La valía personal III

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Algunos consejos para prevenir naufragios III

En anteriores artículos estuvimos viendo como esquivar algunas trampas en las que es frecuente quedar atrapadas para riesgo de nuestra autoestima. Veíamos los peligros de una actitud pasiva y de una actitud demasiado autosuficiente, la importancia de rebelarnos ante las injusticias, de no querer ser demasiado buenas ni perfectas, de ser realistas y de buscar el amor de los demás pero conservando nuestra independencia.

En este último artículo vamos a enfocarnos en el daño que puede causarnos en nuestra autoimagen un sufrimiento excesivo.

 

Las dependencias destructivas: libérate y pide ayuda.

Diversifica tus puntos de apoyo, no te automediques, no busques la tranquilidad en ningún “paraíso artificial”, cuidado con el consumismo, no “ames demasiado”… Cuando dependes de una persona o una sustancia para poder vivir, te encuentras en el principio del fin. Debemos liberarnos de esas cadenas y buscar la manera de recuperar el control de nuestras vidas, ¡nunca es tarde!.

Es importante que sepas que las personas también enfermamos mentalmente, y que en esos casos no tienes un problema de actitud sino un impedimento real para salir adelante.

Si padeces un trastorno emocional ponte en manos de profesionales y sigue un tratamiento controlado. Si ves que hay algo que se te está yendo de las manos, si no puedes abandonar a alguien que te hace sufrir… ¡reconoce que tienes un grave problema y pide auxilio! “Hay amores que matan” y muchos que enferman de gravedad. No te avergüences ni te culpes de haber sido una víctima más de algo que es tan común para todas nosotras.

El amor deja de serlo cuando se vuelve obsesión. Recuerda que nadie es imprescindible y que lo más hermoso de la vida… ¡es la vida misma! Liberarte de esa persona te va a poner en contacto con toda esa belleza que hay ahí fuera, y ahí dentro de ti, esperándote.

 

Avergonzarse del propio sufrimiento: reconcíliate con tus “debilidades”.

El dolor físico o emocional puede resultar devastador cuando dura demasiado tiempo y se suele acabar ocultando a los demás, por el miedo o la certeza de que no van a soportarlo, con lo que genera una enorme soledad. Por ello es imprescindible saber pedir ayuda a quien realmente se encuentra disponible y es capaz de hacerlo.

No te conformes nunca con una vida desgraciada. Una enfermedad, la pérdida de un ser querido, un accidente, una separación…, pueden ser cosas que una gestiona sola o que te desbordan. Puede parecer que han vuelto tu vida desgraciada para siempre…, pero esto nunca es verdad si luchas por que no lo sea.
Lo más importante es vivir sin complejos. No te compares con nadie. Otros pueden parecer más “fuertes”, ¿y qué?; tampoco lo sabes a ciencia cierta, muchas personas sufren en silencio. De cualquier manera busca una salida para ti y no tengas vergüenza de reconocer tus necesidades. Ser “fuerte” no es una obligación, como tampoco lo es “poder sola”, y desde luego nadie lo consigue durante toda su vida.

El sufrimiento puede deformar enormemente la idea que tienes de ti misma. No te permite ser objetiva e inevitablemente te sumerge en el pesimismo, ¡por eso siempre la máxima es cuidarse!

Cuando te cuidas no tengas miedo de ser egoísta: es la única manera de conseguir hacer algo de provecho, con lo que beneficias a las personas de tu entorno. Tú puedes ser un modelo de amor y respeto a ti misma. Sin duda procurando tu salud e integridad aportas un “granito de arena” un poco más brillante.

 

Susana Espeleta
Psicóloga. Psicoterapeuta individual y de pareja
[email protected]

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3,5 minutos de lecturaActualizado: 20/08/2017Publicado: 25/01/2017Categorías: Desarrollo PersonalEtiquetas: , , , , ,

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