Mal de amores

Las relaciones íntimas forman parte de nuestra vida. En algún momento casi todas las personas hemos sufrido mal de amores, pasando por una ruptura no deseada, un desengaño amoroso o una época de duelo. El artículo ofrece pistas para comprender y acompañar esta experiencia donde solemos sentirnos vulnerables y nos ponemos en contacto con emociones muy profundas.

La ruptura puede venir en una primera etapa.

A veces me encuentro con alguien con necesidades y deseos diferentes a los míos.
Por ejemplo yo puedo desear una relación estable y la otra persona desear un encuentro o varios encuentros sin necesidad de establecer compromiso. Esta situación conduce a dolor, confusión o enfado y a menudo la relación se rompe.
Además en la etapa de cortejo podemos mentir a la otra persona y a menudo auto-engañarnos.

Esto puede ser muy inconsciente y otras veces es consciente. Por ejemplo alguien que no está disponible para una relación puede en la etapa de cortejo dar todas las señales de disponibilidad.

Por último algunas personas vienen a nuestra vida como mensajeros de alguna posibilidad o de alguna cualidad. No vienen a quedarse. Nos muestran cómo vivir más creativamente, cómo ser más cariñosos, o a tomarnos la vida con más sentido del humor… Nos impactan y a la vez no permanecen mucho tiempo. Aceptar que son mensajeros suaviza el dolor de la pérdida.

Otras veces la ruptura sucede más adelante.

Los patrones de cada uno se ponen en marcha en la pareja. Patrones heredados de padres y madres, patrones culturales, los mitos que hemos leído y visto en películas. Y esto les pasa a ambas personas de la pareja. La resolución de esta combinación puede resultar en que la pareja salga adelante o que se rompa por el camino. También las heridas anteriores marcan nuestra experiencia. Podemos seguir esperando a alguien que se fue, o seguir reaccionando a la pareja actual con la herida que nos dejó la anterior y por tanto estar desconectados del presente.

Otras veces la pareja va separándose pues están evolucionando por caminos diferentes que cada vez se alejan más uno del otro.

En cualquier caso retomar de nuevo la etapa de soltería es duro, especialmente si hemos vivido mucho tiempo en pareja. Buscar o crear un nuevo hogar, volver a organizar el tiempo libre, retomar viejas amistades o buscar nuevas, nuestras necesidades de contacto físico y eróticas quedan sin poder compartirlas por un tiempo. Esta transición es difícil y a menudo se despiertan miedos y fantasmas.

Lo bueno que tiene el «mal de amores»

Cada vez que atravesamos una ruptura o nos despedimos de las expectativas que habíamos puesto en una relación se abre una etapa privilegiada de crecimiento personal. Es una oportunidad de abrir los cajones más escondidos de nuestros armarios a inspeccionar la ropa y los recuerdos e ir decidiendo con qué me quedo, qué ropa voy a coser o remendar y qué voy a dar o a tirar.

Parece que quien no nos supo o no nos quiso querer nos regala la posibilidad de crecer y darnos cuenta con más profundidad de quienes somos y qué estamos haciendo aquí en la Tierra. Mucha gente acude a mi consulta en este momento delicado y profundo de revisión personal después de un desengaño amoroso.

Meditación

Para facilitar el duelo y que éste sea lo más constructivo posible yo ofrezco esta meditación en consulta. Ayuda a aprender lo más posible de la relación, a cortar las ataduras energéticas que muchas veces nos impiden avanzar y soltar el pasado y a hacernos cargo de nuestra niña o niño interior que suele quedarse solo, triste, enfadado cuando perdemos una relación íntima.

Puedes hacerla tú mismo o tú misma o pedir a alguien que te la lea.

