En la investigación que llevé a cabo para mis libros El plan de tu alma, puedes descubrir el verdadero significado de la vida que planeaste antes de nacer y El don de tu alma, descubre el poder sanador de la vida que planeaste antes de nacer, descubrí que hay tres estratos del alma: el Yo espiritual, el Yo del Alma y la personalidad terrenal. Conocer estos tres estratos es profundamente útil para comprender por qué nosotros mismos estuvimos de acuerdo antes de nacer en experimentar grandes retos en la vida, para saber cómo podemos sanar de esos retos, y para conocer cómo nuestra propia sanación aporta curación a nuestra alma.

El núcleo de nuestro ser es el Yo espiritual, lo que algunos denominan Espíritu, Dios, o la presencia del Yo Soy. Esta parte del alma posee todo sabiduría y amor. Es parte de la esfera del Ser: omnipresente, inmutable, Uno con los demás seres y Todo lo que Es.

El Yo del Alma es parte del ámbito del Llegar a Ser. Este es nuestro aspecto que forma parte de la dualidad. El Yo del Alma evoluciona a través de la experiencia; puede cometer lo que consideramos errores; puede olvidar su conexión eterna con el Espíritu y sentirse desconectado del Amor del que fue creado y hacia el que crece.

La personalidad terrenal en cada vida es una expresión de la energía, enorme y mucho mayor que es el Yo del Alma. La personalidad se inspira en el Yo del Alma, y el Yo del Alma aprende de las experiencias de la personalidad, concretamente, de los sentimientos que la personalidad experimenta. Cuando regresamos a nuestro Hogar no físico entre encarnaciones, puede ocurrir – y ocurre – mucha sanación, pero algo de esa sanación solo puede ocurrir por medio de la experiencia de vivir los retos y superarlos mientras estamos encarnados en un cuerpo. En el ámbito no físico poseemos un conocimiento mayor, pero la vida en la Tierra nos da la magnífica oportunidad de transformar ese conocimiento en una experiencia sentida. En eso consiste la diferencia entre poseer sabiduría y ser sabiduría.

El Yo del Alma sabe más que la personalidad terrenal, pero no necesariamente está alineado con el Espíritu. El Yo del Alma es multidimensional, puede expresarse en varias dimensiones diferentes, o encarnaciones, simultáneamente. La sanación que cada uno de nosotros haga en nuestra vida actual aporta sanación a las otras personalidades creadas antes por el Yo del Alma, y su sanación nos aporta sanación a nosotros.

Se suscita la pregunta: ¿por qué permite el Espíritu, o Dios, que ocurran la enfermedad mental y otras formas de sufrimiento? Una respuesta sería que el Espíritu es ilimitado por naturaleza. Si el Espíritu evitase que el Yo del Alma planeara una encarnación en la que tuviera ciertas experiencias, entonces el Espíritu mismo se haría limitado, cosa que es opuesta a su naturaleza. Por lo tanto, el Espíritu permite que el alma experimente todas las manifestaciones de la ignorancia, el miedo e incluso la oscuridad.

Cuando el Yo del Alma planea una encarnación en la Tierra, el plan se crea tanto del conocimiento como de la ignorancia, el amor y el miedo. La ignorancia son falsas creencias: “soy indigno”, “soy un inútil”, “estoy solo”, “el amor es doloroso”, “no se puede confiar en la vida” y “la vida es sufrimiento”. El alma atraerá circunstancias vitales según esas creencias. Con el tiempo, según el mundo va actuando como un espejo de esas creencias ante la personalidad, éstas saldrán a la luz de la consciencia. Cuando la personalidad se da cuenta del poder creativo de la creencia y del hecho de que el mundo exterior de uno no es más que un reflejo de su mundo interior, él o ella están a punto de sanar de esas creencia falsas.

Para hacer eso se necesita más que solo intención y consciencia, son también necesarias las experiencias que desmienten la creencia falsa. Somos más capaces de crear experiencias positivas como esas cuando actuamos como si – como si nos sintiéramos dignos, como si supiéramos que somos útiles, como si el amor fuera seguro y la vida estuviese llena de alegría. Con el paso del tiempo y de las repetidas experiencias positivas, nuestras creencias falsas se transformarán. Y lo que quizá sea más importante: las creencias falsas no se pueden cambiar forzándonos a creer cosas diferentes. Las creencias falsas cambian cuando los sentimientos cambian, y por causa de ello. ¿Puedes sentir que eres digno, útil y que no estás solo? ¿Puedes sentir la presencia del Espíritu y el Amor que el Universo tiene para ti? ¿Puedes sentir alegría y confianza para toda la vida? Para abandonar verdaderamente las creencias, éstas deben abordarse al nivel del sentimiento. Y esto puede ser trabajo para toda la vida.

Si el mundo exterior refleja nuestras creencias ante nosotros, y si nosotros, por lo tanto, tenemos experiencias repetidas – e incluso vidas enteras – que nos traen la evidencia de esas falsas creencias, ¿cómo podremos curarnos de ellas? Para responder a esta pregunta debemos comprender que el sufrimiento proviene de las historias que nos contamos a nosotros mismos. Por ejemplo, la experiencia de sufrir que tu compañía sentimental te abandone no es intrínsecamente ni buena, ni mala. Sin embargo, si respondes pensando “nadie me querrá nunca”, o “nunca seré feliz”, habrás creado una historia que te hará sufrir a su vez. Justo en el momento antes de que tu mente cree la historia, habrás tenido un momento para elegir. En ese momento habrás escogido cómo responder al suceso exterior. Hay un espacio en ti desde el que respondes. Cuando eres consciente de ese espacio, también te das cuenta de quién eres en realidad: no una víctima, sino un creador poderoso. La sanación nace de esta consciencia.

Tu alma utiliza los retos y las crisis para crear una necesidad de elegir. Si nunca hubieras experimentado el reto o la crisis, si siempre te hubieras visto rodeado de gente que te quiere y de circunstancias pacíficas, entonces no tendrías que elegir. Tú, la personalidad terrenal, serías feliz, pero no estarías motivado para ir hacia adentro, para recordar quién eres realmente, y para escoger la sanación conscientemente. Tu alma, que anhela asimilar sus aspectos sin sanar, sentiría que faltaba algo y seguiría sintiéndose enturbiada por los residuos de las creencias falsas sin abordar. Tu alma busca sanar desde dentro. Puesto que tú eres una extensión de tu alma en forma física, estás “dentro” de tu alma y por lo tanto puedes brindarle curación.

En definitiva, y aunque pueda parecer lo contrario, tu alma desea que te sanes hasta el punto de que nades en la alegría.

Robert Schwartz
Fundación BLANCAMA
www.elplandetualma.com 
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