Ni siquiera tenemos que ser una copia de Jesús, ni de Lao Tsé, ni de Buda o Pitágoras. Para hallar nuestra libertad interior y nuestra independencia mental, tenemos que dejar de imitar a los otros, aunque sean los más grandes maestros espirituales, y ser nosotros mismos, y de nosotros mismos sacar lo mejor de nuestro ser, humanizarnos y seguir por la senda de la autorrealización. Los maestros zen, para que superemos esquemas condicionantes, llegan a decir: “Si encuentras al Buda en tu camino, mátalo”.

Pero por minoría de edad emocional, muchas personas se adictan al gurú y así dejan de ser ellas mismas para convertirse en un pálido reflejo del mismo. El culto al gurú, tan propiciado en la India y rayano a veces en lo superticioso e incluso paranoide, se ha trasladado a ciertos ámbitos de la cultura occidental, siendo acogido por aquellos que siguen necesitando “padres” autoritarios y que les digan cómo organizar sus vidas o qué deben o no deben hacer. Pero una gran mayoría de gurús de masas son, y lo declaraba enfáticamente Ramakrishna, como prostitutas sumergidos en la codicia y el narcisismo.

He llegado a decir en algún medio: “Si quieres insultarme, llámame gurú”. Como me decía una y otra vez Babaji Sibananda de Benarés, el verdadero maestro no necesita fundar organizaciones ni ashrams y no pierde su tiempo haciendo proselitismo, pues es como la flor que no necesita perseguir a la abeja, sino que la abeja viene a ella. El auténtico maestro es el que le entrega a sus discípulos las enseñanzas para que encuentren su maestro interior, y evita en todo momento que le rindan pleitesía o generar dependencias emocionales y patológicas en sus discípulos.

Me entrevisté varias veces con el destacados orientalista italiano Pío Filippani Ronconi, a mi vuelta de mis viajes a la India, pasando por Roma. Le comenté que la proliferación de falsos gurús desde hace décadas es impresionante y qué opinaba de los mismos, pues representaban un atentado contra la verdadera espiritualidad y que no pocos de los gurús indios que llegaron a América desvirtuaron por completo el yoga en su afán de mercantilizarlo y rentabilizarlo. Me dijo:

“Los discípulos ciegos alimentan al adversario, que es un pseudogurú. Y opino que sería mejor que esos discípulos ciegos se fueran a ver a su párroco, pero resulta que rompen con sus tradiciones para nada. Han nacido libres y se vuelven esclavos. No hay caminos fáciles, no los hay, y solo los falsos gurús dicen lo contrario”.

Como recalco en mi relato espiritual “El Faquir, soy un aprendiz y el deber de todo aprendiz es seguir aprendiendo. Como un simple profesor de yoga que soy -que trato de dar a los demás lo que yo he recibido- mucho le agradezco a Juan Betancor y José Pazó que hayan presentado en su documental VIAJE A LOS ADENTROS al Ramiro desmitificado y que sigue buscando sin cesar en la larga marcha de la autorrealización. En mi dilatada labor profesional me han ofrecido franquiciar centros de yoga, regentar establecimientos de lujo, formar organizaciones “místicas” y demás, pero siempre he estado muy alejado de todo ello y me causan pavor los grupúsculos espirituales de mentalidad sectaria, las instituciones pseudomísitcas y las organizaciones “espirituales” que se dicen no lucrativas y no hacen otra cosa que lucrarse.

Ojalá llegue el día en que el buscador espiritual sepa que el gran maestro es el Dharma (la Enseñanza) y que ningún ser humano debería rendir obediencia ciega y abyecta a otro, por mucho que se presente como un gurú realizado o un avatar. Siempre es mejor la propia cárcel que entrar en una cárcel ajena y aún más oprimente. Por carencias emocionales muchos se aferran a la imagen del gurú, pero así los agujeros psíquicos no se sanean, siendo que se agrandan sin remedio.

Ramiro Calle
Centro Shadak

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