«…La gran mayoría desconocemos cuál es esa intención y actuamos lo mejor que sabemos y que hemos aprendido. La buena noticia es que podemos hacerlo de forma más eficaz y de acuerdo a nuestros valores fundamentales. La programación neuro-lingüística nos enseña las estrategias adecuadas para lograr lo que nos propongamos teniendo en cuenta su intención. De ahí que un Coach que trabaje con PNL será inmensamente más eficaz con sus clientes…»

Estaba leyendo este artículo que hablaba de «la Intención» mientras recordaba a la autora, y aquel increíble día en que me había tropezado con ella.

Estaba en el café de enfrente del trabajo y acababa de pedir mi café solo, largo y sin azúcar y esperando, intento decidir que bollo voy a degustar hoy. El croissant que estira sus brazos hacia mí o un par de cookies cuyas pepitas de chocolate brillan escandalosamente. No sé cual escoger. En ese momento, el camarero sale de la cocina con un pincho de tortilla recién hecha «¿Mario es para ti?» Decidido: «No, pero ponme uno». «¿Dónde está mi café?» Me lo han puesto al otro lado del mostrador. Salto rápidamente a por él y al darme la vuelta, tropiezo con una mujer y me echo encima el café largo y ardiendo «Aaah».

Por un momento, pasa por mi cabeza la reunión que tengo con el nuevo director de rrhh, no sé para qué quiere verme, pero no es buena señal. Probablemente querrá proponerme algo en relación al proceso de evaluación que realizaron el mes pasado. A mi amigo Joaquín, de Burgos, que más o menos vamos a la par en el trabajo, le han dicho hace dos meses que necesitaba mejorar su comunicación. Pues si a él le han dicho eso, que se lleva bien con todo el mundo, ya verás a mí. Los de arriba la tienen tomada conmigo. Cada vez que plantean objetivos a mí me ponen los más complicados. ¿No deberían ser para todos los mismos objetivos?. Al fin y al cabo todos queremos lo mismo y vamos a dedicarle el mismo tiempo. Bueno yo, bastante más que parece que la empresa es mía, porque todos los días salgo tardísimo. No entiendo nada, menos mal que en casa sí que me entienden.

Hoy me he puesto la camisa nueva que me compré estas vacaciones… Estábamos todos juntos y Lucas vino corriendo hacia mí «papá ven, ven…» y me arrastró hacia el otro lado de la tienda de moda donde mi mujer sostenía una camisa por la percha y al verme acercándome, dibuja una amplía sonrisa en su cara, sus ojos se iluminan, su cabeza asiente al tiempo que me enseña la camisa. El resto de la tarde, seguimos haciendo compras para Lucas. Se iba de campamento con el cole. Estaba entusiasmado y lleno de energía. ¿Por qué no pasaba más tiempo con él? Cuando llegaba a casa, cada noche, estaba tan cansado que lo único que me apetecía era que la tv me metiera de lleno en los problemas del mundo. Mientras, Lucas tiraba de mi para ir a jugar. No podía decirle que no, y por otro lado empezaba a prepararme para rugir que me dejasen en paz. Afortunadamente, aparece mi mujer y alzándole en bolandas, le abraza y le da un beso diciéndole:»Anda deja a papá que descanse y vamos tu y yo a darte un buen baño». La tv sigue proclamando barbaridades… Sí, que tengo suerte, yo aquí en mi sillón, tranquilo, bebiendo mi cerveza, solo, descansando. Descansar, no hago más que oír esa palabra, incluso cuando me acerco a ella: «cariño, es mejor que descanses, mañana tienes que madrugar».

Será que realmente necesito descansar y los demás están viendo algo que yo no veo. Déjate de historias, si necesitases descansar no te apuntarías a todas las juergas que montamos en la oficina. La de la jubilación de tu jefe fue impresionante, no faltaba nada, hasta un estupendo viaje, regalo de sus compañeros… menos tú. Se me olvidó contribuir. Menos mal que Joaquín puso mi parte. Por cierto todavía no se lo he devuelto, a ver si mañana saco dinero del cajero. Cuando voy al cajero, no me da tiempo a desayunar.

