Era un hombre que quería reducirlo todo a la lógica y a la comprensión intelectual. Solo confiaba en la razón y estaba aprisionado en la cárcel de su limitado intelecto.

Visitó un día a un mentor espiritual y en su afán de comprenderlo todo a través de la lógica, le preguntó:

– ¿Quién sostiene el mundo?

El mentor repuso:

– Ocho elefantes blancos.

Intrigado, el hombre inquirió:

– ¿Y quién sostiene a los ocho elefantes blancos?

El maestro, serenamente, contestó:

– Otros ocho elefantes blancos.

 

REFLEXIÓN:

Lo que importa es lo que importa. Nada importa tanto como la paz interior y la armonía. Igual que no se enciende una lámpara con pronunciar la palabra «luz», y de la misma manera que de nada sirve un medicamento si no se ingiere por mucho que se lea el prospecto del mismo, no conducen a ningún lado todo tipo de abstracciones metafísicas y filosóficas o toda suerte de especulaciones cosmogónicas, sino que roban la energía y pueden confundir el entendimiento.

Lo esencial es irse liberando de los grilletes de la mente, de sus oscurecimientos, tales como la ofuscación, la avaricia, el odio, el miedo, las emociones negativas y tantos otros.

Son muy sabias e inspiradoras las palabras del Ashtavakra: «Autogobernado, libre de máculas, siempre cabal, así eres tú en la impasible felicidad interior. De insondable inteligencia, sin agitaciones, imperturbable, tal eres tú. Para ello debes tener solo una mente dirigida a la Conciencia«.

No es mediante las elucubraciones, por espirituales que resulten, que se alcanza la dicha interior, ni a través de las charlas filosóficas o abstracciones metafísicas, por mucho que puedan ser interesantes o divertidas, sino que es mediante el desarrollo interior, que nos reportará una actitud más equilibrada y ecuánime incluso en el devenir cotidiano.

La disciplina espiritual o sadhana, es insoslayable. Ya es antiguo el adagio en el yoga que nos recuerda: «Vale más un gramo de práctica que toneladas de teoría». Lo necesario es poner los medios para que la mente se libere de su estrechez de miras y sus corrupciones y pueda dar paso a una visión clara y una actitud constructiva y cooperante.

Muchas personas se extravían en un amasijo de opiniones o incluso se alienan buscando con el intelecto un sentido último a la vida. Pero el sentido se lo procura uno aquí y ahora, pues podemos hacer de nuestra mente un estercolero o un jardín. La ética genuina, la práctica de la meditación y el cultivo del entendimiento correcto o sabiduría, nos ayudarán a conocer y conectar con lo que está más allá de los enredos de un intelecto condicionado por creencias, esquemas, pautas y clichés socioculturales.

El intelecto por sí mismo no transforma y por eso se dice en la sabiduría oriental: «Si comprendes algo y no procedes en consecuencia, es que no es real comprensión». En lugar de preguntarnos tantas cosas que escapan al intelecto, lo mejor es poner manos a la obra para mejorar nuestra calidad de vida psíquica y evolucionar conscientemente.

 

Ramiro Calle
Director del centro Shadak

www.ramirocalle.com