El yoga nace como una técnica espiritual para la liberación, pero también como un método de saludable control psicosomático y de evolución consciente, sirviéndose de técnicas experimentadas y verificadas a lo largo de milenios y donde, sin apego al cuerpo, se trata de mantenerlo, hasta donde sea posible y sabiendo que decaerá inexorablemente, en las mejores condiciones posibles, pues así también será más fácil meditar y efectuar el trabajo interior.

Por eso el cuerpo se conoce como “el templo del divino” y el hatha-yogui se sirve del trabajo consciente sobre él mismo para unificar las energías, pacificar las emociones, elevar el dintel de la consciencia, entrenar metódicamente la atención y reorientar con sabiduría la mente. Hablamos del verdadero hatha-yoga y no de los yoga puramente gimnásticos. Pero eso no quiere decir que el hatha-yogui que realmente se entrena con motivación firme y de manera asidua, no consiga una flexibilidad envidiable sobre su cuerpo, del mismo modo que un violinista será mucho más excelente si se ejercita varias horas en lugar de veinte minutos.

El hatha-yoga no es barato contorsionismo ni acrobacia, pero según cómo y cuánto se adiestre, el practicante obtendrá un grado mayor o menor de perfeccionamiento, pudiendo controlar su cuerpo y su mente, así como sus energías. Cada uno irá efectuando las posturas hasta donde pueda y quien más practique, más las perfeccionará, pues en toda disciplina la clave del éxito es la práctica persistente y los resultados son dependientes del esfuerzo, lo que le llevó a Buda a decir: “Esperadlo todo de vosotros mismos”.

Antigua es la sentencia de que “la flexibilidad es vida y la rigidez es muerte”. Con el avance de la edad se va encogiendo el músculo y la persona se va tornando más rígida, pero ello se puede prevenir mediante los estiramientos conseguidos con las posturas de yoga. He conocido muchos profesores de hatha-yoga que tienen una llamativa flexibilidad, pero en absoluto se jactan o envanecen de ella, pues les ha venido dada como resultado de una práctica intensa, sin por ello rendir culto al cuerpo ni exhibirse. No ha sido buscada la flexibilidad ni la fortaleza muscular, sino que han venido dadas como la consecuencia de un trabajo serio sobre la corporeidad, pues al hacerlo no solo favorecemos el cuerpo, sino que unificamos las energías y activamos la consciencia.

El hatha-yoga entiende la salud de un modo integral, abarcando el cuerpo, las energías, el sistema emocional y la mente. Y el verdadero hatha-yogui al trabajar sobre su cuerpo, lo hace siempre implicando la mente, logrando así una perfecta sintonía de cuerpo y mente.

Me inspiro a menudo en las palabras del gran místico Kabir cuando decía a sus discípulos: “Miradme a mí; soy un esclavo de mi propia intensidad”. Hasta que decline por completo, podemos convertir el cuerpo en nuestra fortaleza inexpugnable, sabiendo que habrá que soltarlo como uno se desprende de un vestido cuando está raído. En este cuerpo en el que estamos secuestrados, también, como decía Ramakrishna, hay joyas que podemos encontrar si las buscamos. Entonces el cuerpo ya no es solo un medio para experimentar dolor o placer, sino que se convierte en una precisa herramienta de autorrealización. Es la tercera vía: la del cuerpo para llegar a la mente y encontrar paz interior.

10 1 Hatha yoga 2 - Hatha-yoga, salud, flexibilidad y bienestar

El genuino hatha-yoga le concede enorme importancia a la práctica del pranayama o técnicas de control y regulación de la respiración, así como a la relajación consciente y profunda, y a los procedimientos de dominio neuromuscular y manipulación de las energías.

El trabajo consciente sobre la corporeidad conduce al dominio de la mente, el entrenamiento metódico de la atención y la perfecta coordinación de cuerpo y mente. El verdadero hatha-yoga no es un yoga menor, pero hay que respetar sus verdaderos principios y utilizar el cuerpo como una herramienta para la evolución de la consciencia.

El hatha-yoga no es cultura física

Debemos tener bien presente que el verdadero hatha-yoga no es una gimnasia, ni una técnica deportiva ni, en suma, una cultura física. Eso no quiere decir que el practicante de hatha-yoga no pueda aparte dedicarse a cualquier deporte que le plazca. Yo mismo tengo publicado un libro titulado “Yoga y deporte” (de venta en Amazon).

De 1920 a 1930, se dio en la India una tendencia acentuada a la práctica gimnástica con inspiración en los métodos sueco y danés, así como al culturismo, dándose el caso de que mentores de yoga físico o yoga gimnástico, eran también culturistas, y caían en la torpeza o en el intencionado propósito de simbiotizar las posturas de yoga (asanas) con la gimnasia, y utilizar los asanas -despojados de todo carácter realmente yóguico- con miras gimnásticas y culturistas, hasta tal grado que había mentores hindúes que propiciaban los campeonatos de asanas.

El hatha-yoga no es competitivo, ni contorsionismo ni un culto al ego.

Esa actitud desposeía al asana de elementos yóguicos esenciales e iba a crear formas de yoga físico donde es difícil discernir y separar que tienen de hatha-yoga y qué tienen de gimnasia y culturismo. En Benarés y en Calcuta me entrevisté con profesores de yoga que eran culturistas. El mismo Ramesh Walsekar, al que entrevisté para uno de mis libros (“Conversaciones con yoguis”, de venta en Amazon), fue de joven un destacado culturista. Recuerdo la indignación de mi hermano Miguel Ángel y la mía cuando en Calcuta entrevistamos a algún culturista que se decía mentor de yoga, pero que brillaba por su ausencia de conocimientos yóguicos.

Hoy en día, también en la India, hay no poca confusión con respecto al yoga en su vertiente física, y de hecho, muchos de los primeros mentores de yoga físico que llegaron a Estados Unidos fueron grandes traidores a la genuina esencia del yoga para rentabilizar y mercantilizar su método.

En la misma India, como el escritor y editor Álvaro Enterría esclarece en mi obra “Yoga, método Ramiro Calle” (de venta en Amazon), hay dos clases de yoga: “Yog (el yoga clásico que se pronuncia en hindi así) y Yogá (el yoga traido de Occidente, basado casi exclusivamente en los asanas y obsesionado por la salud)”. Y como apunta después Álvaro Enterría, es “una pena que una tradición que tiene por fin acabar con la identificación de la persona con su cuerpo y su mente, se convierta en un culto al cuerpo”. Y no solo un culto al cuerpo, sino una afirmación del lado más oscuro del narcisismo y la estampa del campeón. Puede darse el caso, si no se está informado, de que una persona esté creyendo que practica hatha-yoga y no es más que una mezcla de asanas y gimnasias.

Al final no puedo por menos que desembocar en esa pregunta que tantas veces he hecho: “¿Por qué le llaman yoga a lo que no es yoga y a veces no le llaman yoga a lo que es yoga?”.

 

 

Ramiro Calle

Escritor. Director del Centro Shadak

ramirocalle.com