Categorias: Desarrollo Personal

Perder forma parte de la vida

Todos hemos perdido algo y algún día todos lo perderemos todo. Perder forma parte de la vida, como lo forma la muerte, y es esta una certeza con la que necesitamos aprender a vivir y vivir bien. Saber perder es crucial para poder dirigirse a uno mismo, de lo contrario el miedo provoca que no seamos capaces de tomar decisiones, lo cual paraliza nuestra vida y nos lleva a sufrir mayores pérdidas de las que pretendíamos evitar.

A los niños se les enseña a perder y no es una tarea fácil; de hecho creo que la mayoría de nosotros nunca la dominaremos. Es fascinante ver lo poco preparados que nacemos para la vida. Creo que tiene un enorme mérito la manera en la que el ser humano se sobrepone a circunstancias realmente dolorosas. Cuando un niño pierde se hunde miserablemente, siente tanta pena de sí mismo que se llena de rabia y se niega a aceptar lo que ha sucedido. ¿Y quién puede decir que no sigue siendo en parte ese niño?

Si perder es tan doloroso es porque somos una especie apasionada; nosotros los seres humanos soñamos, y nunca dejamos de hacerlo. Incluso ante la mayor adversidad guardamos la esperanza. Este ímpetu nos ha conducido a grandes logros como sociedad y como individuos. Seguro que todos tenemos ejemplos de coraje y perseverancia que han posibilitado la realización de algún objetivo importante. Y todo gracias a nuestra capacidad de ilusionarnos, de imaginar otra vida posible y un mundo mejor. Muchos son nuestros méritos, muchos más de los que somos conscientes; podemos ser muy vanidosos pero también podemos estar muy ciegos y no apreciar suficientemente la bondad propia y ajena.

A la vez soñar nos somete a un reto constante: aceptar la realidad que no se ajusta a nuestros sueños, es entonces que resulta difícil no desgarrarse. Cuando las cosas no son como habíamos pensado, como necesitábamos o era justo que fueran… ¿lloramos? Ojalá sepamos hacerlo, porque cuando estamos ante un imposible, lo que menos nos conviene es enfadarnos y menos aun renegar de la vida. Cuando nos atrapa la ira la existencia se vuelve amarga y pierde todo su sentido. Muere nuestra capacidad de inventar un nuevo destino.

Amar la vida, forjar nuevas esperanzas, nos es natural aunque no siempre sencillo. Resulta conmovedor lo mucho que nos necesitamos los unos a los otros, y lo personal que se vuelve la desgracia de quienes queremos. Amar nos enfrenta también a pérdidas, a despedidas. Uno se pregunta qué parte de sí mismo se fue con esa persona; uno puede ver nítidamente la vida que ya no va a vivir porque ya no está “él”, ya no está “ella”. Somos en buena medida similares y a la vez insustituibles; no hay una vida humana que no merezca ser llorada. Y ojalá solo lloremos, porque lo último que necesitamos es llenarnos de rabia, y renegar del amor y de la amistad, y desear no volver a depender jamás de nadie. No podemos vivir sin los demás y todos necesitamos ser algo para alguien.

A veces nos sentimos culpables de nuestra buena suerte, cuando dejamos a alguien atrás, cuando disfrutamos de algo que otro no tiene… A veces sentimos envidia, cuando nuestros deseos los cumplen otros y el vacío parece que solo es asunto nuestro. La culpa y la envidia son lazos invisibles que nos unen a los demás, aunque aparentemente nos separen. Si fuéramos más conscientes de que todos vamos en el mismo barco toleraríamos esos sentimientos y no nos abandonaríamos sólo por padecerlos. Es todo tan efímero… la vida da tantas vueltas… ¡Y nos necesitamos tanto! Hay algo que no deberíamos perder nunca, y es nuestra capacidad de perdonar y ser fieles a las personas que de verdad nos quieren. Cuando un ser querido muere te das cuenta de que ningún conflicto debería ser insalvable con los nuestros.

Cuando perdemos nos perdemos un poco, y tenemos que demorarnos en buscar otra vez el camino, otra vez la ilusión. Cuando nos perdemos muchas veces encontramos dentro de nosotros algo nuevo; en esa demora “revolviendo en el baúl” aparece algo que no sabías que tenías o que ya no recordabas. Nunca se pierde a secas, algo siempre se gana. No es que esto excuse la pérdida, la justifique o haga que merezca la pena, pero sucede y resulta asombroso. Como cuando ves entre un montón de piedras una planta que nadie espera. Qué intensa es la vida, qué persistente, qué inevitable.

A veces lloramos y no deberíamos avergonzarnos ni lamentarnos demasiado por ello, porque mientras estemos vivos y seamos capaces de amar, “mil brotes” crecerán en nuestra casa y sobrevivirán en nuestra memoria. Y algún día lo perderemos todo, pero con suerte alguien nos habrá ganado y nuestro recuerdo se convertirá en un gran árbol, uno de esos que dan buena sombra y albergan muchas vidas.

Susana Espeleta
Psicóloga Colegiada
Psicoterapeuta individual y de grupo
s_espeleta@yahoo.es

Compartir
Publicado por
espaciohumano

Recent Posts

La gran conquista es ser uno mismo, a pesar de las dificultades

Entrevista a Ramiro Calle Por Yasmina Collado, periodista y escritora “La gran conquista es ser uno mismo, a pesar de…

30/12/2019

Energía ¿Magia o Realidad?

A través del manejo de nuestra energía conectamos más con nuestra esencia, y así con el Todo. Aprender a sentirla…

27/12/2019

7 Consejos para una Navidad Saludable

En Navidad se ponen de manifiesto muchas de las emociones que guardamos a lo largo del tiempo. Los encuentros familiares…

23/12/2019

Aprender a Desaprender

Mucho de lo que he aprendido a lo largo de medio siglo dando clases de yoga y meditación, ha sido, …

22/12/2019

8 consejos naturales para aumentar las defensas

En esta época son frecuentes los resfriados, afecciones virales, y molestias articulares. Por ello podemos observar algunas pautas para fortalecer…

20/12/2019

Urge cambiar la Mente

La mente que origina el problema no puede solucionar el problema. Esta aseveración es de una lógica aplastante, pero parece…

12/12/2019