoga cumplen con todos estos requisitos, y además son capaces de aumentar la potencia muscular, con lo que su acción es mucho más amplia que la conseguida con otros métodos. Todas estas técnicas van a mejorar el metabolismo general, alterado en los enfermos poliartrósicos y más en los diagnosticados de hiperostosis cerebral, casi todos, además de una vida sedentaria. Las técnicas respiratorias del pranayama van a facilitar la oxigenación correcta de los tejidos musculares, a la vez que aumentan la capacidad vital respiratoria y permitirán la mejor utilización de la musculatura.

«Es conveniente que el hombre de nuestra civilización sepa que existen una serie de métodos y técnicas ancestrales que pueden mejorarle su estado y condición física y mental sin que necesariamente haya que esperar a estar enfermo, sino que deben emplearse como prevención de la involución fisiológica».

El psiquiatra doctor Alberto Lohmann escribe:

«Podemos afirmar que los resultados conseguidos con el hatha-yoga en las dolencias psicosomáticas son notables. Desde la primeras semanas de práctica, el paciente experimenta una nueva sensación de bienestar, de recuperación orgánica, psíquica y mental, y una disminución de los trastornos físicos de la enfermedad. Además de todo ello, el hatha-yoga es provechoso en el tratamiento de muchos otros trastornos o afecciones de carácter orgánico, en los cuales puede ser aplicado solo o asociado a los medios terapéuticos habituales de la medicina tradicional».

El doctor Enrique de los Ríos Fernández Zarzosa, que dirigió un Centro de Control de la Salud, aseveró:

«Francamente es muy consolador para la Humanidad que tengamos a nuestro alcance un arma terapéutica tan efectiva, como lo está demostrando, para la lucha contra el estrés, la neurosis de ansiedad, la distonía vegetativa, etcétera; que de no haberla iríamos abocados a una sociedad pesimista y en casos desesperada por el turbulento ritmo de vida que se lleva. Un profundo conocimiento de nuestro Yo, un perfecto dominio de nuestros aparatos y sistemas, una coordinación de ambos que se conjuga por medio de los asanas, es uno de los más perfectos sistemas terapéuticos que podemos emplear y que de hecho se están empleando de cara a estos síndromes».

El doctor Francisco Madera, analista del 1º de Octubre, él mismo muchos años practicante de yoga y meditación, escribió:

«El yoga es como una guerra contra el cuerpo y es preciso seguir una estrategia. Psíquicamente no hay contraindicaciones. Todo son ventajas. No se perdería nada el tiempo tratando de aplicar las técnicas del yoga a trastornos psíquicos. La agitación, la angustia, la ansiedad se mitigan. La célebre terapia ocupacional tendría con ello la expresión más pura al hacer al enfermo ocuparse de sí mismo, tratando a la vez de poner en segundo plano los problemas que le afligen».

Los testimonio son innumerables. Tras haber entrevistado a numerosos investigadores al respecto en la India, coinciden en que la yogaterapia debe basarse en:

– Unas constructivas actitudes mentales.

– La ejecución disciplinada y asidua, muy precisa, de las distintas técnicas y métodos del verdadero  hatha-yoga y el radja-yoga.

– La observancia estricta de las cinco fuentes de energía básicas: alimentación pura, respiración correcta, descanso apropiado (incluyendo la relajación consciente), sueño reparador, pensamientos positivos.

– Ayunos parciales y vigilados de ser necesario.

– Evitación de las innecesarias preocupaciones y disgustos y del estrés.

Y desde luego jamás dejar de lado la medicina oficial, y considerar así las técnicas del yoga a tal fin como coadyuvantes y complementarias.

De nuevo insistimos: el yoga no es yogaterapia. Algunas técnicas del yoga se han aplicado para frenar o superar desórdenes físicos y mentales. Han demostrado ser de gran eficacia en muchos sentidos. Nadie puede arrogarse el papel de yogaterapeuta si no es médico.

Los que practicamos con asiduidad las técnicas sabemos hasta qué punto son beneficiosas. Yo mismo me serví muy a fondo de las mismas, como explico en mi obra En El Límite, tras mi gravísima enfermedad, y me fueron de excepcional ayuda en la recuperación. Mi mismo neurólogo, un fabuloso especialista y bella persona, el doctor Antonio Tallón, con el que he labrado, por fortuna, una inquebrantable amistad, conoció, como yo, el yoga a los quince años de edad (una de las innumerables sincronicidades entre nosotros) y comenta que el hatha-yoga es maravilloso. Claro que el verdadero hatha-yoga, el que pretende una coordinación equilibrada entre cuerpo, energías, mente y espíritu, y no esos «yogas» desnaturalizados que son un burdo y obsesivo culto al cuerpo y nada tienen en realidad de la auténtica esencia del yoga.

Ramiro Calle

Director del Centro Sadhak

www.ramirocalle.com