La bipolaridad o trastorno maniaco-depresivo, como todo trastorno mental, es un mecanismo de defensa frente al dolor por un acontecimiento que no se puede asimilar adecuadamente. En la actualidad, con una visión más holística, se trata de atender con nuevas terapias a todos los factores que entran en juego para integrar la mente y el corazón de la persona con este trastorno.

Hace ya unos cuantos años viendo la serie televisiva de «Las chicas Gilmore» uno de los personajes le decía a otro «Hombre, ¿qué eres bipolar? Bueno, no pasa nada, eso está de moda». Y ciertamente algo de razón tenía en cuanto a que este trastorno cada vez es más conocido de nombre, que no su realidad.

En todos los tiempos y culturas ha habido una constante en torno del 4 al 10% de bipolares en la población desde los casos más graves a los más leves. Cierto es que personajes como Linda Hamilton (protagonista de Terminator I y II), Catherine Zeta Jones o Kurt Cobain han dado no poca publicidad al asunto, sin olvidar el caso de los más cercanos Andrés Pajares o Raquel Mosquera. De más está nombrar a todos los famosos artistas que han padecido y padecen este trastorno.

Psiquiátricamente, el trastorno bipolar o maniaco-depresivo es una enfermedad que se define por la presencia sucesiva de depresiones, manías, hipomanías, estados mixtos y fases sin síntoma. Lo que caracteriza a este trastorno es su naturaleza cíclica, la tendencia a que los episodios se repitan a lo largo de la vida. No se puede diagnosticar a una persona de bipolar únicamente por haber presentado una gran depresión, ya que ésta podría ser simplemente consecuencia de un grave acontecimiento adverso. Por el contrario, un solo episodio de manía ya puede hacernos intuir la presencia de un trastorno bipolar, ya que muy raras veces la manía se presenta de forma aislada: generalmente debida al consumo de drogas o a una medicación concreta, y en estos casos la duración del episodio suele ser muy breve.

Con Freud se generaría una mentalidad biologicista que entendía que todos los problemas psiquiátricos eran de carácter estrictamente físico con lo que se instauró una tradición de psiquiatras «pastilleros», con lo que sólo se atendía a uno de los factores que entran en juego: la corporeidad. Amén de la importancia de una adecuada medicación pero reconociendo que así sólo se atiende a una de las dimensiones de la persona.

El psicoanálisis tradicional ya se ha desestimado como útil para el tratamiento de la bipolaridad. En la actualidad, la mayor parte de los autores aconsejan acertada y unánimemente la terapia cognitivo-conductual, la cual se fundamenta en la hipótesis de que los fenómenos son neutros y que es nuestra interpretación de los mismos la que suscita una emoción y ésta un comportamiento. La cognitiva trabaja sobre todo a nivel de creencias lo cual es muy importante, pero también insuficiente. Dos notas indican esta insuficiencia, a saber, se precisa un férreo control mental por parte de la voluntad para dominar los pensamientos que uno tiene o sustituirlos por otros. Y esto agota. Además desdeña la posibilidad de vivenciar emociones por otros caminos no estrictamente intelectivos.

Sin embargo, en la actualidad se abre un abanico de posibilidades terapéuticas más amplias que pueden ayudar a la integración de la polaridad y al equilibrio emocional que el bipolar necesita para llevar una buena vida, sin obviar la medicación y la cognitivo-conductual, insisto. Por ejemplo Grecco recomienda como útiles las Flores de Bach para ponderar la emotividad del paciente. Asimismo el Reiki bien dado, centrado fundamentalmente en el Chakra 1, pues hay que enraizar en la tierra al afectado, trabajar su emotividad y su creatividad. A mi entender, y según mi experiencia este trabajo energético se ha de realizar poco a poco y de manera controlada. Mucho puede ayudar también el shiatsu a ver qué se ha de trabajar el cliente, además de relajarle a uno le da pistas acerca de dimensiones psicológicas de las que aún no se ha dado cuenta.

Imprescindible e insustituible se muestra algún método de meditación, cuyos requisitos son sencillos: relajación, observación y no juicio. Ello hará que el paciente vaya generando una indiferencia emocional desidentificándose de sus pensamientos y emociones, sintiéndolas pero con consciencia. Este es comienzo de la auténtica sanación.

Que duda cabe de la enorme ayuda que puede aportar tanto al paciente como a su terapeuta el conocimiento del Eneagrama, ya que la enfermedad no se manifiesta del mismo modo en todas las personas sino de modo completamente individual. Por ello la utilización del Diseño Humano tendrá una singular importancia en la consciencia que el propio enfermo tiene de sí mismo y de su manera de bipolarizar. Estas dos herramientas se presentan como extremadamente útiles para el centramiento y sanación del maniaco-depresivo. Muchas técnicas más existen pero ahora me voy a centrar en dos, que por mi experiencia son decisivas.

Constelaciones familiares. Esta terapia, en la que se contempla a la persona no como individuo sino como parte de un todo, que es su sistema familiar. En constelaciones la bipolaridad es una enfermedad del sistema que uno de los familiares ha decidido llevar. En un sistema no todos llevan la misma presión, a veces para que uno ande ligero, otro tiene que soportar más peso (ley de compensación).

Pero, en realidad, ¿Qué aporta una constelación a una persona bipolar? Ver y sentir dónde está la dualidad en la que anda moviéndose continuamente su corazón y la búsqueda de una buena solución (una imagen sanadora e integradora) ¿No dicen que una imagen vale más que mil palabras? Pues es cierto.

Mas así como la cognitiva tenía sus límites aquí ocurre lo mismo. Al ser una terapia energética donde se remueve potente y celularmente, parece que no es aconsejable que una persona bipolar realice una constelación al menos que lleve un año o más sin síntomas. El paciente debe estar fuerte porque nunca se sabe lo que va a salir en la constelación. Siempre y sólo se debería realizar la constelación a una persona bipolar cuando está siendo acompañada. Realizar ésta a un bipolar sin recursos (psiquiatra, psicólogo, terapeuta) puede ser una temeridad y en lugar de ayudarle se le podría perjudicar sin el recurso de alguien que le ayude a asimilar lo vivido.

Quisiera terminar comentando los enormes beneficios de la Meditaciones Activas. En estas meditaciones se pone en juego la totalidad de la persona no sólo su mente sino también su cuerpo. Las hay catárticas que hacen que uno se libere de emociones reprimidas (sobre todo la Dinámica), donde uno puede volverse loco conscientemente y así después estar del todo sereno, como diría nuestro Dalí: «la única diferencia entre un loco y yo es que él cree que no lo está y yo sé que sí lo estoy». Además se potencia la espontaneidad y el equilibrio. Y sobre todo el paciente bipolar se siente liberado, ligero y en su centro. Como persona bipolar doy fe de todo ello.

José Luis García Arellano

Experto en desarrollo Transpersonal

unificaciondelapersona@hotmail.com