Preguntas y respuestas III

Pregunta: Los sabios que han alcanzado la cima de la consciencia, ¿tienen todos una experiencia que la hace común?.

Respuesta: Creo entender lo que preguntas. Verás, era un gran mentor espiritual que iba a predicar a un nutrido grupo de sus discípulos. Se coloco ante ellos e hizo un prolongado silencio. Estaba como muy abstraído y de repente preguntó o se preguntó a sí mismo: !Pero ¿a quién voy a predicar si todos somos uno? En la cima de la consciencia se desarrolla un revelador sentimiento de unidad, donde toda dualidad es trascendida.

Hay un adagio que reza: «Por cualquier lado que pruebes el océano su agua sabe salada». Si de repente mil personas entrasen en un estado de samadhi, todas estarían en el mismo sentimiemnto de plenitud y unidad, más allá de las diferencias. Si uno tiene esa experiencia supraconsciente, surge la verdadera compasión, orque uno realiza en sí mismo aquella instrucción de «Al herirte me hiero».

P: ¿Cómo podemos saber qué sistema liberatorio es vedadero de los muchos que hoy se proponen? ¿Cómo los que no estamos todavía suficientemente maduros podemos discernir?

R. Lo que distingue a toda Enseñanza verdadera y provecho es que cuente, de una u otra manera, con la denominada triple disciplina o entrenamiento triple: el ético, el mental y el del cultivo de la sabiduría. La disciplina ética se basa en poner los medios para que las otras criaturas sean felices y evitarles cualquier daño. Esta es la verdadera ética, que nada tiene que ver con la moral convencional, que cambia según las épocas, latitudes, gobiernos y convenciones. La moral convencional siempre hay que ponerla bajo sospecha y no digamos nada la ardiente moral puritana, que nada tiene que ver con la verdadera disciplina ética y a menudo es inmoral o amoral. La verdadera etica ha sido propiaciada con sus ejemplos por los más altos maestros. La disciplina mental consiste en el entrenamiento de la mente, su desarrollo y evolución. Para ello está la meditación y toda clase de métodos para la evolución de la consciencia. La disciplina para la conquista de la sabiduría estriba en cultivar el entendimiento correcto, eld iscernimiento puro y la visión clara y penetrativa de lo que es. Como en principio la mente está condicionada por la ignorancia y es torpe, no permite que surja el entendimiento liberador.

P. ¿Por qué hay tanta ignorancia en la mente?

R. Condicionamientos. Hay una ignorancia básica que se manifiesta como ofuscación. La mente está velada. El velo interpretativo, el velo reactivo, el velo imaginativo y otros. Asi no se pueden ver las cosas como son. Estos condicionamientos van desde los códigos propios de la especie y la evolución (compartimos los del diplodocus, dinosaurios y demás) hasta los de la propia historia psicológica. Tambien forman un velo muy espeso los cliclés socioculturales, las creencias y viejos patrones y los adoctrinamientos que nos son impuestos. simismo el velo de neustras carencias psíquicas, nuestros traumas y complejos, nuestras heridas psicológicas. La mente, por tanto, ne principio, está muy lejos de ser libre e independiente. Los condicionamientos determinan nuestras conducta mental, verbal y corporal con sus hilos invisibles pero muy poderosos. Sabotean nuestra armonía e impiden la lucidez. Son las trabas de la mente de las que tenemos que ir liberándonos.

P: ¿Y cómo superamos o resolvemos esos condicionameintos? ¿POdemos llegar a tener una mente libre?

R: Has hecho una gran pregunta y muy práctica. ¿Cómo nos liberamos de esos condicionamientos, como agotamos su fuerza o energía?. Hay que trabajar. Nadie viene y hace la labor por nosotros. Este no es un trabajo para holgazanes o diletantes. Hay que ir logrando que la cosnciencia evolucione y nos ayude, con su poder y luz, a ir debilitando esos condicionamientos. Estos condicionamientos son ataduras, grilletes. Traban nuestra evolución consciente, nos vuelven hojas a merced de su vendabal. Émbotan la cosnciencia, nos convierte en un yo-robótico. La meditación nos va liebrando de ellos, pero también tiene que ser asistida por la fuerza de voluntad en nuestr avida diaria para ir aprendiendo a separarnos de esos condicionamientos e ir haciéndonos más conscinetes Cada día que nos despertamos por la mañana tendríamos que hacerno sun propósito inquebrantable: ser más conscientes. Las técnicas de meditación que nos conducen a un estado de silencio interior, de real calma mental, tienen la capacidad de drenar y limpiar, como cuando una casette grabada la regrabas sin volumen y la borras. Cada vez que logramos un momento de verdadera pureza mental, de silencio interior, de armonía, estamos desaprendiendo infinidad de condicionamientos. El silencio interior es psíquicamente sanador, restaña las viejas heridas abiertas y nos libera de buena parte del fango del subconsciente.

Cuando una herida se ha cerrado en falso, se saja y se libera de pus, para que pueda cerrar de un modo sano. La abstracción mental tiene ese poder; es la inhibición del pensameinto, para uno poder establecerse en su naturaleza real, recuperarse a sí mismo, ser uno mismo. Y cada vez que, mediante las técnicas meditacionales oportunas para ello, conseguimos percibir nuestros procesos psicofísicos sin reaccionar, con mucha atención y ecuanimidad, desde la alerta-serenqa, vamos atogando la fuerza de los condicionamientos y los vamos resolviendo. Si reaccionamos a ellos, es como si un clavo está saliendo y lo remachamos. Si cuando emerge en nosotros un condicionamiento (samskara) de ira, en lugar de mirarlo ianfectadamente y djearlo pasar y qeu su impulso se agote, empezamos a identificarnos y crear con pensamientos y reacciones más rabia, uno se vuelve una masa ciega de irascibilidad. Lo mismo con los celos, la avaricia, el ordio. Asi acentúamos más y más los condicionamientos y se prolongan ad infinitum. Hay que evitar reaccionar, distanciarse, desidentificarse, dejar que la «ola» insana pase. Una cosa es sentir y otra consentir.

