El yoga ha de ser un viaje al presente. Utilizamos nuestro cuerpo para regresar a él y una parte fundamental de este viaje son las emociones que vivimos.

Vivimos tiempos donde predomina la parte física del yoga, donde no se tiene en cuenta que la parte física de éste es sólo un medio para alcanzar un estado de tranquilidad donde ser. El yoga es una herramienta de autoconocimiento, con la que poder identificar qué somos y qué no somos .

Esta vez hablaremos de las emociones, de cómo se viven en una clase de yoga y qué cambios vivimos cuando practicamos.

“Las emociones son”, sin juicio, aunque tenemos tendencia a catalogarlas de buenas o malas, sin darnos cuenta del mensaje que nos envían. En el yoga las emociones pertenecerían al corazón igual que los pensamientos lo harán a la mente.

El Katha Upanishad (de venta en Amazon), libro sagrado de los hindús, tiene una bella metáfora que describe esto perfectamente. El humano sería como un carruaje donde los caballos serían las emociones, el cochero la mente, el coche nuestro cuerpo y el amo del carruaje nuestra verdadera esencia. Por lo tanto, las emociones (y pensamientos) son una parte importante del viaje, sin embargo, son impermanentes y mutables y, por lo tanto, susceptibles de ser utilizados en nuestro beneficio hacia el encuentro de nuestro propio Ser interior, fuente de sabiduría o amo interior.

Emociones durante la clase de yoga

El territorio donde guardamos las emociones no expresadas es el cuerpo. A menudo, durante una clase, los alumnos experimentan una liberación emocional: durante una secuencia o asana estallan en lágrimas o viven una intensa frustración. En la clase nuestro cerebro está centrado y neutral; esto ayuda a que salgan a la luz emociones a las que no hemos podido o querido acceder, liberándolas. El yoga da a la mente una vía para procesar sentimientos que enterramos y apartamos. Lo que no vemos o no somos capaces de afrontar, sale a la luz mientras estás en tu esterilla en un estado de introspección consciente.

Y es que cada vez que fortalecemos, estiramos y abrimos el cuerpo, esas acciones corporales repercuten directamente en la mente-corazón y en nuestro sistema de energía. Es habitual, normal y sano, que al realizar una postura de apertura de corazón (anahatta chakra), como por ejemplo ustrasana, un yogui o yoguini empiece a notar que un río de lágrimas corre por sus mejillas. Esto nos puede confundir, sobrecoger o avergonzar, pero es un regalo más del yoga.

Animo a profesores y practicantes de yoga que puedan haber presenciado o experimentado una liberación emocional durante una clase, a verla como una oportunidad y a tratar de no tener miedo, pues el cuerpo podría decirte algo importante sobre lo que tu Ser necesita.

Sigue practicando, respira; cada emoción que aflora y nos atraviesa nos ayuda a crecer con más paz y claridad.

 

20 2 las emociones y el yoga - Las emociones y el yoga

 

Emociones después de la clase de yoga

Algunas veces se me acercan alumnos preocupados por las sensaciones que viven desde que practican yoga: están más llorosos, irritados y mucho más sensibles, sienten que las emociones les desbordan durante su práctica y en su día a día. En estos momentos a los alumnos les surgen dudas: si el yoga es para ellos, si lo hacen bien. A veces detrás de esto está el juicio de que este estado no es muy lógico. Hay que decirles que es normal y perfecto, que es parte del proceso que viven practicando yoga.

A veces, la práctica de yoga saca a la luz emociones en estado de semilla (bija), y las hace aflorar a la superficie, donde podrán sanar en cualquier momento. Ten confianza. Sé paciente, esto es exactamente lo que la práctica tiene la intención de hacer.


La práctica de yoga te desnuda, limpia, desbloquea y derrite tu armadura de hierro dentro y fuera.


Nuestra práctica de yoga puede dar lugar a emociones intensas tanto dentro como fuera de la esterilla. Nos acerca más a nuestra realidad interior. Nos muestra muy de cerca lo que está sucediendo, ilumina lo que realmente es, y no se puede ignorar lo que se ve y se siente con tanta claridad.

Hay que encontrar el valor para integrar tranquilamente lo que hay, sin necesidad de quitar o cambiar nada, sin identificarse con el drama personal, observando desde sakshi, la consciencia testigo.

Gestión emocional

La verdadera libertad emocional nace de ser tanto en la tristeza como en alegría. Es genial que vivamos todas las emociones, sin etiquetarlas como buenas o malas, sin fugarse de ellas, pero vivirlas no implica gritar a alguien cuando estás enfadado, eso es falta de autocontrol y empatía.

El yoga nos permite vivir las emociones, dejarlas ir, pero sin perder el control, donde el amo del carruaje es quien dirige en todo momento. Animo siempre a mis alumnos a que cultiven la presencia de su ser, que cultiven el agradecimiento y poco a poco van viendo como sus emociones alteran su mente alejándolos de su centro y como el yoga es una herramienta increíble para canalizarlas y ordenarla.

Como decía una de mis primeras profesoras de yoga: “se vale reír o llorar”, aunque ella se refería más a no hacer del ambiente de clase algo demasiado solemne, sino más relajado y humano en el que se puede sonreír o buscar el contacto visual con alguien cercano. También está bien reír o llorar si eso es lo que te saca un asana.

 

Tania Muñoz

Profesora de Hatha Yoga y Ashtanga Yoga

en Espacio Orgánico

espacioorganico.com