Terapeuta: dícese del monje anacoreta, de la secta de los esenios cuyo centro fue Alejandría. Poseen la capacidad de equilibrar cuerpo y mente a través de la educación de los sentidos.

Persona con habilidades obtenidas a través de la formación y experiencia que ofrece apoyo a alguien marcándose ambos ciertas metas.

Estas dos definiciones, aunque separadas en el tiempo por 2000 años, complementan perfectamente el significado de la palabra terapeuta.

La medicina tradicional actualmente acepta la idea de que al menos el 75 por ciento de las enfermedades son originadas debido a causas mentales o emocionales.

Esta afirmación tan rotunda ha sido verificada en repetidas ocasiones por los que hemos dedicado nuestras energías y conocimientos a estas técnicas de sanación alternativa, sabiendo en muchos casos que la pérdida de equilibrio energético tiene su origen en el campo de la consciencia.

Personalmente creo que la palabra terapeuta tiene mucho que ver con las enseñanzas que dejaron los esenios y otros pueblos orientales que se consideraron acompañantes del alma humana. Para explicar de forma adecuada lo que en realidad significa esto no se me ocurre mejor ejemplo que una antigua enseñanza oriental que dice así:

«Aquel que está condenado a vagar internamente y mas allá de una oscura TIERRA donde no existen caminos y no hay tampoco señales que puedan servirle, no se le debe impedir su viaje, si puede cruzar esa tierra sin caminos, encontrará la paz, la respuesta y la sanación, mientras podamos, debemos viajar con él y ofrecerle ayuda a lo largo de su camino.

Ese es nuestro deber con todos aquellos que están marcados como él, frecuentemente el que viaja por tierras sin caminos, termina por hallar aquello que busca y a veces es algo de gran valor para el que comparte su viaje.

¿Podemos ni tan siquiera arriesgarnos a perder ese beneficio?»

Efectivamente el terapeuta es un testigo ocasional de episodios llenos de amor y vida, una existencia dedicada a observar y compartir procesos que actúan como impulsores del crecimiento humano, el testigo, terapeuta ocasional, adquiere posiciones privilegiadas que hacen de sus experiencias grandes elecciones aplicables en su vida y en las de otros que posteriormente le puedan llegar para enriquecer su actividad y su compromiso.

Creo firmemente que el cuerpo es tan solo el vehículo donde se manifiestan desequilibrios mentales y emocionales, a éstos se les conoce con el nombre de «síntomas», estas manifestaciones o conflictos psíquicos, cuando no son atendidos convenientemente o los obviamos, se convierten en lo que denominamos «patologías».

La enfermedad por tanto es un estado indicativo de que un individuo ha dejado de estar en armonía con su centro de equilibrio. La consciencia ha reparado en que, para estar sanos, el cuerpo carece de algo y se manifiesta en forma de síntoma.

Por otra parte la ciencia vanguardista está trazando las líneas que definen al ser humano sospechando que éste no se encuentra anclado en una biogenética heredada, las tesis que definen la «nueva biología», apoyan la creencia de la auto-reprogramación. Esta hipótesis será verificada en un futuro, esperemos que cercano, y el cambio será tan profundo y paradigmático como cuando la realidad de una tierra redonda irrumpió asombrosamente en el marco de una civilización plana.

Se está constatando paulatinamente la necesidad de dejar a un lado las creencias arcaicas que inculcaron las instituciones científicas y los medios de comunicación para considerar la emocionante visión que ofrecen muchas de las técnicas vanguardistas basadas en las terapias donde la energía desarrolla papeles fundamentales en las capacidades que poseemos todos de auto-tratamiento.

La física cuántica ha traído nuevas perspectivas y enfoques distintos en la percepción de nuestros sentidos, ahora comenzamos a comprender que todo el Universo es vibración y nosotros formamos parte de él, por lo tanto básicamente somos energía.

Algunos estamentos e instituciones supranacionales crearon una rama de «medicinas alternativas» pero no fue más que una muestra simbólica para callar a las mentes inconformistas. No hay fondos para una investigación más profunda que trate la medicina basada en la energía. Sin el apoyo de la investigación, las distintas modalidades médicas tachan a las terapias energéticas de poco rigurosas etiquetándolas oficialmente de «carentes de fundamento».

Gracias a la física cuántica sabemos que las frecuencias de vibración pueden alterar las propiedades físicas y químicas del átomo, por tanto ¿No estaremos equivocándonos al suministrar a nuestro organismo la ingesta masiva y desproporcionada de productos químicos? ¿No sería más eficaz, aunque menos rentable para algunos, invertir en una medicina del bienestar, en vez de en una medicina donde los efectos secundarios son los verdaderos protagonistas de nuestra decadente calidad de vida en nuestra supuesta sociedad desarrollada?

El caso es que todos los estamentos científicos y no científicos saben que todos los organismos vivos se comunican e interpretan en el entorno en el que viven mediante la evaluación de campos energéticos. Resulta curioso que en una sociedad tecnológicamente tan avanzada no se puede explicar cómo los aborígenes australianos puedan percibir agua, sin ayuda de instrumentos, enterrada bajo la arena a cientos de metros de la superficie o los chamanes amazónicos puedan comunicarse con la energía de sus plantas medicinales. ¿Será que en este mundo desarrollado en el que vivimos estamos padeciendo una atrofia de los sentidos motivada por su falta de uso?

Hoy nadie parece discutir que somos lo que pensamos y los pensamientos, la energía de la mente, influyen de manera directa en el control que el cerebro físico ejerce sobre la fisiología corporal. La energía del pensamiento puede activar o inhibir la producción de proteínas en la célula mediante interferencias constructivas o destructivas. Esa es la razón por la que el primer paso para cambiar un proceso existencial sea por el contacto o a través de este tipo de terapias energéticas de vibración. Un ejemplo del poder mental sobre la fisiología corporal que desafía a la ciencia es el hecho de caminar sobre ascuas y no sufrir quemaduras importantes en los pies.

Los terapeutas que dedican su vida a las terapias de sanación, basadas en la energía sabemos que los cambios que regulan la vida son activados y desactivados por las señales que preceden del entorno, el Universo.

Pero la capacidad que posee la mente consciente de obviar la programación del subconsciente es la base que rige el principio del libre albedrío y así las rutas neurales que establecen los estímulos y las respuestas a nuestras conductas aseguran patrones repetitivos. A estas rutas estructuradas se las conoce con el nombre de «hábitos» provocando estados mentales que pueden producir bloqueos, convirtiéndose posteriormente en enfermedades.

Solo podemos llegar a comprender la inteligencia humana cuando admitamos la existencia del espíritu, la «energía» o lo que los físicos denominan la «mente superconsciente», esa es la base de la eficacia de las terapias y métodos psicológicos de sanación basadas en la energía.

Ahora puede tomar sentido aquella famosa frase de Albert Einstein que proclamó en una conferencia sobre materia y anti materia:

«La emoción más hermosa es la sensación de lo místico. Es el legado de toda ciencia verdadera».

Yo me apunto al legado que dejaron los maestros espirituales que aparecieron a lo largo de la historia cuando aseguraron que somos espíritus en un cuerpo material, considero que todos somos prismas atravesados por un rayo de luz.

Fernando Calvo López

Maestro de Registros Akáshicos

Centro Reiki es Luz www.reikiesluz.com