Cuando miro mi camisa, está limpia, ni una sola mancha, respiro aliviado, solo me ha caído en la mano, puedo ir a la reunión como un pincel.

Y al alzar la vista, veo otra camisa con una inmensa mancha, se lo he tirado encima a esta mujer, que está haciendo lo imposible por no notar el café caliente. De mi boca solo sale un susurro: «Lo siento, lo siento,…». Ella me mira y me dice sonriendo: «Tranquilo, son cosas que pasan» se da la vuelta y la veo dirigirse al servicio, supongo que para disimular la mancha en la medida de lo posible.

El tiempo parece haberse detenido, ¿estoy en una pausa de la vida?
Oigo una voz al fondo: «Mario, Mario» Me encamino hacia allí. ¡Es Joaquín!, ¡qué alegría verle! ¿que hace aquí? no he ido al cajero, nos damos un fuerte abrazo.

Mario.- «¿Cómo tú por aquí? No me habías dicho que ibas a venir»
Joaquín.- «Lo sé, me lo dijeron hace una semana como una posibilidad y ayer les dije que Sí. Me vengo a Madrid,»
Vaya día, no puede ser, ahora no entiendo ni a Joaquín, lo que me faltaba.
Joaquín.- «Pues sí, recuerdas que me iban a poner un profesional para mejorar mi comunicación. Qué bajón, lo primero que pensé es, o mejoro o no salgo de ésta. Pues me pusieron un coach. Un coach!!! No podía creerlo, qué van a valorar, mi forma de cantar, esto es una cámara oculta. Pues ha sido increíble. De hecho, te has cruzado con ella en la cola del café, por eso te he visto. Ha venido ha darme la enhorabuena, porque he aceptado el ascenso que me han ofrecido. Mario, vamos a trabajar juntos, voy a ser tu jefe, me han ofrecido el puesto de director de rrhh…»

Estaba viviendo una pesadilla. Mi amigo, se viene a ocupar el puesto que por antigüedad me corresponde. Llevo años rompiéndome los cuernos por la empresa, olvidándome de mi familia los fines de semana, desperdiciando la infancia de mi hijo, ¡para esto!

Joaquín.- «Te acuerdas cuando estudiamos informática? pues resulta que como seres humanos también nos programamos y la forma en la que lo hacemos repercute en los resultados que obtenemos… pero lo mejor es que lo vivas en directo… «

Era mi puesto!!! A nadie se le había ocurrido que tal vez a mí me interesase? ¿Y a Joaquín tampoco? Algo no iba bien:
– ¿Qué me llevaba a exigirle a todo el mundo más y más cuando yo no conseguía llegar a los objetivos por muchas horas que invirtiese?
– ¿Qué hacía que no le dedicase más tiempo a mi familia?
– ¿Qué hacía que no pudiese decidir el bollo de por las mañanas si el café lo tomo sin azúcar porque no me gusta el dulce?
– ¿Qué me lleva a enfurecerme por el éxito de mi verdadero amigo?
– ¿Cuándo fue la última vez que disfruté haciendo algo?

Sí, tal vez necesite a alguien que me ayude con mi trabajo y mejor aún con mi relación con las personas que verdaderamente me importan.

Y Joaquín, seguía y seguía hablando, estaba eufórico.

Mario.- «Perdona, vas a estar por aquí?. Porque voy a ir al cajero. Si te parece, luego hablamos. Y por cierto, dame el teléfono de esa coach. No quiero que la empresa me lo sugiera, voy a contratarla yo mismo. Va a ser muy bueno que trabajemos juntos. Enhorabuena Joaquín…»

Según la autora, todo lo que hacemos tiene una intención. Y ahora sabía que así era. Recuerdo aquel día, fui al cajero y acabé cenando con mi mujer en un buen restaurante. No tomamos dulce. Y el postre, fue en casa.
Eso solo fue el principio…

Ángela Tejero
Directora de PNLMadrid
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