Fiestas de Navidad, entre el querer y el poder

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Fiestas de Navidad, entre el querer y el poder

¿Vivir las navidades o que las navidades nos vivan a nosotros?

Hace apenas un par de meses que llegamos de las vacaciones, esto supuso retomar la rutina atravesar el otoño y ponernos en marcha con nuestra vida doméstica y, con esta marcha de repente, nos vemos venir las fiestas de Navidad con todo lo que ello conlleva.

No sabes por qué, pero siempre que llegan las fiestas te conectas con la tristeza. Mientras que para otros es la mejor época del año, para ti se convierte en una mezcla extraña de nostalgia y ansiedad pero ¿por qué nos pasa?

Convengamos que a todos nos toca ser testigos del cambio de escenografía de nuestra ciudad o de nuestro pueblo, las luces ,los villancicos ,los centros comerciales a tope, los supermercados repletos de adornos y carteles que nos indican cómo vestir, qué comer y con que brindar, además de querernos convencer de que Papa Noel la noche del 24; por nosotros, redoblará sus esfuerzos y nos recordarán, a través de las publicidades, que no nos olvidemos que sus elfos se desloman en las líneas de montaje los 364 o, si toca bisiesto, 365 días restantes.

Y, claro, los elfos somos nosotros. Un pequeño detalle a tener en cuenta.

La dictadura de la felicidad

La prioridad de “estar feliz” en estas fechas, esta ilusión de final y recomienzo que se activa en estos meses trae consigo indefectiblemente “el balance” y con él los riesgos de que se reactiven conflictos, sobre todo, familiares.

El cuerpo está agotado y debe soportar un nivel de estrés extra en diciembre y enero entre la elección de los regalos el menú, el dinero que no alcanza como quisiéramos, los viajes para los que están lejos; toda una exigencia adaptativa de las fiestas, a veces, incluye el recuerdo doloroso de fechas similares, posiblemente en nuestra infancia, la elaboración de pérdidas de los que ya no están (duelos prolongados o complicados), divorcios, mudanzas, migraciones, el reconocimiento del paso del tiempo en nosotros mismos y en los demás (nuestros padres también se hacen aún más mayores) y el balance de logros y frustraciones.

En este contexto puede primar la sensación de agobio por querer terminar todo lo pendiente del año a fines de diciembre, no sólo en lo laboral sino también en la amistad y en otros proyectos con los que se inició el año actual. También puede primar la ansiedad y la incertidumbre del año por venir para aquellos que están en “la búsqueda” ya sea personal, de trabajo, de pareja o de su lugar en el mundo. Y, con todo esto y pese a todo esto, “debemos ser felices” en esta época en la que el tiempo adquiere una condición de circularidad. Algo termina y por lo tanto aparece la posibilidad de volver a empezar, de recrear lo vivido. Esto, en principio, es esperanzador a la vez que aparecen las frustraciones, el estrés por lo que no se pudo concretar en este tiempo.

La Balanza Personal

No está exenta de toda esta cuestión, aquellas situaciones que entran en nuestra balanza personal, entre ellas, las relaciones sociales y familiares.

Son épocas en las que nos llueven mensajes de amor y esperanza y el muro de nuestro Facebook está al rojo vivo quizás aquí nos interese “balancear” que tipo de relaciones hemos creado y de qué forma nos hemos estado vinculando y comunicado hoy en plena era de la (in) comunicación, por ejemplo, Javier recibe un Whatsapp ahora mismo, de José que está sentado a tres escritorios de él mostrándole una serie de fotos sobre la inundación que se produjo en su cocina fruto de un desperfecto en la fontanería, Javier piensa que le pasará a José que está más pendiente en plena inundación de tomar fotos para mostrar lo que le ha pasado, en vez de ocuparse primero de solucionar el problema, a través de los “muros” nunca mejor dicho, vemos las vacaciones y un despliegue de felicidad y paz de una pareja que también está más pendiente de contar lo que está pasando que de vivir plenamente su intimidad. En las sesiones de coaching, la soledad suele ser un tema estrella en estas fechas y vemos como la ilusión de estar todos más conectados, más visibles, de sentirnos acompañados por cientos de amigos virtuales se esfuma cuando toca poner en la balanza con quienes podemos contar realmente y quienes están disponibles para tomarse un café y simplemente conversar un buen rato.

Las relaciones familiares:

Algunas personas al llegar estas fechas comienzan a sentir la presión de satisfacer a todo el mundo y de reunirse con familiares con los que se tienen problemas que no se han resuelto y aunque estos asuntos inconclusos están vigentes durante el resto del año, entran en contraste con lo esperado de estas fechas. Por lo general, en Navidad se experimenta con mayor intensidad y dolor lo que en otro tiempo se considera un enfrentamiento cotidiano.

Cada familia crea su propia forma de estar en el mundo con sus propias costumbres y sus propios ritos que, en Navidad, entran en conflicto con otras culturas familiares con las que muchas veces nos toca compartir las fiestas Lo ideal es encontrar ese equilibrio entre lo que necesito y lo que puedo dar .

Entre el deber y el querer

¿Cuántas veces nos vemos enredados entre lo que “se debe y lo que se quiere”? Solemos decirnos quiero pero no debo, debo pero no quiero.

Son estas fechas en las que se incrementan estos debates interiores con los que solemos trabajar en las sesiones de coaching, la posibilidad de estar con uno mismo y con los demás, sin que por ello se sienta la opresión de estar traicionándome a mí mismo. Incrementar la responsabilidad en la elección de nuestros deseos personales. No culpabilizarnos si algo no sale como lo hemos planeado. Son algunas de las claves para poder atravesar estos estados navideños. Sabemos que el entorno, la cultura ya hacen baste presión sobre nuestras emociones en Navidades y es un buen momento para reflexionar, sobre lo que verdaderamente quiero y sobre lo que sí tengo y no tanto en lo que me falta.

Algunas claves para salir airosos en estas fechas

  • Reconocer la posibilidad del estrés en las fiestas y decidir afrontarlo con calma y responsabilidad personal.
  • Identifiquemos los factores de estrés de las fiestas ¿Tienen relación con las reuniones, las relaciones familiares, los balances personales, la situación de aislamiento, las pérdidas? ¿Tememos escenas de soledad o por lo contrario encuentros enojosos que superen su posibilidad de superarlos? Una vez identificados podremos empezar a trabajar en ellos de una manera saludable
  • Hagamos balances realistas del año “perdonándonos” nuestras limitaciones si no pudimos cumplir todos nuestros proyectos.
  • No nos exijamos “estar feliz” de modo artificial tratemos de rescatar nuestros afectos reales y valores genuinos.
  • Cuidarse es respetar nuestras necesidades y sentimientos.
  • Si no podemos solos, podemos pedir alguna sesión de coaching para esclarecer o profundizar en algunos de estos temas, lo importante es saber que somos responsables y que de nosotros depende poder estar mejor.

 

Verónica Rodríguez Orellana
Directora del Coaching Club
Experto en Coaching- Especializada en Coaching SistémicoMaster
Practitioner en PNL-Terapeuta Gestalt
www.coachingclub.es

2018-12-10T13:36:14+00:0001/12/2014|Categorías: Desarrollo Personal, Portada|Etiquetas: , , , , , |