El Dr. Ryke Geerd Hamer, padre de la nueva Medicina Germánica, falleció en Noruega el pasado 2 de julio a la edad de 82 años. Conmovedora ha resultado la noticia, tanto como el asombro de que se haya marchado sin recibir el reconocimiento internacional de las instituciones por su extraordinario trabajo. 

Tan cerca y tan lejos. ¡Paradojas de la vida! El trabajo de Hamer no ha tenido precio por su incalculable valor. Por eso el precio de los premios Nobel no se le concedió. Quizá esto no sea lo más relevante, porque lo significativo de esta cuestión, no es tanto que se premie con un galardón a alguien por su gran labor en favor de la salud, sino que al menos, le dejaran desarrollar su actividad sin persecuciones.

Persecuciones a las que se vio sometido desde que dio su interpretación del comportamiento de la psique, el cerebro y los órganos de los humanos cuando enferman. El sentido de las cinco leyes biológicas demostradas puso a la medicina oficial “patas arriba”, como reza el título del libro de Giorgio Mambretti y Jean Séraphin: La medicina patas arriba ¿Y si Hamer tuviera razón? El acoso al que se vio sometido el Dr. Hamer por parte de las instituciones médicas no se hizo esperar; lo que le obligó a trasladarse a distintos países, incluido España, donde tuve el privilegio de conocerle.

Mientras cursaba mis estudios de osteopatía en Madrid, me llegó la información de que el Dr. Hamer iba a ofrecer un seminario clandestino en nuestra escuela. Fui uno de los pocos afortunados que pudo asistir. Salí del seminario como si hubiera visto un ovni de un tamaño descomunal. Desde ese momento cambió para siempre mi forma de entender el sentido de la enfermedad, al mismo tiempo que comencé a transformar mi manera de adaptarme al entorno.

Mediante este canal quiero rendir tributo al que considero uno de los más grandes conocedores de la condición humana, su conducta y su biología. Y, por encima de todo lo anterior, agradecerle infinitamente por el extraordinario legado que nos ha regalado. Y animar a sus detractores, ahora que Hamer no les ve, para que se informen adecuadamente sobre sus descubrimientos, porque hay mucho que aprender y mucho que ganar.

El refranero, a menudo pone de manifiesto lo lejos que puede llegar la sabiduría popular con pocas palabras. Lo ilustro con el siguiente ejemplo que resultaría de enorme utilidad para aquellos que se afanan, desde la ignorancia, en desacreditar las medicinas y terapias que desconocen. Dice así: “El que dice lo que no debe, escucha lo que no quiere”.

Como ocurre con el lenguaje entre humanos, las medicinas que no escuchan sucumben a la torpeza de analizar y tratar las enfermedades desde la simpatía.

¿Qué quiero decir con esto? Pues que tradicionalmente se viene tratando la enfermedad con un “desde dónde” equivocado para contentar cuanto antes a los enfermos. Esto es, se han diseñado fármacos y metodologías para quitar o mitigar el dolor y la inflamación, con el fin de ganar adeptos, sin importar ni valorar el mensaje biológico que sustenta a todas las enfermedades. Es decir, sin buscar las causas.

Por simpatía se recetan substancias y se gestionan invitaciones a quirófanos con tal de silenciar los síntomas cuanto antes. Cuando la coherencia terapéutica dice, desde más allá de la cultura griega, que lo correcto-útil es empatizar. La escucha empática y la respuesta empática genera opciones porque se basa en preguntas abiertas, no busca la simpatía (calmar el dolor o quitar la enfermedad, como se suele pedir), no se centra tanto en el problema sino más en las soluciones posibles, evitando el consuelo gratuito. Y lo que es de vital importancia para elevar la conciencia terapéutica: la escucha-respuesta empática demuestra interés hacia lo que le importa a la persona afectada.

Por ejemplo: Paciente que llega a la consulta y dice que no puede dormir.

Respuesta simpática: -Te voy a recetar un somnífero o, en el mejor de los casos, un masaje y a casa.

Respuesta empática: -Antes de nada, ¿qué te preocupa para que no puedas dormir? ¿Ha cambiado en algo tu vida? ¿Albergas algún temor?

Una vez abierta esta vía de comunicación y aplicadas las terapias más convenientes, se valorarán las opciones farmacológicas y quirúrgicas (si fuera imprescindible y sin abusar) para completar el tratamiento. Es decir, la tendencia actual recomienda que la medicina intervencionista se utilice como complemento a las medicinas biológicas, y no al revés.

La Nueva Medicina es Bio-lógica, sencillamente coherente, porque atiende a la condición y conductas humanas y a su biología. La condición hace referencia a la manera en que reaccionan los seres humanos frente a los acontecimientos. La conducta se expresa mediante las acciones, mediante lo que se dice y lo que se piensa. Y la biología se encarga de la estructura corporal de los seres vivos y de sus procesos vitales. Y en lo referente a estos aspectos sólo hay que leer los escritos del Dr. Hamer para darse cuenta de que dio totalmente en la diana.

Tan cerca y tan lejos. Las paradojas de la vida. Hamer se fue a morir a Noruega, país vecino de Suecia, la tierra que entrega los premios Nobel de reconocimiento en los campos de Física, Química, Fisiología-Medicina, Literatura y Economía. Mientras que el premio Nobel de la Paz se entrega en Oslo (Noruega). Curioso, ¿verdad? Si nos acogemos a la metáfora de que Hamer nos ofrece una medicina que, en lugar de asustar, nos transmite paz, se habría merecido asimismo ese premio.

Gracias Dr. Ryke Geerd Hamer.

 

Michael Laloux Kodaewa

Director de la International School of Cranial Listening

lalouxschool.com