En algunas personas se manifiesta la nostalgia del Ser, pero en otras no.

Cuando utilizo el término Ser es con todas las reservas, pues la palabra no puede nombrar lo que por su naturaleza es innombrable, pero aunque sea a modo convencional elijo este término, como se puede seleccionar el del Vacío Primordial (que utilizo en mi novela iniciática EL FAQUIR) o lo Absoluto o cualquiera otro.

 

Es también una constante en mis novelas espirituales referirme a la que denomino «la soledad del Ser» o «soledad cósmica», que se evidencia cuando no nos sentimos completos en nosotros mismos y experimentamos, con angustia, el sentimiento de separatividad de ese Ser que sentimos nos reclama desde lo más profundo de nosotros. Su llamada, aunque a veces se apague, no deja de estar ahí como una voz que de vez en cuando nos alerta para que tomemos la dirección adecuada hacia esa Realidad que se nos escapa de tan hipnotizados que estamos por la realidad aparente.

Pero de la misma forma que en el tallo del loto ya palpita y se proyecta su flor, en muchos seres humanos se produce esa llamada misteriosa que invita a buscar más allá de las apariencias y a procurarle un sentido a la vida. A veces esta llamada se hace sentir como una profunda insatisfacción o un enigmático sentimiento de incompletud que puede llegar a desgarrar al que lo experimenta, pero que también le pone en marcha en la búsqueda del propósito y el sentido.

Entonces uno comienza a situarse frente al aparente despropósito de la vida con otra actitud, queriendo hallar respuestas a los interrogantes existenciales, pero descubriendo que no pueden ser encontradas mediante el conocimiento ordinario y que se requiere un tipo especial de percepción-intuición que hay que ir desarrollando mediante el trabajo interior. Para poder servirse de un mapa espiritual o una brújula en la senda de la autorrealización, muchas personas se sumergen en el seno de alguno de los sistemas tradicionales de autorrealización, pudiendo así seguir una vía que les conduzca finalmente a esa vía propia que es la senda sin senda y que va de la periferia al propio centro, de la personalidad a la esencia, de lo adquirido a lo medular.

Por qué en unas personas se manifiesta esa nostalgia del Ser y en otras no, eso no puede decirse con certeza, pero el hecho incontestable es que es así. En quien alienta esa nostalgia del Ser, se pone en marcha su motivación por hallar el significado de la existencia, lograr la evolución consciente, despertar a una realidad que escapa a lo puramente sensorial y que es suprasensible, acometer enseñanzas y métodos para el autodesarrollo y la liberación de la ignorancia en la mente. Quien no ha experimentado aunque no haya sido más que una vez esa nostalgia del Ser, difícilmente puede entender a qué nos referimos, pero el que ha tenido esa sensación, por fugaz que haya sido, entiende que surge en uno una imperiosa necesidad por seguir la senda hacia un tipo especial de comprensión y de percepción que nos haga sentirnos más plenos y lúcidos.

Desde la más remota antiguedad, como ha habido personas que han experimentado esa nostalgia del Ser, se ha mantenido viva una corriente de sabiduría que ha fluído en todas las épocas y latitudes y se ha convertido en perenne, siendo ignorada por muchos, pero habiéndose convertido en lámpara para otros. Esa corriente de sabiduría perenne ha sido a menudo, a lo largo de la historia, ignorada o incluso implacablemente perseguida por los estados o las instituciones tenidas por religiosas, habiéndose en ocasiones tenido que mantenerse en la clandestinidad por temor a la rígida ortodoxia que, dogmáticamente, combate todo lo que no se adapta a sus escleróticos y velados puntos de vista. En Oriente ha habido siempre un tipo de apertura ecléctica que no se ha dado en Occidente, donde las tres religiones monoteístas han sido vergonzosamente beligerantes con las creencias que nos encajaban con las suyas.

En la corriente de la sabiduría perenne, que también nos permite acceder a un mundo paralelo de conocimientos y métodos, muchos buscadores han hallado las enseñanzas y técnicas para hacer posible la evolución de la consciencia y otorgarle un sentido más elevado a la vida. La vida se convierte en esa gran maestra cuyas dificultades nos invitan a desarrollarnos y la meditación misma se torna un arte de vivir, donde todo adquiere un especial peso específico para seguir en la senda del desenvolvimiento espiritual, pero de una espiritualidad sin dogmas, en fluidez y apertura, al margen de la petrificada y asfixiante ortodoxia. Durante siglos las enseñanzas se transmitieron oralmente y eran para aquellos que, experimentando la nostalgia del Ser, querían ser iniciados en un Conocimiento que muchas personas ignoran o incluso infravaloran, porque la ignorancia básica de la mente a veces se impone de tal manera que uno no puede o no quiere ver más allá de sus propias cejas.

Hay personas en cuyas almas se constela ese eco de fininitud, ese recuerdo de la otra Realidad, que les impulsa a ser como sabuesos rastreando una verdad que se enmascara pero que está bajo la superficie. Es como si en la memoria más subliminal permaneciese un «toque» de recuerdo de un estado sublime y más allá del ego, que o ya se experimentó alguna vez o que es un arquetipo que nos conduce a poner las condiciones para experimentarlo.

Persiste el «sabor» de esa Realidad que hasta no poder conseguirla despierta una profunda y a veces doliente nostalgia, pero que es la que nos incita a no dejar de buscar y que a veces se traduce por insatisfación o descontento, pero que a la par nos advierte de que la búsqueda no debe cesar y que, como diría Buda, hay que limpiar el polvo de ignorancia de los ojos para que éstos puedan ver. Declaró: «Personas hay que no tendrán la mente tan empañada como para no poder limpiarla y captar la Realidad». Pero hipnotizados por el fenoménico mundo sensorial, no somos capaces de echar un vistazo al plano de lo suprasensible, donde pueden encontrarse respuestas imposibles de hallar en lo aparente. Sólo mediante una mutación de la psiquis, podemos aspirar a ver lo que se nos escapaba, pero para ello hay que adiestrar la mente de modo tal que puedan cesar las tendencias de la ofuscación, la avidez, el odio y otras nocivas e insanas, y puedan aflorar las de la claridad, la generosidad, el amor y otras sanas.

Todo buscador verdadero se verá abocado a la búsqueda en tanto no logre hallar esa Fuente que pone fin a la nostalgia infinita de la misma. Y en la búsqueda misma ya hay un sentido, un significado, un propósito, por muy lejos que parezca situarse la meta. Como reza la antigua instrucción mística, si estamos buscando es porque el Ser ya ha comenzado a buscarnos a nosotros. Cuando la Búsqueda te toma, ya no puedes resistirte a ella.

Habrá que aprender entonces a navegar en el océano de la vida cotidiana y el océano de la vida interior, comprendiendo que a través de uno llegamos al otro y viceversa. No debe ser una búsqueda ciega, fanática, inflexible, sino que sepa tomar lo mejor de cada sistema y método para que finalmente uno pueda forjar esa vía interior que es la más fiable. Así la vida se convierte tambien en un viaje hacia los adentros, en un peregrinar hacia el Origen.

Ramiro Calle

Director del Centro Sadhak

www.ramirocalle.com