El Ermitaño huraño

 

 

Era ermitaño desde hacía muchos años, pero a pesar de ello su mal carácter no había cambiado. Vivía en una pequeña ermita en la inmensidad de las montañas.

Un día un hombre que estaba viajando por la zona, se encontró con el ermitaño y respetuosamente le dijo:

– Te brindo mi saludo con mucho afecto y respeto, hombre piadoso. ¿Te encuentras bien?

El ermitaño le miró con expresión torva y adustamente rezongó:

– ¿Cómo voy a estar bien, necio? ¿Puede estar bien un hombre que es un prisionero?

– ¿Un prisionero?- reaccionó con sorpresa el viajero-. Pero si puedes moverte a tu antojo por toda esta inmensidad.

Amargamente el ermitaño repuso:

– Todo este universo se me antoja excesivamente pequeño y me siento preso en él.

El viajero le miró confundido y estupefacto.

– ¡No pongas esa cara de bobo!- masculló desabridamente el ermitaño-. ¡Qué pequeño debe ser este mundo para que nos hayamos encontrado!

Y el viajero replicó:

– ¡Y qué pequeño debe ser tu corazón para que sea tan poco amable!

 

REFLEXIÓN:

 

Un corazón contraído, egoísta y hostil es una tragedia; un corazón generoso, expansivo y amoroso es una bendición para uno mismo y para los demás.

Hay que cultivar, desplegar e intensificar la compasión, la indulgencia, la generosidad y la amabilidad. La amabilidad debe impregnar los pensamientos, las palabras y las obras.

Buda le aconsejaba a su hijo Rahula: «Desarrolla la meditación sobre la benevolencia, Tahula, pues con ella se ahuyente la mala voluntad. Desarrolla la meditación sobre la compasión, Rahula, pues con ella se ahuyenta la crueldad. Desarrolla la meditación sobre la alegría altruista, pues con ella se ahuyenta la envidia«.

Como decía e insistía en ello mi admirado y muy querido Babaji Sibananda: «Lo único importante de la vida es el amor más la paz. Venimos y partimos. Lo esencial de la vida es cooperar con los demás«.

La flor más olorosa y hermosa es la compasión y poder disponer de un corazón tierno iluminado por una mente clara.

Hay una meditación que se llama metta o amabilidad amorosa, y que consiste en irradiar sentimientos de amor en todas las direcciones y hacia todas las criaturas, con el sentimiento profundo y el deseo intenso de que llegue el día en que todos los seres sean felices y ninguno reciba sufrimiento. En esta meditación nos incluimos a nosotros, a los seres humanos, los animales y el planeta.

 

Lo esencial de la vida es cooperar con los demás

Ramiro Calle
Director del centro Shadak

www.ramirocalle.com
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