Las emociones y sentimientos tienen un papel crucial en los desarrollos creativos y proyectos de innovación.
Te ofrecemos algunas claves para aprovechar sus aportes y superar las dificultades que nos plantean. Pueden aplicarse tanto en el mundo de las organizaciones como en los procesos individuales, en la creatividad para nuestra vida.

Lo que hay detrás de las técnicas de creatividad

Pocas empresas o individuos son conscientes de su relevancia y menos aún utilizan intencionadamente estrategias de gestión de la dimensión emocional en sus proyectos creativos.
Más efectivo incluso que un equipo que sepa utilizar todas las técnicas de creatividad, es aquel que sabe cómo integrar sus emociones.
Las emociones, sentimientos, deseos, afectos, motivaciones, están presentes en todas las facetas de nuestra vida y en todo grupo humano.

La vieja creencia de que en el trabajo profesional serio no hay cabida a la dimensión emocional es ingenua y perjudicial. Son los factores invisibles que determinan si un proyecto de innovación funciona mal, bien o mejor aún.

Como principal aliado tenemos la pasión, el deseo de utilizar parámetros y métodos creativos. Pese a ser algo tan obvio, pocos responsables realizan deliberadamente acciones para fortalecer la motivación intrínseca de las personas de las que espera unos resultados excepcionales.

En el otro lado tenemos las experiencias emocionales que nos complican el éxito, entre otras la vergüenza, la ansiedad, la desmotivación y su líder el miedo.
En ocasiones nos encontrado con muchas personas y grupos que afirman que «no se me ocurren ideas»; unas cuantas preguntas bastan para darnos cuenta de que existe una emoción detrás que está taponando ese flujo.
Podemos ser grandes expertos en gestión de la innovación pero encontrarnos con la falta de participación de equipos poco motivados, dominar a la perfección el «scamper» pero no atrevernos a decir nuestras ideas en público, estar ilusionados por un proyecto y dejarlo a medias porque no podemos superar una frustración, afincarnos eternamente en el «no tenemos tiempo para la creatividad» o tener una gran oportunidad en nuestras manos con todos los recursos disponibles y desaprovecharla en la parálisis del temor.

La importancia de lo emocional en la creatividad y la innovación

Neuronilla preguntó al experto en creatividad Mihaly Csikszentmihalyi (comunicación personas, 2009) sobre la relación ente emociones y creatividad y esto fue lo que nos contestó: «Las emociones son importantes para todo. (…) Creo que realmente importan para la Creatividad, pero incluso para entender intelectualmente algo necesitas estar emocionalmente involucrado, y en la Creatividad aún más porque si a ti realmente no te importa de alguna forma, no estás emocionalmente en lo que haces, pararás de hacerlo cuando llegues a los límites del conocimiento, a sus fronteras, simplemente pararás y dirás «Ok, ya hice lo que tenía que hacer, por qué voy a tener que hacer más…». La gente que realmente está interesada en lo que está haciendo es quien va más allá.»

Pero también lo hicimos a la inversa, Neuronilla preguntó al especialista en emociones Leslie Greenberg (2009) sobre la relación con la creatividad, estas fueron algunas de sus palabras: «Creo que las emociones influencian las ideas en cuanto que mis sentimientos ahora están influenciando lo que pienso. Quiero decir, las emociones son obviamente muy importantes en la motivación. Necesitas la emoción para llevar a cabo tareas y actuar con las ideas, pero pienso incluso que las propias ideas en sí, están influenciadas por las emociones que tenemos. (…) Para ser creativo debes reducir tu ansiedad y tu miedo, estar seguro y prestar atención a tus sensaciones corporales e intentar concentrarte en ello, en vez de a procesos racionales».

Revisando bibliografía también encontramos que, aunque frecuentemente haya estado descuidada, la dimensión emocional es de vital importancia en la empresa.
«El éxito se basa en abandonar la noción de que las personas son criaturas racionales». Kjell A Nordström y Jonas Riddestråle (2008), los revolucionarios del management con la famosa saga «Funky Busines» tienen menos pudor que pelos en sus cabezas para apostar por una «empresa emocional». Y añaden: «Todos sabemos que los individuos contentos trabajan mejor, pero ¿Cuántas empresas incluyen palabras como «diversión» o «felicidad» en su planteamiento o en su declaración de objetivos? Recuerde que uno de los mejores indicadores del rendimiento de una empresa es el promedio de veces que se ríe un empleado cada día» (Nordström y Riddestråle, 2008).

