El síndrome de intestino poroso

Prácticamente todas las enfermedades tienen alguna conexión con el intestino, la integridad de su mucosa y las bacterias que lo habitan. La función de barrera de la mucosa intestinal es especialmente vulnerable y los defectos en su integridad (o porosidad) se han relacionado con enfermedades autoinmunes y alérgicas.

La membrana del intestino tiene la delicada y compleja función de permitir que las grasas, proteínas y azúcares digeridos pasen a la sangre para nutrir las células, pero, al mismo tiempo, debe actuar de barrera para evitar el paso a la sangre de las moléculas no digeridas, de bacterias y parásitos y de otras sustancias tóxicas.

Cuando esta membrana está irritada o inflamada o dañada, las substancias que no deberían pasar pueden cruzar esta barrera y llegar directamente al torrente sanguíneo.

Inmediatamente el sistema inmune las reconocerá como sustancias extrañas, provocando anticuerpos.

El síndrome del intestino poroso consiste en un aumento de la permeabilidad natural de la mucosa intestinal. No es una enfermedad en sí misma, sino que causa o contribuye a los síntomas de varias enfermedades, de ahí la denominación de síndrome.

Los síntomas y enfermedades relacionados con este síndrome son: alergias, intolerancias alimentarias y medioambientales, acné, psoriasis, eccema, migrañas, síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, artritis, inflamación intestinal, celiaquía, sobrecrecimiento bacteriano, candidiasis, síndrome de intestino irritable, ansiedad.

También se ha asociado con la diabetes tipo I y, de manera aun no definitiva, con la diabetes tipo II.

Síntomas asociados con el síndrome del intestino poroso
Gases
Mala memoria
Fiebres de origen desconocido
Ansiedad y nerviosismo
Infecciones frecuentes y
Sistema inmune débil
Irritabilidad y cambios de humor

Algo que hace difícil el diagnóstico de este síndrome y que, por tanto, hace que parte de la medicina convencional sea aun reacia a aceptarlo, es la variedad de las causas. Entre las más importantes están:
• Uso de antibióticos y antiinflamatorios no esteroideos (AINES),
• El stress crónico, que debilita el sistema inmune, reduce la producción de ácido digestivo de y enzimas digestivas, lo que a su vez dificulta la digestión, lo que a su vez aumenta la cantidad de metabolitos tóxicos en el intestino que acaban dañando la mucosa intestinal.
• Disbiosis o alteración del ecosistema intestinal por parásitos e infección por bacterias, cándidas y/o hongos en el intestino. Por tanto, si existe un intestino hipermeable es conveniente descartar la presencia de blastocystis hominis, giardia, helicobacter pylori, yersinia y otros patógenos que tienen la capacidad de dañar la mucosa intestinal.

Especialmente interesante resultan las últimas investigaciones según las cuales las amebas se comen a bocados las células del intestino (trogocitosis).
• La elección de los alimentos es de alta importancia: el alcohol, el exceso de azúcares y la falta de nutrientes y de fibra de los productos procesados dañan la mucosa intestinal. También el exceso de lácteos puede ser muy irritante para las personas intolerantes a la lactosa.
• Especialmente dañino para la mucosa intestinal es el gluten, y no solo en las personas celiacas. Una de las proteínas del gluten, la gliadina, tiene la capacidad de abrir los espacios intercelulares de la mucosa intestinal, lo que contribuye a causar el intestino poroso. A su vez, el intestino poroso exacerba los síntomas de la celiaquía y de la intolerancia al gluten. En este círculo vicioso, los villi o células de absorpción de nutrientes, resultan dañadas, reduciendo la asimilación de nutrientes, dando lugar a malnutrición.

¿Cómo puedo saber si tengo el síndrome de intestino poroso?

Dependiendo de los síntomas y otros factores que puede evaluar su terapeuta nutricional, se pueden realizar diferentes tests no invasivos. Además, se recomienda un análisis en sangre para descartar la celiaquía.

¿Cómo restaurar la integridad de la mucosa intestinal

La terapia debe ser personalizada y enfocada a tratar la causa subyacente. Se puede empezar por adoptar una dieta antiinflamatoria (evitando los alimentos procesados y reduciendo el consumo de trigo y evitando todos aquellos a los que haya intolerancia), eliminando el alcohol durante un tiempo, tomando alimentos frescos y ricos en fibra (si se tolera). Pero también hay que eliminar otros factores que pueden contribuir a la irritación de la mucosa intestinal, entre ellos los fármacos antiinflamatorios. Conviene revisar con el médico su utilidad y valorar los efectos secundarios.Usar técnicas de relajación para rebajar los niveles de stress es otro factor importante.

Además, sería útil realizar un test para descartar la presencia de parásitos, hongos o cándidas y bacterias patogénicas y seguir un protocolo para eliminarlos en caso de que los hubiera.

Conviene también evaluar la posible deficiencia de antioxidantes y/o minerales y otros nutrientes que ayuden a reparar la mucosa intestinal, tales como zinc, glutamina, vitamina A, vitamina C, probióticos, vitaminas B’s…siempre en función de las necesidades personales.
(nota importante, no deje de tomar ninguna medicación sin el consentimiento de su médico).

Teresa Peláez
Licenciada en Terapia Nutricional (London West University)
www.teresapelaez.com