Cada una de nuestras células contiene el conjunto de nuestra información genética: 46 cromosomas heredados de nuestros padres, con un total de 25 000 genes. Sin embargo, y a pesar de contener todas la misma información, no se comportan igual: una célula hepática no se parece en nada a una célula de la piel, ni tiene las mismas funciones que una célula cardíaca. Igualmente, dos gemelos con exactamente el mismo ADN nunca son idénticos, ni comparten las mismas enfermedades.

También podemos preguntarnos cómo es que el chimpancé y el hombre son tan diferentes a pesar de compartir el 99% de sus genes o por qué una segunda generación de inmigrantes chinos que viven en Estados Unidos presentan el mismo riesgo de cáncer que el resto de la población americana cuando en China es 6 veces menor.

Estos ejemplos traducen lo que se conoce hoy en día como la epigenética.

¿Qué es la epigenética?

La epigenética es el estudio de las interacciones entre los genes y el entorno que conlleva a una modificación en la expresión de los genes. Para entenderlo mejor recordemos que gran parte de lo que ocurre en nuestro organismo depende de los genes y en particular de si estos se expresan o no.

Los procesos epigenéticos no modifican en nada el código genético, sólo modifican la expresión de los genes a través de diferentes mecanismos, lo cual funciona como un interruptor que pone a los genes en “modo off”, evitando así que se expresen.

Epigenética transgeneracional
Uno de los grandes descubrimientos en el ámbito de la epigenética es lo que se conoce como epigenética transgeneracional: los cambios en la expresión de los genes pueden ser transmitidos a las siguientes generaciones.

Los primeros estudios que permitieron llegar a esta conclusión se realizaron con poblaciones holandesas al observar que los hijos de mujeres que habían pasado hambre nacían con un peso muy inferior a la media, lo cual no es nada extraño. Lo verdaderamente asombroso fue observar que los nietos de esas personas tenían esa misma característica en el peso. Es decir, las modificaciones que ocurrieron durante ese periodo fueron transmitidas a los nietos.

¿Qué factores pueden activar o inhibir los genes?

Todavía estamos lejos de conocer todos aquellos factores ambientales que pueden modificar la expresión genética, sin embargo, se sabe que el estrés, el entorno, la contaminación, una alimentación desequilibrada, el hambre, el tabaco y las drogas, vivencias personales, etc., pueden llegar a hacerlo.

Epigenética nutricional
Según la doctora Claudine Junien, muchas de las patologías que hoy nos invaden como puede ser la obesidad, la diabetes tipo 2, las cardiopatías, entre otras, podrían explicarse por “programaciones epigenéticas” generadas por desequilibrios nutricionales que pudieron ocurrir tanto durante el embarazo de la madre, como durante la lactancia o, posteriormente, a lo largo de la vida y a raíz de un aporte nutricional inadecuado.

Epigenética emocional
Así como la alimentación puede producir cambios en la expresión de nuestros genes, también ocurre lo mismo con los golpes emocionales o el estrés continuado. Desde la antigüedad se sabe que ciertas patologías se desarrollan a raíz de traumas emocionales.

El Doctor Hamer, después de haber trabajado a largo de su vida con miles de pacientes, dejó constancia de cómo un shock emocional que nos sorprende desencadena en nosotros el desarrollo de una patología.

Recientemente, los estudios llevados a cabo por el profesor Jonathan Seckl demostraron que los sucesos estresantes ponían en marcha el proceso epigenético que funciona como un “interruptor” de ciertos genes y que luego es heredado.

Cáncer y epigenética

Todos presentamos genes que promueven la división celular así como genes que la controlan. Los mecanismos epigenéticos pueden desactivar los genes que controlan la división celular, y por lo tanto dar lugar a células cancerígenas.

Sin embargo, la aparición de modificaciones epigenéticas puede ser reversible y un cambio en nuestro estilo de vida puede hacerlas desaparecer. Así lo demostró la Academia de Ciencias Americana en un estudio en el cual hombres con cáncer de próstata que rechazaron el tratamiento convencional, decidieron realizar un cambio drástico en su estilo de vida: cambio radical de alimentación, canalización del estrés (yoga, meditaciones, respiraciones guiadas, visualizaciones…), ejercicio aeróbico y suplementación. Los resultados de este estudio mostraron que estos cambios modificaron en solo 3 meses la expresión de genes implicados en el desarrollo del cáncer.

Conclusión
El determinismo genético nos enseña que los genes son los responsables de todo lo que somos y nos libera de responsabilidad mientras que para la epigenética, la célula recibe permanentemente todo tipo de señales, informándola sobre lo que la rodea para ella poder “adaptar” su actividad a la situación. Entendemos que el comportamiento de la célula para la epigenética no está programado, sino que ajusta su actividad de acuerdo a las señales del ambiente.

Comprender cuándo una situación o un comportamiento está afectando a nuestra salud y qué opciones tenemos para interferir en la “activación-desactivación” de los genes es ámbito de la epigenética y una responsabilidad individual.

Claudia Grinvalds Garbati
Naturópata por IEN El Vergel.
Licenciada en Biología Máster en ecología y otro en virología
por las Universidades Autónoma y Complutense de Madrid respectivamente.
Actualmente colabora con IEN El Vergel y combina la docencia con su consulta.

www.el-vergel.com