Prostitución emocional

¿Nos vendemos por un poco de amor? Hay tanta necesidad de atención, compañía, reconocimiento, afecto o escucha, que sin darnos cuenta acabamos prostituyéndonos para recibir de vuelta lo que necesitamos a cambio de lo que damos.

Cedemos nuestros derechos, nos adaptamos a las expectativas del otro, nos esforzamos en dar gusto, tragamos, decimos sí queriendo decir no. Perdemos la dignidad “con tal de” obtener algo de lo que creemos necesitar. A menudo, incluso nos conformamos con las sobras, considerando que “mejor eso que nada”.

¿Es el amor un sentimiento condicionado?

¿Qué clase de amor merecemos?

¿Qué clase de amor merecen los otros recibir de nuestra parte?

El amor no se compra ni se vende; tampoco sirve como moneda de trueque. El amor, es. No se fuerza lo que ya es de manera natural. Así es que dejemos de mercadear con algo tan sagrado. En tu viaje al interior revisa si es hora de soltar el agotador esfuerzo de sostener lo que estés sosteniendo solo por miedo a perder o a dejar de recibir lo que recibes.

Pon atención, a ver si incluso en ese intercambio hay algún componente material. Plantéate cuántos matrimonios siguen juntos con tal de no perder la casa, su estatus social, pasar una pensión, el temor a enfrentarse a la vergüenza social o a lo que vaya a decir la familia. O en nombre de los hijos se sacrifican aguantando lo que haya que aguantar, siendo utilizados éstos como excusa para esconder los verdaderos intereses o las propias incapacidades.

Revisa si te compensa la infelicidad con la que pagas a cambio, con tal de sostener tus ganancias encubiertas o de disimular tu falta de valor. Renunciar a ser feliz por hacer felices a otros solo es una justificación, una mentira que a nadie engaña y causa daño a todos los implicados. Caminar hacia una vida feliz es nuestra responsabilidad por más que cueste asumirla.

Por amor debemos iniciar cuantos procesos de transformación hacia la alegría sean necesarios. Tras el transitable tiempo de dolor y adaptación al cambio, estar en armonía con uno mismo es la mejor ofrenda que podemos ofrecer a los que amamos. Amar es dar ejemplo de coherencia empezando por amarse uno a sí mismo. El mejor regalo, el más bello ejemplo, es ser de verdad quien tú eres y estar en coherencia.

Y es que las sonrisas maquilladas no dan el pego. Quien te quiera de verdad, quiere verte y sentirte feliz. Por tanto, para que otros sean felices tenemos que serlo nosotros. ¡No es egoísmo, es amor lúcido en acción! No cargues a los demás con la responsabilidad y el peso de tu infelicidad. Lo que vives es producto de tu decisión.

Escucho a menudo en consulta eso de: “con lo que yo he hecho por ti, con lo que he aguantado y así me lo pagas, te he dedicado mi vida…” ¿Te das cuenta del egoísmo que encierra y del daño que ocasiona? Aquellos por los que aseguras haber dado tanto, se quedan envueltos en culpa y con la sensación de estar en deuda.

Mira a ver si te reconoces en algún tipo de prostitución emocional: siendo prostituido o prostituyendo tú a otros con un “me lo debes…”. Libérate ahora del egoísmo disfrazado de amor. ¡Reconócelo! Está camuflado y no siempre es sencillo darse cuenta. Es un lobo con piel de cordero. La terapia transpersonal te ayuda a explorarte internamente para encontrar las claves necesarias en tus patrones inconscientes y, poder de este modo, tomar conciencia y comenzar a desalojar cualquier interferencia que te desconecte del ser.

Deja morir con el fin de año las partes de tu identidad personal que te estén alejando del recuerdo esencial de tu armonía original. Regálate conciencia para renacer a una vida más dichosa.

 

Mayla J. Escalera

Terapeuta Transpersonal especializada en:

Expansión de conciencia y exploración del inconsciente.

Autora de “Manual práctico de expansión de conciencia” (en Amazon) y

“Muerte, tránsito y vida” (disponible en Amazon)

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