¿De qué está hecha la ilusión? Es lo más preciado; sin ella nada es suficiente y no hay motivación. Es sinónimo de creer en la bondad, de lo que se tiene y de lo que está por venir. Con ella la perfección se vuelve innecesaria, porque la mirada del que espera lo mejor salva los obstáculos necesarios para poder seguir teniendo fe. Cuando hay fe hay confianza y es posible la entrega. Está bien denostar la fe cuando se la exige ciega, pero si le dejas a una persona sin ella se ahoga en su razón. Y es que no nos bastan nuestros pensamientos; necesitamos estar enamorados, y a ser posible de la vida.

Para amar nuestras vidas estas tienen que tener proyectos que les den sentido; debemos encontrar la manera de crearlos y creer en ellos, de cuidarlos para que crezcan y generen a su vez nuevos proyectos. La felicidad tiene bastante que ver con olvidarse de conseguirla y centrarse en aquello que saca lo mejor de nosotros mismos. Podemos aprovechar nuestras circunstancias, sean cuales sean, para construir algo mejor, para ser mejores. No debemos olvidar que nuestra naturaleza humana es creadora y creativa, no consumista y pasiva. Son tantas las noticias y anuncios que absorbemos, que nos vemos tentados de quedarnos en la queja y el desaliento, esperando en nuestras casas que lleguen tiempos mejores. Vivimos en la cultura de la excusa cuando la clave está en descubrir qué podemos hacer, por pequeño que esto nos parezca. La queja es el cáncer del psiquismo porque nos ancla en la impotencia.

Ser fieles a nuestros objetivos nos encamina a la autorrealización, y aunque esta sea una utopía inalcanzable, nos proporciona una experiencia única de satisfacción y solidez. Sin embargo, muchas veces las cosas no resultan como planeamos, la propia vida nos saca del camino que nos habíamos marcado, en esos momentos hay implícita una pregunta que nos vemos obligados a responder: «¿qué reclama esta situación de mí y qué voy a hacer al respecto?»

A pesar de que no somos libres de nuestros condicionantes, sí podemos elegir tener una actitud que nos haga sentir orgullosos y buenos para los demás. Inevitablemente desearíamos que algunas cosas no sucedieran, quisiéramos renegar de la realidad, pero vivimos en ella, no podemos abandonarla. Nos vemos obligados a encontrar la manera de seguir queriendo la vida bajo cualquier circunstancia; es sin duda un reto muy grande para unos corazones tan pequeños, ¡pero el ser humano se ha caracterizado siempre por su ingenio!

Todos podemos lamentarnos: a todos nos han decepcionado o dañado de alguna forma. Es importante no perder demasiado tiempo dándole vueltas a lo que ya no tiene remedio y darse cuenta de que aunque haya cosas que ya no son posibles hay otras muchas que aun lo siguen siendo. Mi futuro no está determinado por mi pasado sino por las decisiones que tomo hoy. Una psicoterapia profunda tiene como uno de sus objetivos principales ayudar a las personas a deshacerse de sus obsesiones por «lo que fue» o «podría haber sido» y animarles a vivir un presente mejor. Es decir, ponerles en contacto con su auténtica libertad, la que hace que hoy sea algo distinto. Aunque muchas veces no lo sintamos así, tenemos una gran libertad para crear aquello en lo que creemos, pero esto solo es posible si nos comprometemos y perseveramos a la hora de hacerlo.

El compromiso da fuerza a nuestras ilusiones y requiere al menos de un par de valores que han caído en desuso: honestidad y coraje. Vivir perpetuamente distraídos o atareados nos impide responsabilizarnos del mundo que nos rodea y de nuestra propia vida. Vivimos demasiado deprisa, con pocos momentos para evaluar seriamente si estamos eligiendo el camino adecuado. Es crucial que no nos neguemos a afrontar nuestras desdichas y nuestras «culpas» y encontremos la forma de superarlas y repararlas; mañana siempre puede ser tarde.

Muchos problemas de autoestima derivan de estar viviendo una vida sin rumbo en la que no se encuentra ningún verdadero motivo de orgullo personal. No hay nada que haga más feliz al ser humano que sentirse bueno y amado; urge que esto en lugar de motivo de queja o explotación vuelva a ser algo admirado socialmente y buscado por todos.
La vida es además para los valientes. Si lo piensas siempre estamos a punto de perderlo todo; es lógico que estemos tantas veces asustados. Ser valiente implica que actúas a pesar del miedo y no solo porque tienes las razones adecuadas para hacerlo sino porque te dejas llevar por tu corazón. Y no lo piensas tanto.

A la vez para cualquier cosa que nos propongamos es de gran ayuda estar abiertos a los cambios de rumbo y no saber demasiado para que nunca nos abandone la curiosidad. Estar dispuestos a revisar nuestras creencias y escuchar lo que los otros nos dicen, debe combinarse con ese corazón espontaneo y ciego que nunca se entiende completamente. Seguir los consejos de los demás puede ser la mejor forma de perderse o de encontrarse, resulta del todo imprevisible. Cada relación humana es una aventura que no sabes hasta dónde te llevará.

A veces hay que hacer un gran silencio o encontrar a alguien que verdaderamente escuche para conectar con nuestros más profundos sentimientos. Es «el hogar del alma», donde residen nuestros sueños y nuestras ilusiones, donde habita el niño que fuimos y que está dispuesto a seguir creyendo que la vida es una hermosa oportunidad. En ocasiones solo un fino hilo nos une a esa fuente de vitalidad; nuestras decisiones deberían ir orientadas a no perderlo y hacerlo cada día más fuerte.

Susana Espeleta
Psicóloga colegiada
Psicoterapeuta individual y de grupo.
S_espeleta@yahoo.es