El proceso de comprensión intelectual y espiritual tiene muchos paralelismos con el proceso digestivo. A nivel de nutrición, en todos los medios oímos constantemente el axioma de que «somos lo que comemos». Aunque esta afirmación es correcta, no resulta suficientemente precisa si queremos hablar con cierto rigor. Como profesionales interesados en la salud holística, seamos de la filosofía que seamos, para ser exactos deberíamos dar un paso más a esta afirmación añadiendo que «somos lo que nuestro sistema digestivo es capaz de digerir».

El resto no digerido, parte es sabiamente expulsado por nuestro cuerpo. Pero otra parte se pudre o fermenta en función de su naturaleza, dando lugar a sustancias tóxicas que se acumulan en diferentes partes de nuestro cuerpo, originando enfermedades y mermando el poder de nuestro sistema inmunológico.

Podríamos sin duda establecer un paralelismo, entre lo que acabamos de explicar y lo que podríamos llamar una comprensión espiritual de las verdades universales o misterios.

A nivel de conciencia, somos aquello que somos capaces de integrar y hacer nuestro. Y aquello que no integramos, parte se desecha, y otra parte queda acumulado.

Quizás el siguiente suceso sea familiar para más de uno de nosotros:

Después de que un amigo nos recomiende un libro espiritual o de autoayuda maravilloso, salimos decididos a buscarlo y lo devoramos en una semana. En su lectura, aunque a veces podríamos decir estudio exhaustivo, descubrimos un montón de teorías refrescantes y reveladoras acerca de lo que podría llegar a ser nuestra vida si seguimos unos sencillos consejos. Y sentimos emocionados que efectivamente nuestra existencia va a dar un giro de 180 grados a partir de ese momento. Pero a las pocas semanas, con cierta decepción descubrimos que ese subidón espiritual que nos había proporcionado la lectura poco a poco va desvaneciendo como un espejismo. Esta experiencia puede que nos haya sucedido con libros, cursos, retiros y experiencias similares que por el motivo que sea no llegamos a digerir y pasan por nuestro entendimiento sin el despertar esperado. A veces no son episodios puntuales, sino que podemos ir a trompicones de indigestión en indigestión esperando que en algún momento se produzca el cambio.

A nivel digestivo, todos sabemos que existe un fuego(localizado en el Subdosha Pachaka Pitta) encargado de quemar el combustible (digerir el alimento) que introducimos en nuestra caldera (estómago). El objetivo de este proceso es transformar las macromoléculas de hidratos de carbono, por ejemplo, como almidones o glucógeno en unidades estructurales cada vez más sencillas, para posteriormente desembocar en el intestino delgado y allí como monosacáridos puedan ser absorbidas, para de la mano del siguiente subdosha, nutrir y generar energía en todas las células de nuestro cuerpo. De forma paralela a los hidratos de carbono, pasaría con las grasas, proteínas y otros nutrientes.

Así como entendemos perfectamente la existencia de este proceso digestivo, existe otro fuego más sutil y con una función semejante a nivel cognitivo.

A lo largo de mi experiencia como profesor, me he visto delante de diferentes grupos de personas con inquietudes muy diversas. No hace mucho, la mayor parte de ellos esperaban que les explicara aspectos cuánticos sobre hibridaciones de orbitales moleculares para aprobar un examen de química. Actualmente la mayoría de mis alumnos están más interesados en la comprensión de conceptos ayurvédicos o yóguicos de la salud.

Tengo la suerte de tener un numeroso grupo de estudiantes con diferentes perfiles que van desde personas que parten de cero, hasta profesores de yoga experimentados, pasando por titulados en medicina y otras disciplinas afines. Y estoy profundamente agradecido por ello.

Todos son necesarios para un curso de medicina tradicional, como puede ser la ayurvédica, y así se lo transmití el primer día en el que los conocí en clase. Para mí, les contaba, nuestro proyecto deberá ser riguroso en cuanto al contenido y los paralelismos constantes que como medicina ancestral podemos y debemos establecer con la ciencia. Y a la vez, ser profundamente meditativos para acompañar y guiar en aquellos procesos que se escapan a la concepción de la medicina alopática actual, pues lo uno sin lo otro, hará que esta embarcación en la que viajamos todos, por los mares de la salud holística, el yoga y el ayurveda zozobre.

Esta semana, junto con sus meditaciones personales, el ejercicio propuesto para los alumnos fue relacionar los 15 subdoshas en función de sus movimientos en el cuerpo y sus energías y que me mandaran las respuestas. Todos lo realizaron con soltura, pues en clase había dejado las pistas necesarias para que pudieran montar el puzle ellos solos. Sin embargo, paradójicamente quizás la alumna con más conocimientos, profesora de yoga y cocinera de comida india con experiencia en uno de los centros más importantes de Madrid, encontró dificultades al realizar el ejercicio ya que sus conocimientos intelectuales previos, dificultaban el fluir que necesitaba para dar rienda suelta a su intuición y creatividad. Era la única forma de poder resolver los obstáculos propuestos.

Cuando hablamos de conocimiento verdadero de principios energéticos por ejemplo, y las medicinas tradicionales se basan en ellos, para empezar a integrar ciertas cosas, a veces lo primero, es «desaprender» lo previamente aprendido intelectualmente, o por lo menos aparcarlo por un tiempo. Lo deseable es tener la mente despejada de conceptos intelectuales previos. Mente abierta, mente de aprendiz. De la misma forma que para aliviar el sistema digestivo, lo mejor es un poco de ayuno para avivar el fuego interno.

Los conceptos intelectuales son como los alimentos, deben ser metabolizados. Y ahora más que nunca, en este mundo nuestro en el que tenemos toda la información en la punta del dedo índice. Donde nos bombardean masivamente con estímulos de todo tipo. ¿Es acaso mayor nuestra sabiduría?

Esta energía tan necesaria y relacionada con el proceso de entendimiento corresponde al subdosha Shadaka, que junto con la del fuego digestivo también corresponde al dosha Pitta, ya que es una fuerza alquímica y transformadora. Este será el fuego que ilumine la gruta donde la que acumulamos las ideas. La cueva de nuestra cosnciencia, nuestra verdadera comprensión de los conceptos que «ingerimos». Bajo esa llama blanca, en la claridad de satva, florecerá la profunda comprensión de conceptos espirituales, y los hará verdaderamente nuestros. La luz pura que alumbra la maduración de pensamiento, y genera en su metabolismo, un calor reconfortante que se expande y se siente en nuestro pecho, con el que está ineludiblemente conectado. Pues las verdades, sobre todo aquellas universales y ciertos misterios, al ser realmente comprendidos, resuenan para siempre en lo más profundo de nuestro corazón.

 

Pedro Arce Cifuentes
Lic. químico y terapeuta ayurvédico TR/K/576/2013 aprobado por el gobierno India.
Imparte clases de bioquímica y Medicina ayurvédica en IEN El Vergel
Profesor de yoga RYT-500 y meditación.
www.ienelvergel.com
pedroarcecifuentes@gmail.com