Ilumina cada Instante – Ramiro Calle

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En la senda para el desarrollo y despertar de la consciencia, por un lado están las enseñanzas y, por otro, los métodos.

Enseñanzas y métodos nos ayudan a trabajar sobre nosotros mismos para poder ascender por la escalera hacia una comprensión más profunda y esclarecida, logrando superar los obstáculos que se nos van presentando e incluso, cuando es posible, transformándolos en aliados a través de la atención vigilante y la ecuanimidad, e incluso viviendo el sufrimiento, cuando se presenta, con consciencia, a modo de despertador espiritual.

 Las enseñanzas nos abren el camino y los métodos nos permiten actualizar nuestros recursos internos para irlo recorriendo. Las enseñanzas no hay que asumirlas ciégamente, sino examinarlas con rigor y solo aceptarlas cuando uno compruebe que pueden ser de ayuda. Los métodos tiene uno que verificarlos por sí mismo. Al final, la propia experiencia es la que cuenta y la única relamente transformativa, porque, como declaraba el sabio Shankaracharya, «la enfermedad no se cura gritando «medicina», sino tomándola.»

Las enseñanzas y los métodos hay que trasladarlos a la vida cotidiana e impregnar cada momento. No se trata solo de practicar metódicamente un tiempo al día (que es idóneo), sino también de conducir la actitud adecuada a cada situación, circunstancia o actividad de la vida diaria. O sea, que el trabajo interior no cesa, no es para ponérselo y quitárselo como un abrigo, sino para mantenerlo tanto como sea posible en el devenir cotidiano. Por una parte ejecutamos nuestra práctica diaria por un espacio de tiempo que nos fijamos, pero, por otra, tratamos de seguir con el trabajo interior en el escenario de la vida diaria, donde uno tiene ocasión de afrontar situaciones de lo más diverso y donde se pueden activar los factores de iluminación como la atención, el sosiego, la ecuanimidad, la lucidez y otros, tratando de utilizar ese escenario para poder:

– Estar vigilantes a la mente, la palabra y los actos. Así nos observaremos y nos conoceremos, pero además iremos aprendiendo a regular los pensamientos, las palabras y los actos. Vigilándonos y observándonos nos iremos descubriendo y sabiendo qué hay que transfomar en nosotros para tener una psique más armónica. Como decía Buda: «Si te estimas en mucho, vigílate bien». Los yoguis le denominan la vigilancia a las tres puertas: la mente, la palabra, los actos. Como somos tan mecánicos y nos dejamos tanto arrastrar por el yo robotizado, nos resulta muy difícil mantener la atención y más aún la atención a nosotros mismos. Pero si estamos vigilantes, iremos logrando desautomatizarnos y conseguiremos estar más despiertos y vivos.

– Descubrir nuestros rasgos de carácter negativos e irlos debilitando.

– Trabajar conscientemente sobre las emociones nocivas, para ir aprendiendo a desidentificarse de ellas, evitar cargarlas de pesamientos negativos e irlas sustrayéndoles su vigor, aprendiendo a no dejarse arrebatar por ellas y viéndolas como un proceso que surje y se devanece.

– Obervar las reacciones egocéntricas y las de apego y odio que entroncan con la ofuscación y el ego.

– Estimular el amor consciente, menos egoísta y más desinteresado.

– Evitar expresar pusilánimes estados de ánimo o estar reclamando la atención y consideración continuada de los otros o incurrir en la autocompasión o el autodesdén.

– Cultivar la presencia de ser, es decir, la consciencia «soy», como una certeza y una sensación, pero no como un concepto.

– Evitar los autoengaños, aprendiendo a desenmascararse y ser uno mismo.

– Abrirse al momento mismo, sin dejarse prender en la tela de araña de las acumulaciones o viejos patrones, iluminando así, a través de la consciencia, alerta y sosegada, cada instante

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

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3,3 minutos de lecturaActualizado: 06/02/2014Publicado: 06/02/2014Categorías: RAMIRO CALLEEtiquetas: , , , , , ,

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