Todos podemos tener un destello de emociones negativas, pero el secreto está en no dejarse envolver y arrebatar por las mismas, porque si no es como echar leña al fuego o como dice el antiguo adagio «tratar de aplacar la sed comiendo pescado en salazón». Si te lanzan una pelota y la esquivas y la dejas pasar, se agota su impulso, pero no es así si la das con el pie y la relanzas. Los condicionamientos son energía, fuerzas del inconsciente, códigos, impulsos ciegos. Hay que desembovinar, hay que desaprender, desautomatizar, ser conscientes y ecuánimes, no ser tan reactivos. Los condicionamientos crean tendencias.

P: ¿Los yoguis sabían del subconsciente?.

R: Por supuesto, miles de años antes que los psicoanalistas. En su exploración incansable de la mente, descubrieron su subsuelo. Se comenzaron a concebir y ensayar métodos para reorganizar la mente profunda, para liberar el subsuelo de «fanto» y purificarlo. Hay en todos nosotros un núcleo de caos y de confusión en la mente inconsciente que hay que ir reordenando. La meditación nos ayuda a superar dichos condicionamientos, a agotar los impulsos nocivos, a modificar los modelos de pensamiento que crean sufrimiento y añaden ofuscación a la ofuscación.

P. La visión clara, la lucidez, ¿disuelve los condicionamientos?

R: Es de una gran ayuda, igual que el sol va abriéndose camino entre la espesa bruma. La sabiduría es la capacidad de ver las cosas como son desde la pureza de la mente. Ver las cosas como son, sin engaños ni autoengaños, sin distorsiones. Es la visión justa, penetrativa y cabal, que no se queda en el barniz de las cosas, que conecta con lo profundo, que ve más allá de las apariencias, y que por tanto transforma. Y tenemos que estar más atentos en cada momento, más alertas y perceptivos, más vivos, evitando la atención descarriada, combinando la sabiduría espiritual con la vida práctica, viviendo la espiritualidad a través de nuestras actividades cotidianas, refrenando el pensamiento mecánico y haciéndonos más conscientes. Así los automatismos, los condicionamientos, los viejos patrones, los esquemas, son superados.

P: El silencio interior al que te refieres muchas veces, ¿es espontáneo o provocado?

R: Cuando has aprendido a patinar, por ejemplo, tras un largo entrenamiento, ¿es provocado o espontáneo? Se ha vuelto espontáneo lo que comenzó siendo provocado. En principio el silencio interior casi nunca es espontáneo. La loca de la casa, este menta tan ruidosa, raramente se queda en silencio, muy raramente se absorbe espontáneamente en su fuente. A veces de modo natural uno se queda ensimismado y encima llega alguien y te fastidia sacándote de ese bienaventurado estado de abstracción. Los niños tienen de pequeños ese don : quedarse de manera natural ensimismados. Es una gracia que luego se pierde pero hay que recuperar. El silencio interior siempre está dentro, pero nuestra mente agitada lo violenta, los pensamientos lo golpean.

Con los años la mente se vuelve más ansiada, temerosa, codiciosa y llena de tensiones y afanes, y el don se pierde. ¡Eso tiene mucho de drama!. Uno se neurotiza más u más. Y entornes tenemos que reeducarnos y disciplinarnos, poner las condiciones para que eclosione esa preciosa y curativa energía del silencio interior. Aprender a quietarse, a conectar con el lado más silencioso de la mente. Cuando uno se vacía, se llena; cuando uno se silencia se escucha la voz del yo más honesto y auténtico, del ser que trasciende el pensamiento binario, o sea las dualidades que configuran la jaula de la mente. Cuando inhibimos el pensamiento, queda suspendida la enojosa burocracia del ego y miramos detrás de la cortina con la que este farsante esconde la realidad interior. Cuando uno va consiguiendo el silencio interior se apaga el griterío de los deseos, los aborrecimientos, los afanes.

El ser nos habla, pero el griterío mental sofoca su voz. Tan obsesionados estamos por todo lo externo y tan enajenados por el pensamiento mecánico, que desoímos la voz de nuestro ser más profundo. Acallas la mente, y escuchas el ser. Pero hay que provocarlo, entrenarse, y para eso están las técnicas meditacionales. Por lo intencionado llegamos a lo in-intencionado, por el entrenamiento a lo espontáneo. Nos ejercitamos con paciencia y un día el ejercicio nos toma y resulta que estás más atento y sosegado sin hacer esfuerzo. La propia herramienta, el método, ha conseguido que lo que era yoga con esfuerzo se vuelva yoga sin esfuerzo. LO que llamamos espontaneidad es mecanicidad y en esa mecanicidad surge un manojo de pulsiones que nos robotizan. El yoga es una muy singular «gimnástica» para des-identificarnos de los pensamientos ciego y empezar a recuperar lo que yace más allá de los mismos.

Ramiro Calle

Director del Centro Sadhak

www.ramirocalle.com