Cierro los ojos. Me pongo en una postura cómoda. Observo mi respiración sin cambiarla. Me imagino en un lugar tranquilo caminando por un camino. A mi lado hay otro camino. En un momento determinado ambos caminos se encuentran. Luego se separan y siguen por direcciones diferentes.
En este otro camino aparece nuestra ex pareja (mejor decir el nombre). Nos miramos y comienzo a reflexionar acerca de lo que he aprendido con esta relación y lo expreso.
Cuando acabo reflexiono acerca de lo que tengo pendiente (puedo estar enfadada, o sentir rabia, o sentirme culpable) y se lo expreso.
Luego le expreso lo que le agradezco.
Luego reflexiono acerca de lo que yo necesito perdonarme (si algo no hice o consentí o me quedé más tiempo en la relación del que ahora me parece saludable) y lo expreso.
Después voy a imaginar una cuerda de energía que nos une. Va de una zona de mi cuerpo a una zona del cuerpo de la otra persona. Y cada vez que quien hace la meditación nombra un tipo de atadura yo observo cómo es la cuerda y la corto con unas tijeras o un cuchillo o rasgo la cuerda con mis manos, como yo prefiera.
Atadura de la culpa.
Atadura de los miedos.
Atadura del arrepentimiento.
Atadura de los y si… (y si yo hubiera hecho eso entonces no hubiera pasado aquello…)
Atadura del hábito (ir a los mismos sitios juntos, llamadas de teléfono a la misma hora, mensajes de correo, ocio juntos)
Atadura del miedo a la soledad
Atadura de los proyectos de futuro que hicimos juntos o que yo imaginé (incluyendo hijos/as si es que yo los imaginé)
Atadura de la pasión y el chute de sentirse amado-deseado
Atadura de la comodidad de alguien que nos aporta belleza-pasión y así no la tenemos que generar nosotras
Atadura de los ancestros (si estamos siguiendo algún patrón familiar o el destino de algún ancestro o hay algún vínculo de ancestros en los linajes de las dos personas)
Atadura de vidas pasadas entres esta persona y yo

Me despido de esta persona que sigue su camino y yo el mío. Yo sigo caminando y llego a un lugar de gran belleza. Allí me siento a contemplar el paisaje.

Imagino mi corazón como una casa con habitaciones y decoro una habitación para esta relación. Esta persona ya no está en mi vida o si sigue estando ahora está en calidad de amigo o ex pareja o padre o madre de mis hijos pero abro una habitación en mi corazón con la energía de nuestra relación. Ahora esta relación está en mi corazón y va a seguir estando por siempre y la puedo visitar cuando necesite de esta energía especial que tenía la relación para mí. Algunas personas no desean abrir esta habitación en su corazón o bien quieren abrir una habitación muy pequeña. Como la persona lo sienta.

Para acabar vuelvo al lugar de gran belleza y busco a mi niña o a mi niño interior. Aparece por allí. Miro cómo está. Puede estar enfadada o triste o asustada. Me acerco, lo abrazo, le comento que ahora estoy allí para cuidarlo, protegerlo y acompañarlo. Sigo con mi niña y mi niño abrazado un rato.

Cuando siento que estoy preparada o preparado entro en contacto con los sonidos de la habitación, muevo los dedos de las manos y de los pies y lentamente abro mis ojos.

Otros apoyos en la época del duelo son cuidarnos lo más posible, tratarnos con cariño (si no sé o no puedo es importante buscar quien sí sabe y sí puede), tomar distancia de la persona el tiempo que necesitemos (si hay hijos esto es más difícil), cortar contacto en redes sociales, tomar remedios florales y acoger este proceso como una oportunidad de renovación y transformación.

El mal de amores es una iniciación sagrada. Cuando una relación se acaba también podemos revisar y transformar muchos aspectos de nuestra vida. Entonces el mal de amores se convierte en una mirada sabia y compasiva que mira al mundo con mayor madurez.

María Ponce de León Fuentes
Psicóloga colegiada-Terapeuta Gestalt-Arteterapeuta

Autora de los libros «Mujer Serpiente» y «Maternidad Consciente»
www.mariaponce.es