Los dientes se van desgastando: los tejidos que los conforman (esmalte y dentina) van perdiendo su estructura por el paso del tiempo y por una serie de factores en los que mucho tienen que ver la erosión y dolencias nerviosas como el bruxismo.

El desgaste dentario es un término genérico que se refiere a la pérdida de los tejidos que componen la estructura del diente, esmalte y dentina generalmente. Hay varios mecanismos que intervienen en este fenómeno, que en parte, es fisiológico:

– Masticación. Es la función para la que están diseñados los dientes. Durante el proceso de trituración del bolo alimenticio los dientes contactan unos con otros y con la comida produciéndose desgaste, cuyo grado depende del potencial abrasivo de los alimentos masticados. En el hombre moderno, a diferencia de nuestros antepasados, los alimentos que tomamos prácticamente carecen de dureza y abrasividad.

– Abrasión. Mecanismo de desgaste que producen elementos mecánicos exógenos como, por ejemplo, un cepillado muy agresivo. Un cepillo excesivamente duro, el grado de acidez y pH de la pasta dentífrica o la longitud del mango del cepillo influyen en este desgaste.

La dureza del cepillo debe ser intensidad media, el cabezal pequeño y el mango no muy corto para no ejercer una fuerza excesiva. Es recomendable renovarlo cada tres meses para no cepillarnos cuando las cerdas están abiertas. El dentífrico no debe ser muy abrasivo (intentar no usar pastas blanqueantes) y tener el pH adecuado.

– Atricción. Es el desgaste que se produce sin la presencia de un agente exógeno, es decir, entre los mismos dientes de manera mecánica y cuando no existe elemento intermedio. El ejemplo más claro es el bruxismo, una dolencia nerviosa en la que los dientes entran en contacto sin que haya una función específica que realizar (masticación).

– Abfracción. Desgaste que se produce en el cuello de los dientes, principalmente cuando la encía se retrae, ya sea por el paso de los años o por dolencias como la enfermedad periodontal.

– Erosión. Es el desgaste dentario producido por agentes químicos. Puede ser endógeno, cuando se debe a ácidos que provienen del estómago provocadas por enfermedades como el reflujo gastroesofágico o trastornos como anorexia y bulimia. O exógeno, si la causan elementos externos como puede ser el consumo excesivo de alimentos ácidos con un pH inferior a 5 o la exposición a ambientes y elementos muy ácidos (trabajadores en industrias químicas, nadadores ya que el cloro de la piscina degrada el esmalte, exposición excesiva a bicarbonato, consumidores de drogas tipo cocaína y ácidos, etc). En este último caso la degradación suele ser muy rápida y visible, ya que se da en la cara externa de los dientes anteriores.

Actualmente, el bruxismo y la erosión son los dos factores que más y más rápido influyen a la desgaste de nuestros dientes. Un desgaste que además de convertirse en un problema estético puede suponer graves problemas en nuestra salud bucodental ya que provoca hipersensibilidad dental, aumenta el sangrado de las encías e incrementa notablemente el índice de caries, sobre todo entre los dientes y los cuellos de los mismos.

El Bruxismo

El Bruxismo es una parafunción, es decir, una actividad muscular generada por los músculos de la masticación cuando el objetivo no es esta función masticatoria. No es propiamente una enfermedad, sino una actividad muscular involuntaria que se debe a una alteración en la segunda vía de la dopamina o vía mesolímbica (responsable de la motricidad fina, el placer y la euforia, la compulsión, la perseverancia y la gratificación personal).

Esta alteración se puede deber al uso de sustancias farmacológicas (opiáceos y barbitúricos) o, en la mayoría de los casos, al estrés o la ansiedad. Es una alteración dopaminérgica que suele estar relacionada con los trastornos del sueño. Es por esta razón que el bruxismo aparece más frecuentemente por la noche y no nos percatamos de él en muchas ocasiones hasta que sus efectos en la dentadura son severos.

Los efectos del bruxismo, dependiendo de la estructura de cada paciente, se pueden dar en todos los elementos involucrados en la masticación, dientes y encías, músculos masticatorios y de la cabeza, cuello y espalda, ligamentos y articulación temporomandibular (es la articulación que une la mandíbula a la base del cráneo y la única móvil involucrada en la masticación). Los signos y síntomas más frecuentes son: desgaste dentario, sangrado de encías, dolor dentario inespecífico, dolor orofacial, contracturas musculares en cara y cuello, dolor a la masticación, luxación mandibular, pitidos en los oídos, cefaleas tensionales, dolor de cuello y espalda y en general disconfort en todo el área de cabeza y cuello.

Los odontólogos, en combinación con los fisioterapeutas, podemos tratar los efectos del bruxismo con el objetivo de mejorar la calidad de vida del paciente, pero no podemos tratar la causa. Si que podemos tratar los efectos a nivel muscular (a nivel ligamentoso y articular es más complicado) y a nivel dentario, proporcionando una oclusión (manera de morder) estable (principalmente con férulas de descarga y tratamientos de ortodoncia), y devolviendo a los dientes la estructura perdida para evitar el deterioro progresivo de los mismos con tratamientos rehabilitadores mínimamente invasivos.

Combatir el bruxismo está, por tanto, más en la mano del paciente que de los especialistas. Para ello hay que cerciorarse de que los ciclos del sueño sean los correctos, algo que sin duda podremos conseguir si la persona guarda un equilibrio físico y mental en su día a día. Para ello, llevar una alimentación equilibrada y practicar deporte pueden ser los mejores aliados.

La Erosión

La erosión dentaria como ya hemos explicado se debe a agentes químicos, bien endógenos o exógenos. Pero antes de tratar los efectos hay que controlar las causas, ya que la degradación de nuestras restauraciones será similar a la de los dientes naturales.

Cada vez más, nos encontramos que los ácidos de la dieta causan estragos en la dentición, las bebidas gaseosas, energéticas, el abuso de los zumos de frutas o las bebidas alcohólicas como el vino. No sólo el pH de estos alimentos es muy ácido, sino que a veces mantenemos estos alimentos durante muchos minutos en la boca y los asociamos con desgaste mecánico, con lo que los efectos aumentan muchísimo. Por eso los dentistas recomendamos cepillarse los dientes inmediatamente después de consumir este tipo de alimentos o bebidas, eso sí aplicando antes un enjuague de bicarbonato o una bebida láctea, que limpien nuestra boca de ácidos.

Todo este desgaste provoca hipersensibilidad dentaria, aumenta el sangrado de las encías y aumenta mucho el índice de caries, sobre todo entre los dientes y los cuellos de los mismos. Para evitar que ocurra esto es fundamental llevar una dieta natural libre de azúcares refinados y otros compuestos químicos, y no realizar un consumo excesivo de alimentos y bebidas cítricas. Si seguimos al pie de la letra estos consejos el pH de nuestra boca y el nivel de ácidos será adecuado y disminuirá considerablemente el riesgo de que el esmalte se erosione.

Doctor Jesús Isidro
Master en prótesis bucofacial
y especialista en odontología estética y ATM.
www.isidroymarquez.com