Cuando comencé con la práctica del yoga, hace más de medio siglo, poquísimas personas en nuestro país habían siquiera escuchado este término. Hoy en día, desafortunadamente, se ha convertido en un producto más dentro del supermercado espiritual y en muchas ocasiones, para venderlo y ofrecerlo como un atractivo artículo para el embellecimiento del cuerpo, se ha falseado, sustrayéndole su auténtico sentido… Según el Standard de belleza actual, la gente quiere tener un cuerpo esbelto, aunque por dentro esté desequilibrado y aunque la mente sea un contenedor de tendencias insanas y pensamientos negativos.

Hoy en día se promueven y venden todo tipo de “yogas”, que nada tienen que ver con el yoga genuino, y muchos practicantes olvidan por completo el pranayama, la relajación consciente, la meditación y otras prácticas imprescindibles, centrándose obsesiva y compulsivamente en las posturas corporales y ejecutándolas violentamente, con un sentido gimnástico o atlético, pero descuidando la mente y el espíritu. Se convierte así este “yoga” modernizado en un culto al cuerpo, dando paso a la estampa del campeón, al narcisismo y al reforzamiento del ego, cuando el verdadero yoga es el trabajo consciente sobre el cuerpo y la mente para retornar al verdadero ser que se oculta tras la burda máscara de la personalidad, cultivando la humildad, el sosiego, la lucidez y la compasión.

Es inexcusable que determinados mentores indios, deslumbrados por la demanda occidental y el lucrativo negocio que ello reporta, hayan hechos concesiones incalificables falseando así la verdadera enseñanza, deformando así malévolamente el yoga y creando una enorme confusión. Muchos de estos mentores, ávidos de afirmación egocéntrica y de dólares, han desplegado sus codiciosos tentáculos por Norteamérica, adulterando y deformando la Enseñanza a su antojo, con tal de satisfacer sus propios intereses. Por ello es necesario que el practicante serio de yoga, con inquietudes y sensibilidades espirituales y que no sólo pretenda tener un trasero muy bonito con la ejecución violenta de los asanas, alerte el discernimiento y retorne a los principios del yoga auténtico, que algunos en su “modernismo” tildan de anticuado, como si pudiéramos considerar anticuado el juego de ajedrez o el senderismo.

Álvaro Enterría (editor y escritor, buscador espiritual, que vive desde hace más de dos décadas en Benarés) me escribió para decirme, tras leer una entrevista que me hiciera Gustavo Plaza en su revista Sadhana y en la que yo ponía todo lo comentado en evidencia:

“Una labor muy necesaria es la de desenmascarar todos los neoyogas, neovedantas y neotantras que desfiguran las auténticas tradiciones. Es el aspirante el que debe hacer el esfuerzo para ponerse a la altura de las enseñanzas, no éstas quienes deben bajar al nivel medio de los aspirantes. Pero tal como está el personal, este proceso de aguar las tradiciones espirituales está ocurriendo incluso en la India. Así ahora en la India hay el yoga clásico y el yoga traído de Occidente, basado exclusivamente en los asanas y obsesionado con la salud. Es una pena que una tradición que tiene por fin acabar con la identificación del hombre con su cuerpo y su mente se convierta en un culto al cuerpo, como dices. Como hay una demanda espiritual sin esfuerzo, y de disfrute, pues se les da eso. Muy poca gente dispuesta a hacer el sacrificio que una vía espiritual conlleva. Hoy en día todo vale, hay una enorme confusión”.

Y por su parte Agustín Pániker (escritor, editor y buscador espiritual) me escribió:

“No puedo estar más de acuerdo con Álvaro y contigo. El mundo de la espiritualidad está lleno de aprovechados y caraduras. Yo creo que siempre lo ha estado, pero ahora, con el dinero que se mueve, se ha convertido en el verdadero bazar de los ladrones. Rebosante de charlatanes”.

Hoy en día el yoga es más necesario que nunca, pero el verdadero yoga, el que procura las más elevadas enseñanzas espirituales, adogmáticas, y brinda todo un cuerpo de métodos de autorrealización verificados incansablemente a lo largo de milenios, y que es el resultado de las mentes más realizadas de la Humanidad, que nos han legado una sabiduría perenne.

Ramiro Calle

Director del Centro Sadhak

www.ramirocalle.com