RELATOS ESPIRITUALES: El Ciego y el Tullido

Se habían alojado, por separado en un hospedería un ciego y un tullido y, de repente, se desató un violento incendio y todos los huéspedes comenzaron a huir  despavoridos, excepto dos de ellos: el ciego y el tullido, pues su minusvalía les impedía hacerlo.

Al sentir el calor sofocante, el ciego se dispuso a salir corriendo, pero se dirigía contra las llamas. Lo vió desde la distancia el tullido y le gritó:
 
   – ¡No, amigo, no! Te estás dirigiendo directamente hacia las llamas. Yo no puedo moverme, soy un impedido. Asociémonos. Corre hacia mí, para que yo sea tus ojos y tú mis piernas.
 
   Así lo hizo el ciego y cogió a cuestas al tullido. De esa manera ambos pudieron ponerse a salvo, porque uno se convirtió en los ojos del otro y el otro en sus piernas.

De ahí nació, además, una hermosa amistad de por vida.
 
REFLEXION:
 
Somos interdependientes. Unos cooperamos con los otros y viceversa. Aunque cada uno debe hallar refugio en uno mismo y ganar su propia paz interior, desde ahí hay que velar por los otros.
La antigua instrucción: «Si te proteges a ti mismo, proteges a los demás; si proteges a los demás, te proteges a ti mismo»
Si todos desarrolláramos un buen sentido de la cooperación y nos inspirásemos en la verdadera compasión, cambiaría la faz del mundo y comenzaríamos a pasar de verdad de un nihilismo planetario a una conciencia planetaria, donde pondríamos cada uno los medios para favorecer a las otras criaturas y evitarles daño, con lo que nos sentiríamos mucho mejor y recogeríamos los dones de los que Buda llamaba «los estados celestiales»: amor, compasión, alegría compartida y ecuanimidad, superando por un lado las raíces mentales insanas (ofuscación, avidez y odio) y desplegando las de lo beneficioso para todos (lucidez, generosidad y benevolencia).

Uno tiene que aprender a conciliar los propios intereses con los demás. Como bien decía el sabio Nisargadatta:
 
   SIN AMOR, TODO ES MAL. LA VIDA MISMA SIN AMOR, ES UN MAL

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

www.ramirocalle.com