Daniel Goleman, autor del best-seller «Inteligencia Emocional», afirma junto con Richard Boyatzis y Annie McKee en «El líder resonante crea más» (2002) que «el éxito de una empresa está ligado directamente al estado de ánimo de sus líderes» y que «a pesar del gran valor que la cultura empresarial suele conceder al intelecto frío y despojado de emoción, nuestras emociones siguen siendo más decisivas que nuestro intelecto».

Franc Ponti (2006), uno de los autores más representativos sobre innovación empresarial en España, nos dice: «alegrar la mente, es una de las claves más esenciales del trabajo creativo. Sin alegría, sin optimismo, no hay fuerza creativa. Y eso hay que recordarlo cada día de nuestra apasionante existencia…».

Desde la psicología, quizá quien más claro lo deja es Teresa Amabile (1983), que en su «Modelo Componencial» señala tres componentes básicos de la creatividad:

Destrezas relevantes para el campo (es decir, dominar aquello sobre lo que somos profesionales).
Destrezas relevantes para la creatividad (capacitaciones en estrategias).
Motivación por la tarea, añadiendo que este es el factor más importante.

Una visión integral de la creatividad y la innovación

Marga Íñiguez, una de las pioneras en España del trabajo en Creatividad e Innovación y «madre honorífica» de Neuronilla nos recuerda frecuentemente cómo ha ido enriqueciéndose la visión sobre el tema.
En un principio por «creatividad» se entendía principalmente una habilidad que formaba parte del proceso para resolver problemas («creative problem solving»). Poco después, se amplió con el concepto de «pensamiento creativo» un gran avance pero aún muy reducido a los aspectos cognitivos.
Actualmente, al menos las propuestas más avanzadas, comparten un modelo integral de la creatividad en el que se contemplan de forma interrelacionada los aspectos no sólo cognitivos si no también los emocionales, corporales, biológicos, relacionales, éticos, contextuales… e incluso comunitarios desde por ejemplo la perspectiva de las sociedades de la imaginación.

Desgraciadamente, pocas entidades y profesionales son las que han dado este último salto y sigue imperando en el discurso mayoritario el «pensar de forma diferente». Como consecuencia de ello se plantean modelos de formación y de actuación que tienen como casi único protagonista las técnicas de creatividad.

Paralelamente los términos de «inteligencia» y «emoción» han ido manteniendo un idilio cada vez más consolidado:

• Hasta 1969, la inteligencia y las emociones pertenecían a campos de estudio separados entre si.
• De 1970 a 1989, empiezan a coquetear y Howard Gardner esboza la teoría de la Inteligencias Múltiples.
• De 1990 a 1993, recibieron el flechazo de unos cupidos llamados John Mayer y Peter Salovey que crearon el concepto de Inteligencia Emocional.
• De 1994 a 1997, Daniel Goleman consigue que se popularice su relación convirtiendo a la pareja en portada de todas las revistas.
• Desde 1999, Rolando Toro, creador de la Biodanza, da un giro de tuerca al concepto con la expresión «Inteligencia Afectiva» que aporta una direccionalidad ética a las habilidades de la Inteligencia Emocional. Este maestro de ceremonias dotó de un nuevo significado a la pareja: «la inteligencia puesta al servicio del amor, de la felicidad y de la alegría de vivir». Esta visión trasciende la tradicional consideración de la Inteligencia Emocional como un conjunto aséptico de habilidades que se pueden utilizar tanto para objetivos benefactores como dañinos.

Tenemos una influencia cultural muy poderosa hacia lo racional. La revolución cognitiva ha supuesto uno de los avances más influyentes del siglo XX. Pero con la popularización de la Inteligencia Emocional, estamos viviendo un inicio de atención a nuestra dimensión emocional desde otros enfoques.
[Podrás leer la continuación de este artículo próximamente]

David Díez Sánchez

Director de Neuronilla para la Creatividad y la Innovación

Facilitador-didacta de Biodanza

www.neuronilla.com