Nadie puede dejar de hacer. La vida es movimiento y, por tanto, acción. Incluso el detenerse y no hacer, es una forma de hacer. Nuestras funciones vitales constantemente están haciendo su trabajo. Todos estamos abocados a la acción. Aún la meditación es hacer para dejar de hacer y desconectar. Un eremita también tiene que limpiar su celda, buscar su alimento, relacionarse con otro eremita. La acción, por tanto, es inevitable. Pero la acción no tiene que ser necesariamente agitación, ni sacarnos de nuestro centro, ni estar tintada por el egocentrismo, ni desviarnos de nuestro trabajo de autodesarrollo.

 

Hoy en día surgen todo tipo de pseudoyogas o sucedáneos del yoga, “yogas” desnaturalizados y que se convierten en fitness y un neurasténico culto al cuerpo. La gran paradoja: el yoga, cuyas muchas de sus técnicas son para otorgarle calma a la mente y equilibrio al sistema nervioso, muchos lo han tranformado en una “máquina” de competición, estrés, contorsionismo.

Y hay un yoga tradicional que estos pseudoyogas ignoran y no acogen en su seno: el karma-yoga o yoga de la acción consciente y más desinteresada y menos egocéntrica. Este yoga es una verdadera joya en cuanto a sus enseñanzas prácticas y, sobre todo, para las personas que nos desenvolvemos en una sociedad común y donde estamos moviéndonos en ámbitos familiares, afectivos, sociales y profesionales.

El karma-yoga es el yoga de la acción más:

– Consciente.

– Lúcida.

– Diestra.

– Altruísta.

Los principios o requisitos básicos de esta modalidad de yoga son:

1) Haz lo mejor que puedas en todo momento y circunstancia.

2) No te encadenes a los resultados de la acción ni te dejes alienar por la acción misma, porque tú eres más importante que la acción.

3) La acción no tiene por qué agitarte o estresarte y, como decía Vivekananda, puedes lograr que al actuar ni una sola onda de inquietud alcance tu cerebro.

4) Obra por amor a la obra y no sólo a sus frutos.

5) Si has hecho lo mejor que puedes, los resultados vendrán por añadidura. No te obsesiones ni encadenes a los mismos.

6) Ejecuta la acción lo más diestramente que puedas, con clara comprensión del fin y de los medios, pero sin dejarte enajenar ni por uno ni por los otros.

7) Trata de mantener la cabeza lúcida y serena en la acción y, en palabras de Kipling, “mantén la cabeza tranquila cuando todo a tu alrededor es cabeza perdida”.

8) Valora el proceso mismo y no solo el fin. Considera que cada paso en el camino ya es la meta y que la ladera de la montaña ya es la cima, o sea, el proceso mismo ya es el logro.

9) No dejes de estar en incesante aprendizaje.

10) Trata de ser tú mismo y cada vez que pierdas tu centro, trata de recuperarlo.

11) No pongas el ego por medio, sino la prudencia y el entendimiento correcto.

12) Asume el fracaso como parte del aprendizaje y como una “despertador” para retomar el hilo de la consciencia. Si te equivocas, corriges; si vuelves a equivocar, vuelves a corregir. Como reza el adagio tántrico: “El mismo suelo que te hace caer es en el que tienes que apoyarte para levantarte”.

Volviendo a Vivekananda, viene bien recordar a menudo unas palabras suyas: “Trabajad como si fuérais, en esta tierra, un viajero. Actuad incesantemente, pero no os ligueis: la ligadura es terrible. Este mundo no es nuestra morada, es solamente uno de los escenarios por los cuales vamos pasando”.

La acción será tanto más diestra cuanto más en nuestra mente prevalezcan factores como la ecuanimidad, la lucidez, el sosiego, la visión clara y la atención consciente; factores todos ellos que se van desarrollando mediante el entrenamiento de la meditación.

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

www.ramirocalle.com