El desempleo representa uno de los eventos de la vida más estresantes. A pesar de las diferencias individuales, se pueden describir distintas fases emocionales por las cuales atraviesa el parado. Se pasa de un choque inicial a un período de optimismo y luego un estado caracterizado por un profundo pesimismo que tiende a culminar en una rendición de corte fatalista. Estas fases temporales se manifiestan con mayor claridad y se agudizan proporcionalmente a la duración del tiempo del parado, pues la falta de trabajo obliga a muchos desempleados a enfrentarse con elecciones de vida y cuestiones fundamentales de su propia identidad con las cuales no les había tocado enfrentarse en el pasado. La fuerza de la reacción emotiva se manifiesta en medida proporcional al grado de identificación del individuo con el rol profesional que desempeña.

Existen ciertas dimensiones de los eventos vitales que incrementan la asociación entre éstos y ciertos desórdenes emocionales. El desempleo se asocia con trastornos porque contiene estas dimensiones al presentarse como un hecho indeseable, incontrolado e impredecible.

El proceso individual y colectivo
La existencia de un desempleo masivo impacta fuertemente en el psiquismo de la población produciendo malestar psicológico y fragilización psíquica. Este malestar incluye sensaciones de inseguridad y de incertidumbre. Inseguridad ligada a lo económico, pero también inseguridades ligadas al desarrollo personal y a la autoestima. La incertidumbre se produce pensando en el futuro. Este paso de un trabajo a otro, sin certezas para el mañana, obliga a elegir estrategias día por día, que impone prácticas ligadas sólo al presente. Lo que entra en crisis es la idea de proyecto, porque tener un proyecto significa organizar una trayectoria en el tiempo y creer que mañana será mejor, que se puede confiar en el futuro y que el progreso y el ahorro personal y familiar son posibles.

Los desempleados sufren un proceso de aislamiento y desestabilización: se pierde la capacidad de control sobre su propia vida, su libertad de elección desaparece y se sienten cada vez más a merced de los acontecimientos externos, por ello tienden a perder la esperanza, la confianza en la ayuda y a deprimirse. Su nuevo ambiente de vida no proporciona más objetivos ni requiere ni estimula las capacidades profesionales, el tiempo se alarga y se desestructura, tienden a ir perdiendo poco a poco la capacidad de previsión porque hay que resolver el día a día y en cuanto los espacios de contacto social poco a poco se van reduciendo produciendo un proceso de aislamiento, entre otras cosas por sentirse excluidos del interés común y de la «conversación social».

Varias disciplinas analizan el desempleo desde diferentes perspectivas, por el lado del enfoque económico, antropológico, sociológico, psicológico etc.

El coaching y el desempleo
El Coaching, por su parte, aporta evidencia acerca de los efectos individuales y grupales asociados al desempleo masivo y proporciona una red simbólica donde poder reestablecer los lazos consigo mismo y con el entorno a través de las distintas sesiones que tiene el proceso en sí mismo.

Nuestra misión en el tema del desempleo es devolver una nueva perspectiva y acompañar a nuestro cliente a reencontrarse con todas sus herramientas interiores para ponerlas al servicio de su nueva realidad. Es un trabajo de reconstrucción después del primer impacto, el coach pasa a ser una figura que acompañará en el camino de reinserción laboral y social sabiendo que habrá momentos difíciles que nuestro cliente tendrá que afrontar para lo cual estaremos a su lado.

El Miedo
Norberto Levy en su libro «La sabiduría de las emociones» nos habla claramente de las reacciones en cadena que se producen cuando intentamos silenciar el miedo.

«Es interesante como los seres humanos producimos una respuesta en relación con las emociones en general —y al miedo en particular— es que no sólo las sentimos, sino que además reaccionamos interiormente ante ellas. Y esto genera una segunda emoción. Solemos sentir miedo por algún motivo y, a continuación del miedo, podemos experimentar vergüenza, humillación, y decir ¡Yo no tengo miedo!»

«Puede ocurrir que uno, efectivamente, no sienta miedo porque no experimenta situaciones en las que existe una desproporción entre la amenaza y los recursos. Es una posibilidad absolutamente plausible. Pero también puede ocurrir que si por sentir miedo uno ha sido rechazado, descalificado, tildado de cobarde, etc., poco a poco vaya anestesiando la percepción de su miedo. Ya no lo registra y frecuentemente desemboca en el: «¡No tengo miedo!». Al no contar con esa señal, arremete contra el desafío que tiene delante sin reconocer qué recursos son necesarios para hacerlo. Quien así actúa es quien mejor conoce el resultado final más frecuente: acabar estrellado contra los desafíos, con más heridas que logros. Anestesiar el miedo es como cubrir la luz roja del tablero de mandos, para que no se vea… «

¡Yo podía… y creía que no podía!
«Durante mucho tiempo tenía miedo de bailar en público porque pensaba que la vergüenza me podría, hasta que lo hice y me di cuenta que tenía los recursos para hacerlo.»
Este ejemplo muestra que no basta con tener los recursos, sino que además es necesario saber que uno los tiene. Debajo de mi casa puede existir un enorme pozo de petróleo, pero si no sé que está, es como si no estuviera. El reconocer que uno cuenta con los recursos forma parte de los recursos necesarios.

Realizar un proceso de coaching tiene enormes ventajas ya que al no tratarse de una terapia en pocas sesiones podemos ver resultados evidentes tanto en la mejora de nuestra autoestima como también en nuestros deseos personales de volver a resurgir de las cenizas, volver a creer y a crear nuevas e infinitas posibilidades para nuestras vidas. Desde el coaching tomamos la crisis personal como una oportunidad única de cambio centrándonos en las acciones y en los objetivos con nuestros clientes para acompañarlos a sus metas.

Desde nuestra vasta experiencia muchos de nuestros clientes han logrado posicionarse muchísimo mejor y han hecho de sus crisis de desempleo un cambio y un aprendizaje positivo adquiriendo nuevas herramientas y habilidades, han desarrollado más aun su empatía personal y su confianza para consigo mismos y con su entorno. Han aprendido a aprender de las crisis que la vida nos trae y a poder confiar que junto a un Coach es posible no perderse en el intento de volver a empezar.

Verónica Rodríguez Orellana
Coordinadora del Coaching Club Madrid. Coach sistémico
Terapeuta Gestalt. Master – Practitioner en PNL
www.coachingclub.es