Pase lo que pase y ocurra lo que ocurra, me acepto y me quiero

De todas las relaciones posibles, la más importante para la felicidad es la que establecemos con nosotros mismos. Pasamos veinticuatro horas todos los días con nosotros. No hay otra relación más íntima y duradera.

Puesto que vamos a convivir con nosotros durante toda la existencia, mejor ser amigos que enemigos, mejor tratarnos bien que hacernos sufrir ¿no?

La amistad es una experiencia de amor, que desea y se alegra con el bien del otro. A los buenos amigos les conocemos, les aceptamos, les valoramos, confiamos en ellos, deseamos que realicen su potencial, les apoyamos y disfrutamos plenamente de su presencia…

Tener una buena autoestima es ser un buen amigo de ti mismo.

Aceptarnos
Querernos Valorarnos
Tomar nuestra libertad
Crear la vida que queremos es una base firme para Vivir Bien la Vida.

Quien se hace daño a sí mismo se lo hace al mundo entero

Cuando nos miramos con desaprobación, nos rechazamos y nos retiramos el amor, sufrimos daño emocional. Y cuando estamos dañados nuestras relaciones se resienten y se acrecienta el dolor en el mundo.

¿Cómo nos hacemos daño a nosotros mismos? ¿Qué entendemos por relación con uno mismo? ¿Entre qué partes se establece la relación?

La relación con nosotros mismos es la relación entre nuestro Yo (el ente interpretador, el creador de los diálogos internos) y nuestro organismo (Cuerpo, mente, psique, alma). ¿Qué ideas me hago sobre mí mismo (autoconcepto)? ¿Cómo proceso y valoro mi existencia? ¿Me acepto? ¿Me quiero? ¿Me valoro?…

Cuando el Yo está herido, piensa mal, condicionado en exceso por los miedos o la paranoia y socava las energías del organismo con los juicios destructivos. Cuando el Yo está herido se activa el “modus cocodrilo” hacia uno mismo:

Mira con ojos críticos al organismo y le juzga negativamente:”Soy inadecuado, no valgo, soy un desastre, hago daño, no merezco el amor, soy débil, no puedo, no sé…”
Rechaza y reniega del organismo: “No me gusto, no me aguanto, no me quiero…”
Actúa creando sufrimiento innecesario: “Me hago daño comiendo en exceso”, “Hago daño a los otros con mi desconfianza y defensividad” … Lo que produzca sufrimiento innecesario, sobra.

Sanar es aprender a mirar con el corazón

Podemos salir de las tinieblas que producen sufrimiento innecesario e instalarnos en la dicha, para la que la naturaleza nos ha dotado.

Cuando el Yo está sano, piensa bien, construye relatos potenciadores de la naturaleza y establece una relación positiva con el organismo:

Tiene una mirada realista, apreciativa (amable y valorativa): “Soy un hijo de la vida, un organismo singular y único. Estoy de aventuras. Estoy aprendiendo. Me hago cargo de mis acciones y sus consecuencias. Soy comprensivo con mis errores. Reconozco mis talentos y los despliego. Puesto que estoy aquí, merezco ser feliz…”
Acepta y ama: “Me acepto y me quiero, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra todos los días de mi vida”, “El animal sapiens que soy merece amor, cuidado y ternura por el hecho de estar vivo”.
Actúa apoyando al organismo: “Me cuido, me protejo y me nutro”. “Ejerzo la voluntad, aprendo de los errores, me apoyo, me doy alas, miro a mi alrededor y elijo acciones ganar-ganar…”

La buena mirada y la apertura de corazón son las claves de la libertad interior.

Cuando nos tratamos con aceptación, amor, cuidado y valoración, nos sentimos a gusto en la piel y nos expresamos naturales y libres.

El amor sana porque comprende, integra y perdona. Es desde una mirada apreciativa hacia nuestro organismo que podemos recuperar el equilibrio y la fuerza para seguir aprendiendo.

Mirar con el corazón te permite:
♥ Liberarte de lo que te estorba: culpas, resentimientos, paranoias…
♥ Aumentar el amor por ti mismo
♥ Estar a gusto en tu piel
♥ Aumentar la confianza en ti mismo
♥ Desarrollar la biofilia
♥ Practicar el arte de la comunicación asertiva
♥ Escuchar tus sueños y anhelos
♥ Crear la vida que quieres

“Más allá del muro, soy libre, soy bella, soy buena. La naturaleza sabia habita en mi”

Viniste a ser feliz, no te distraigas.

El universo conspira a tu favorEinstein

Si afinas la empatía puedes sentir la vida inteligente en cada árbol, en cada emoción, en el cuerpo que te ha sido dado…

Degradamos lo sagrado cuando construimos visiones y relatos restrictivos de la naturaleza.

No compartimos la visión de una cultura que afirma que la vida es un valle de lágrimas, que estamos condenados a parir con dolor y a ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, que el cuerpo es una fuente de sufrimiento, que la mujer es el pecado, que sufrir es un valor…

Estamos en el bando de los que dicen: No, así no es la vida, así es como unos cuantos quieren hacernos creer, pero no, no hemos venido a sufrir. Encarnar un cuerpo trae consigo grandes recompensas y gozos, el cuerpo es un milagro inteligente, el poder femenino es bello, el placer es una bendición… Hemos venido a disfrutar de la vida, a dar nuestros frutos y a aprender.

Decir que la vida es un valle de lágrimas, es simplificar y deshonrar el gran misterio de la existencia.

La vida quiere que disfrutemos. Quiere que aprendamos cuanto antes del dolor para recuperar la armonía. El dolor es consustancial a nuestra naturaleza sensible, pero es una estación de paso, no un destino en el que permanecer. Dijo Buda: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. Dolor el justo.

La vida no te pide que cargues lastres, quiere que seas libre y encuentres la paz. Quiere que goces de los dones, en equilibrio. Somos hijos del equilibrio y recibimos el mandato que a los “sapiens” nos obliga:

Sea cada uno quien es, inventen el equilibrio, construyan el paraíso aquí, en la tierra

Equipo Kiluz
Escuela de Ecopsicología de España
laloberadegredos.com