Desde los tiempos más remotos ha habido personas que han experimentado el impulso sagrado de mejorarse, evolucionar conscientemente, humanizarse y darle un propósito y un sentido a sus vidas. Para ello han concebido toda clase de actitudes y métodos para el desarrollo de la consciencia y el mejoramiento humano.

Se ha ido así configurando el Trabajo, también llamado el trabajo interior o trabajo sobre uno mismo, consistente en poner todos los medios para mejorar la calidad de vida interna y ensanchar la consciencia, logrando un modo de ser más idóneo y pudiendo actualizar los recursos y potenciales internos para bien propio y el bien de los demás.

Nada ha quedado librado al azar; nada resulta gratuito. Este trabajo, que es inspirado por el anhelo de Búsqueda, ha florecido en todas las épocas y latitudes y de acuerdo a la cultura del lugar se han transmitido sus enseñanzas con una u otras palabras, pero siempre siguiendo la misma dirección y persiguiendo el mismo objetivo. Es el resultado de las mentes más realizadas y una herencia de valor inestimable y que sigue más viva que nunca.

Estas Enseñanzas han aflorado muy a menudo al margen de las iglesias instituidas y tienen un carácter adogmático, conectando con la esencia de grandes seres como Lao Tse, Buda, Jesús, Mahavira, Pitágoras y otros. Es un legado extraordinario, cuyas enseñanzas y métodos, instrucciones y técnicas, han sido verificadas a lo largo de milenios y han ayudado a infinidad de buscadores espirituales de todas las épocas y latitudes a conferirle un alto significado a sus vidas.

El trabajo tiene sus leyes y sus claves. Configura un extraordinario cuerpo de solventes y fiables enseñanzas y de métodos prácticos para hacer posible la transformación interior. Es una alquimia interna para conseguir eliminar los velos de la mente y desencadenar el conocimiento correcto y transformativo, que desvela y revela.

El Trabajo ha hecho desde siempre una clara distinción entre la persona real y la persona adquirida, o sea entre la esencia y la personalidad, el Ser y el yo social, el núcleo ontológico o Base y el ego. Mediante el trabajo sobre uno mismo se trata de ir desaciéndose del ego para poder experimentar el Ser, para lo cual se requiere un conocimiento de orden superior (nada tiene que ver con el conocimiento ordinario o saber libresco) y una percepción muy especial que pueda ver más allá de las apariencias.

El aspirante tiene que ir averiguando qué es lo propio y qué lo ajeno, qué es lo aparente y qué lo real, qué lo esencial y qué lo adquirido. Para eso se requiere la investigación de sí o autovigilancia, que llevará el autoconocimiento o descubrimiento de sí, y que hará posible la transformación y la autorrealización. Es un viaje donde se van poniendo en marcha los factores de iluminación: energía, atención vigilante, sosiego, contento interior, ecuanimidad, indagación de la realidad y lucidez. Sobreviene así también la verdadera compasión. Este viaje no está exento de muchos obstáculos que hay que ir salvando con tesón y paciencia. Sobre todo hay que redoblar energías para que la consciencia no se deje arrastrar por la inercia y la mecanicidad.

Es un trabajo integral o sea que aborda todas las esferas o planos de la persona: físico, energético, mental, emocional y supramental. Para ello se ofrecen las instrucciones precisas, que se han ido transmitiendo desde la noche de los tiempos de maestro a discípulo.

El yoga es el método más antiguo de evolución consciente y trabajo sobre uno mismo. Pero hablamos del verdadero yoga y no de la sarta de pseudoyogas o «yogas» desnaturalizados que están surgiendo y que traicionan la esencia del verdadero yoga y que no son más que simulacros que venden los desaprensivos y ávidos para atrapar a incautos y desinformados. El verdadero yoga es el eje espiritual no solo de Oriente, sino también de Occidente. Es básicamente un método transformativo y liberatorio.

La meditación ha sido desde antaño la columna vertebral del trabajo interior, la praxis para ayudarse en el camino hacia los adentros y la elevación de la consciencia. La consciencia se convierte así en el dios que tiene que despertar dentro de nosotros, el gran maestro que va a dirigir nuestros pasos en la larga, pero siempre prometedora, marcha de la autorrealización.

Ramiro Calle

Centro de Yoga Shadak

www.ramirocalle.com