Cuando llega el buen tiempo, es el momento de liberarnos del exceso de energía yang que hemos acumulado durante el invierno.

Como en la naturaleza todo es equilibrio y no hay cara sin dorso, ni yin sin yang, durante el invierno, cuyo clima es frío (yin), hemos comido para equilibrarnos de forma natural, platos cocinados con más sal, más grasa, horneados, frutos secos y las verduras de invierno que siempre contienen más minerales. Todo ello (yang).

No obstante si queremos fluir con las estaciones, cuando los días se alargan y vamos camino del calorcito, debemos comer más yin, ya que el clima estival es más yang, disfrutamos de más sol.

La naturaleza en su transición hacia el estío, durante toda la primavera, nos provee del sabor ácido y del tipo de alimento que nos ayuda a eliminar el exceso de minerales y de grasas.

La energía del hígado nos es muy útil para «secar» el organismo de retenciones de líquidos, depósitos de grasas y mucosidades que nos engordan. Y un buen momento también, para liberar estancamientos energéticos que hacen adelgazar a personas con problemas de sobrepeso.

¿Cómo podemos hacer esto?

Pues, comenzando a introducir el sabor «astringente» que, como bien dice el ayurveda ayuda a eliminar excesos. Alguno de estos son:

El limón, un poquito de vinagre de ume boshi o de arroz en los guisos, manzanas, fresas, nísperos, cebolletas, cebollino, perejil, brócoli, hojas verdes que no sean tropicales, berros…

Se activa el hígado, a este órgano le gusta mucho el movimiento: caminar, pasear, bailar, hacer algún tipo de deporte, es el momento ideal para hacerlo.

Resultaría muy interesante hacer una dieta depurativa con caldos de verduras verdes, así como, puerros, apio, ortigas, rabanitos, miso, champiñones, un poquito de limón.

Hay que empezar a tomar más manzanas verdes, e incluir entre nuestros cereales, la cebada.

Este cereal conocido vulgarmente como alimento para «ganado y caballos», tiene muchas propiedades: es un cereal ligero y refrescante, recomendado para solucionar problemas digestivos en los niños y apropiado en primavera y verano. Fortalece hígado, corazón e intestino delgado. La cantidad de proteína de la cebada es superior a la del trigo, y contiene más cantidad de vitaminas B1 y B2. Además es rico en fósforo, calcio, magnesio, hierro, potasio y zinc. Contiene una importante cantidad de fibra (17,3%). Es un alimento fortificante y tónico del organismo, indicado pana personas con problemas digestivos, colesterol y diabetes. Es uno de los cereales más equilibrados; da claridad mental favoreciendo el cambio y la adaptación.

Se puede usar mezclada con el arroz, o se puede hacer una sopita de cebada con lenteja roja en los días primaverales más fríos, con calabaza o zanahorias. También podemos usarla para hacer ensaladilla utilizándola en lugar de la patata con la diferencia de que la cebada adelgaza y sacia, mientras que la patata engorda y dilata el intestino; queda muy rica con su «Tofunesa» y todo, se le pueden añadir, alcaparras, aceitunas…

Para realizar esta depuración es interesante dejar de consumir tanta proteína animal. Sería muy bueno no tomar carne durante la primavera y el verano, pues, se movilizaría todo el depósito de grasa antigua del cuerpo y el colesterol.

Para personas no macrobióticas la carne podría sustituirse por pescado y para vegetarianos y veganos, por tempeh o fu, que son proteínas vegetales de muy alta calidad y de fácil asimilación.

Muchas personas son reticentes a dejar la proteína animal en base a que la «dieta mediterránea», la recomienda.

Pero pensemos por un momento si la cantidad de carne que tomaban nuestras antepasadas, es la que tomamos hoy. Ni se parece, ya que antes los animales disponibles crecían naturalmente y eran pocos y costosos de criar. Sin embargo, hoy día hemos aumentado de manera artificial el número de proteína animal disponible, acortando el ciclo de vida de los animales y produciéndolos aceleradamente a base de piensos, forzándoles a comer, y dándoles hormonas. Con lo que es de sentido común que hoy estamos comiendo un exceso de estos productos, creyendo que siempre ha sido así, y nada más alejado de la realidad.

De hecho en el ciclo natural de antaño, cuando no se «fabricaban» animales como sí de objetos se tratasen, la época de mayor cantidad de carne era el otoño, la época de la matanza; en esos momentos de cara a la entrada del invierno y el frío de cierta manera podía resultar equilibrado consumir más cantidad de carnes, pues estas aumentan nuestro calor interno, el colesterol, y nuestra grasa corporal y mineralizan o yangizan y contraen el organismo de cara al frío.

(Recuerdo que en época fría lo equilibrado es contraerse o yangizarse comiendo más yang, y en épocas de más calor, relajarse abrirse y descontraerse hidratándose de cara a soportar el calor).

Nuestras antepasadas guardaban carnes secas, embutidos para todo el año y los iban administrando con tiento en sus guisos de legumbres y verduras, de forma que a la llegada de la primavera y el verano estas reservas cárnicas se encontraban casi agotadas. Los animales nacen en primavera y crecen durante el verano, luego hasta el nuevo otoño y la nueva matanza, la alimentación consistía en platos de cereales legumbres, ensaladas, verduras y abundancia de frutas acuosas que produce nuestro clima en verano a fin de aguantar la sequía y el calor.

Era en cierto modo lógico y equilibrado.

Tampoco antes había aire acondicionado ni calefacción en las casas y era urgente tener reservas de grasa en invierno, y estar fresco en verano, hoy día con la vida artificial, ni nos planteamos el exceso de calor que aporta al organismo un guiso de lentejas en agosto, nos limitamos a comer sin sentido, y a quejarnos o del frió o del calor.

No he visto nunca a ningún animal quejarse del clima.

Hoy día no es así, y consumimos colesterol, animales y grasas igual en primavera que en verano. Todo este exceso de energía contractiva y grasa animal, se va acumulando, colapsando las vías normales del cuerpo para eliminar y equilibrarse. Cada año estamos más gordos, y más contraídos, más tensos. De un año para otro no lo apreciamos pero tras treinta años de esta alimentación, una mañana de verano nos ponemos un bañador para ir a la playa y nos preguntamos tristemente delante del espejo ¿donde está aquel cuerpo delgado que lucíamos a los 19 años?

Animo a todas y todos aquellos que quieran estar más limpios, delgados y resplandecientes esta primavera y este verano, se acerquen a la forma de comer de la macrobiótica en estas y, aún cuando no piensen hacer un cambio definitivo en sus dietas omnivoras, se den el «regalo» de probar esta primavera, una depuración, sin hambre ni ayuno, simplemente comiendo de forma refrescante, eliminando ciertas cosas, y añadiendo el cereal a su vida. Estoy segura de que el efecto va a ser tan especial, y van a escuchar tantas veces lo «guapas» y luminosas que están, que seguramente, a posteriori, decidan ir cambiando muchas cosas más. Y si no, al menos, este verano podrán ponerse en bañador y lucir un cuerpo más vital y energético.

Diana Isabel López Iriarte

Consultora macrobiótica y profesora de la Biotika.

www.labiotika.es