Se demuestran que las terapias naturales no matan.

Pasan los días y las semanas, pero nadie parece acordarse del caso más mediático de la televisión de los últimos 50 años contra las Terapias Naturales. Hablo del famoso caso de Mario Rodríguez, un estudiante
de física que, según su padre, murió por recurrir a las Terapias Naturales.

Para empezar, diré que no voy a rebajarme al nivel de ese individuo -el padre- que no hacía más que insultar y faltar el respeto a uno de los mejores naturópatas de España, como es José Ramón Llorente, quien hace unos días recibía la sentencia absolutoria definitiva contra la que no cabe recurso y en la que estaba acusado de intrusismo y homicidio.

Sin embargo, parece ser que a los medios que persiguieron y hostigaron por la calle a nuestro compañero, no les interesa emitir la verdad. No comunican que ha sido absuelto de todos los cargos, pero tampoco piden perdón por todos los insultos vertidos hacia su persona y hacia las Terapias Naturales.

Pero no sólo los medios de comunicación tienen que pedir disculpas, sino también ciertos políticos. Por ejemplo, el señor Francisco Igea, de Ciudadanos, que incluso en el Congreso de los Diputados hizo una pregunta sobre este caso a la que fuera ministra de Sanidad Dolors Montserrat.

En primer lugar, el socio de COFENAT José Ramón Llorente ostentaba el título de licenciado en Naturología por la Universidad Internacional de Ecuador, así como el título superior en Terapias Naturales en la especialidad de Naturopatía por Real Centro Universitario María Cristina en El Escorial (Madrid).

Ejercía, además, como naturópata desde hace más de 36 años. En este sentido, y como miembro de COFENAT, poseía también una póliza de seguro de responsabilidad civil profesional.

Al joven Mario Rodríguez le fue diagnosticada una leucemia linfoblástica aguda, quedando ingresado, y se le prescribió un primer ciclo de quimioterapia. Estando ingresado en el hospital, encargó a su madre que acudiera a la consulta de Llorente.

Así nuestro socio, le indicó determinadas pautas alimenticias a seguir y le aconsejó tomar determinados complementos alimenticios para fortalecer su organismo. Aconsejándole, eso sí, que no dejara la quimioterapia y que indicara a los médicos los productos que Llorente le había recomendado por si pudieran tener algún tipo de contraindicación con su tratamiento. De hecho, el médico le recomendó que no tomara dos de esos productos. Sin embargo, el padre aseguraba que a su hijo lo mataron por tomar unos productos que nunca llegó a tomar.

Cuando se aproximaban las fechas para el segundo ingreso, Mario le comunicó al doctor que dejaba el tratamiento, pero unas semanas después decidió retomarlo. En este tiempo, Llorente insistió en que debía someterse al tratamiento hospitalario. Es decir, de nuevo le insistió en seguir los protocolos oficiales.

Tras recibir el alta, tuvo que ser ingresado de nuevo, y fue intervenido por perforación de colón y yeyuno proximal con abceso y flemón esplécnico. Durante este nuevo ingreso, vivió numerosas complicaciones que agravaron su salud, falleciendo el 3 de julio de 2013.

Ante la denuncia del padre de Mario a nuestro socio, presentada el 14 de enero de 2015, Llorente tuvo que sustituir la placa de medicina naturista y ortomolecular por centro de Terapias Naturales. Después, el padre le interpuso una demanda en la que le responsabilizaba de la muerte de su hijo por inducirle al abandono del tratamiento prescrito por los médicos del hospital.

Ahora bien, yo me pregunto: ¿Si eres padre y tienes indicios de que a tu hijo le han matado, esperas dos años para llevar a cabo la demanda? Es mi hijo y al día siguiente voy a por quien sea.

Por otra parte, el fallo de la sentencia apelada dice: “Debo absolver y absuelvo libremente a José Ramón Llorente de los delitos de intrusismo, así como de homicidio por imprudencia grave por los que fue acusado por los hechos objeto del presente procedimiento”.

Contra la misma se interpuso recurso de apelación. No lo digo yo, lo dice la sala: el recurso se fundamenta en el error en la apreciación de la prueba, persiguiendo la modificación de los hechos probados. En concreto, entender que el acusado se presentaba como médico y, por otro lado, que actuó con Mario como médico prescribiéndole un tratamiento curativo. Existiendo además relación de causa efecto entre el abandono de los tratamientos pautados por los médicos del hospital y el avance de la enfermedad del joven a consecuencia de la que falleció, perdiendo la oportunidad de curarse.

A esto responden en la sentencia que el acusado no se anunciaba ante sus posibles clientes como licenciado en Medicina y Cirugía ni tampoco se hacía pasar por tal. En ella, se niega que Llorente actuase como médico de Mario.

Tampoco existe en todo el procedimiento constancia de que nuestro socio realizara actos propios de la profesión médica. De hecho, el médico que trató al joven admitió que ninguno de los productos recomendados por Llorente eran medicamentos.

Por último, respecto del delito de homicidio imprudente que le atribuía la acusación particular, que no el fiscal, no existe el menor atisbo de la influencia de la actuación del acusado en el empeoramiento o fatal desenlace para Mario. En definitiva, no cabe más recurso ni amparo constitucional porque no se ha vulnerado ningún derecho.

 

 

Roberto San Antonio-Abad

Presidente de COFENAT

cofenat.es