La Danza Oriental Mística, una tradición que bebe de la sabiduría ancestral femenina de todas las tribus, donde cada mujer es única y a la vez parte integrante de un movimiento antiguo y sagrado.

Desde tiempos ancestrales, en todas las culturas, de todos los continentes, las mujeres se han reunido para bailar juntas en la sencillez de un círculo. El círculo, símbolo de unidad y de culto a la Tierra, conocida como la Madre Tierra por ciertas civilizaciones arcaicas, y considerada como la madre Naturaleza de toda la creación es la representación geométrica de la Esencia de la Danza Oriental Mística.

Esa esencia, que la hace diferente de otras técnicas como la danza del vientre (tan popular en la actualidad), ayuda a conectar a las mujeres con lo más profundo de sí mismas, en un espacio donde la competencia desaparece y vuelve a surgir la igualdad en la diferencia. La Danza Oriental Mística ayuda a crear un espacio en movimiento, en el que cada participante florece desde su potencial, sin rivalizar con nadie, fluyendo de manera natural dentro del grupo, que como un fuego profundo y sagrado, potencia el resto.

Nuestra Danza viene de muy antiguo y acoge a todas las mujeres con sus similitudes y hermosas diferencias fundamentándose en lo sencillo que inspira y genera un entorno donde todo crece más deprisa.

Volver a la pelvis y a la vez bailar con el corazón. Honrar a la Madre Tierra sin olvidarnos de tocar el cielo. Sentir el movimiento, con los ojos bien abiertos (la magia se produce entre mujeres despiertas) y volver a sentirlo con los ojos cerrados, para volver la mirada hacia dentro de nosotras mismas. Dejamos a un lado los movimientos perfectos y las coreografías complicadas, centrándonos en reconectar a cada mujer con su cuerpo y su corazón y que desde allí, los movimientos surjan y se expandan.

A lo largo de nuestros encuentros disfrutamos de los procesos evolutivos de todas y cada una de nosotras, recuperando la Feminidad Sagrada, retomando el movimiento de la mujer libre. Le damos alegría y chispa vital a los movimientos tímidos y mecánicos de los primeros días, y éstos se vuelven más fluidos y poderosos en cada sesión. Así, vamos abriendo la puerta a danzar como autenticas bailarinas ancestrales, sabedoras de las fuerzas que habitan en todas y cada una de nosotras. La risa desde el alma, el amor hacia nosotras mismas y el reencuentro con más mujeres en danza, nos trae de la mano y el corazón bellas transformaciones hacia el empoderamiento femenino y nuestra vida cotidiana.

No se trata de aprender la técnica desde la cabeza, sino de volver a sentir el cuerpo y corregir las tendencias para que los movimientos sean cada vez más limpios y activen en nosotras la función con la que fueron creados. De esta manera bien simple y a la vez directa, se producen cambios interesantes en todo el cuerpo, se va descubriendo el poder y la maravilla de ser mujer, nuestro legado, nuestra tarea-misión en este tiempo de la historia, todas a una, unidas en una misma danza.

Desde el círculo, la risa, la celebración de nuestra feminidad, disfrutamos el nuevo tiempo y la nueva mujer y trabajamos temas específicos, ayudando e invitando a conectar con diferentes aspectos de nuestra vida, con los ritmos de la naturaleza, con nuestra riqueza femenina. Así, vamos descubriendo las diferentes energías asociadas a cada estación, a los distintos elementos, a la Sexualidad Sagrada, a la Mujer Salvaje, etc.

En cada encuentro trabajamos con una serie de movimientos, que crean un enlace, relacionado con el tema impartido, donde los movimientos se van integrando lentamente, desde lo lúdico, de manera relajada y con la alegría por bandera. Pero a la vez se llega a lo profundo, conectando con partes de nosotras con las que raramente trabajamos, integrando lo espiritual en lo físico a través del movimiento.

El ritmo del grupo lo van marcando las participantes, que siempre se renuevan. No trabajamos con diferentes niveles. El nivel viene determinado por el trabajo interno de cada una y todas somos importantes en esta Tradición, en esta Danza, que ayuda a que cada una saque y comparta lo mejor de sí misma para disfrutarlo posteriormente en su vida cotidiana.

Esta tradición bebe de la sabiduría ancestral femenina de todas las tribus, donde cada mujer es única y a la vez parte integrante de un movimiento antiguo y sagrado. Es una tradición que proviene de lo práctico y huye de toda parafernalia carente de contenido, buscando rescatar lo femenino desde la naturalidad, trabajando con los colores, las velas y todo lo que reactive la belleza de cada una de nosotras desde lo sencillo.

La Danza Oriental Mística conecta a cada mujer con el poder personal desde lo femenino, desde lo sensible, desde la música y el movimiento. Es un espacio en el que la mente se aquieta y brota lo interno. Un espacio sagrado que se instala en el cuerpo, ayudando a recuperar la acción y la magia en el día a día.

La práctica nos libera del estrés diario, regula nuestra menstruación y nuestro metabolismo cíclico y mejora nuestra vida sexual. A nivel psicológico, en poco tiempo, las alumnas comienzan a sentirse más fuertes y seguras, mejorando sus habilidades sociales y la toma de decisiones, debido a que esta danza, nos conecta con la tierra y, por tanto, nos ayuda a conectar con la realidad y a clarificar ideas y objetivos en nuestra vida cotidiana.

Con faldas largas y sin pañuelo de monedas, realza la mujer que se gusta a sí misma y desde ahí vive con la fuerza de su alma. La belleza de la mujer que se descubre en el espejo y se libera de todas las cargas y arquetipos.

Nuestras danzas abordan a la mujer desde lo integral, entendiendo la pluralidad de lo femenino, siendo conscientes de que cada mujer tiene un gran número de facetas y buscando integrarlas todas con naturalidad y en plenitud, soltando la culpa, la exigencia y los miedos y poniendo a bailar, a la niña, a la adulta, a la anciana y a la diosa alineadas en la conquista de nuestra libertad.

Nuur Ydalga

Creadora del sistema Danza Oriental Mística

www.danzanuur.com

www.almadetao.com