La autocompasión es el hábito de tratarnos a nosotros mismos con cariño y amabilidad cuando nos damos cuenta de que estamos sufriendo. En palabras de Christopher Germer: La autocompasión puede definirse como el darnos a nosotros mismos el mismo cuidado, consuelo y serenidad que de forma natural hacemos llegar a quienes queremos, cuando están sufriendo, cuando fracasan o cuando se sienten inadecuados (Germer, 2011).

Se han convertido en objeto de estudio científico en el contexto de la atención plena o mindfulness. Fue en el año 2003 cuando Kristin Neff, de la Universidad de Austin (Tejas) publicó lo que son, probablemente, los dos primeros trabajos científicos sobre autocompasión. En ellos describió sus tres componentes:

1. Mindfulness. En este contexto se refiere a hacernos conscientes del sufrimiento. Muchas veces sufrimos, pero no nos damos cuenta. Esto nos permite establecer una cierta distancia con ese sufrimiento, es decir, no identificarnos totalmente con él.

2. Humanidad compartida. Consiste en ser conscientes de que el sufrimiento es una característica universal e inevitable de la vida humana (en realidad, de la vida, en general) y que nos une a todos los seres humanos y a todos los seres vivos.

3. Amabilidad con uno mismo. La reacción espontánea del corazón humano ante el sufrimiento es la compasión y nos tratamos con cariño y con amabilidad. Así, evitaremos algo que resulta muy frecuente entre nosotros: la auto-crítica excesiva y despiadada.
Muchos de nosotros somos muy poco autocompasivos y no lo sabemos.

Averiguarlo es bien fácil. Podemos repasar cómo nos tratamos a nosotros mismos en cinco aspectos importantes de nuestra vida y enseguida tendremos la respuesta. Estos aspectos son: el cuerpo, la mente, las emociones, las relaciones con los demás y la dimensión espiritual. Si nos tratamos bien en esos cinco campos, es que somos bastante autocompasivos. Si, por el contrario, advertimos que podríamos mejorar mucho la forma en como nos tratamos, quiere decir que sería deseable que cultiváramos la autocompasión.
Una de las razones del auge de la autocompasión es que su práctica ha demostrado poseer claros beneficios para la salud física y mental. La autocompasión tiene marcados efectos terapéuticos, como:

a) Aumento del bienestar psicológico, disminuyendo la ansiedad y la depresión,

b) Mejora los sentimientos de vergüenza y disminuye la auto-crítica,

c) Contribuye a reducir el consumo de tabaco,

d) Mejora los síntomas del estrés post-traumático,

e) Mejora las relaciones interpersonales, disminuyendo el estrés psicosocial,

f) Se halla asociada a más sabiduría y más inteligencia emocional y

g) Favorece estados psicológicos positivos, como los sentimientos de autonomía, competencia y conexión, el optimismo, la curiosidad y los afectos positivos.

Pero, ¿cómo podemos desarrollar nuestro potencial autocompasivo? La forma más directa es practicar ejercicios de autocompasión, que se realizan dentro de la meditación mindfulness. Suelen llamarse prácticas “generativas”, ya que “generan” una disposición particular de los afectos en el sentido del cariño y de la compasión. Estos ejercicios pueden emplear, bien la visualización, bien algunas frases que fomentan la compasión. En Occidente parece ser que los ejercicios que utilizan frases son mejor recibidos por el público en general, pero ambos tipos de prácticas son igualmente efectivos.

El programa MSC (Mindful Self-Compassion) o “Mindfulness y autocompasión” de Christopher Germer y Kristin Neff consiste en enseñar al participante a desarrollar la autocompasión en sí mismo/a y a transformar su forma de tratarse a sí mismo/a. Las personas que realizan el programa experimentan incrementos en autocompasión, en mindfulness y en su bienestar psicológico.

(Descubre la convocatoria abierta de Mayo de 2015 en Elea, Instituto Psicoeducativo en Madrid)

Vicente Simón

Catedrático de Psicobiología, psiquiatra e instructor de mindfulness