La Salud Integrativa es un modelo de atención que entiende que el ser humano debe ser comprendido en su totalidad y particularidad. En su entorno físico, emocional y social.

Nace de una nueva manera de concebir el mundo en la que estamos comprendiendo la interconexión e interdependencia entre el yo, el nosotros y nuestro entorno. Nos vemos y sentimos parte de una gran red unida por delicados hilos. Influimos y estamos influenciados por todo lo que nos rodea.

Concebimos la salud no como la ausencia de enfermedad, sino como el bienestar que nace del equilibrio entre el cuerpo, la mente y el espíritu. Desde este concepto, el abordaje de una «enfermedad» requiere de varios enfoques que integrados dan una respuesta completa.

Para lograrlo, en nuestro caso, tenemos en cuenta los fundamentos de la medicina convencional y complementaria, la nutrición celular, terapias para gestionar las emociones, técnicas de consciencia y actividad física adaptada y algunas tecnologías de diagnóstico, incluidas las que determinan la influencia del lugar de vivienda o trabajo en nuestra salud (estudios de biohabitabilidad).

En la salud integrativa no existe «el o la paciente» como un sujeto pasivo que espera a que se le den las respuestas. Creemos que quien consulta por su salud está realmente interesado en mejorarla y esta primera actitud activa demuestra su capacidad para identificar y modificar los factores que le están enfermando y lograr nuevamente el equilibrio. La paciencia nace de su actitud a descubrirse, cultivarse y recoger los frutos de su bienestar.

Por otro lado entendemos que la relación entre terapeuta/paciente es de comunicación respetuosa y constante. Si las repuestas están en el paciente nuestra función es formular bien las preguntas y orientar el tratamiento de acuerdo a la respuesta individual.

La salud integrativa es un proceso de aprendizaje y descubrimiento constante también para el/la terapeuta y por eso trabaja de forma proactiva en sí mismo/a.

Se hace evidente que en la salud integrativa eres tu el dueño de tu salud. Pero necesitamos conocernos, aprender a gestionarnos, tener información y saber usarla. A esto le llamamos el camino del auto cuidado.

Emprender el camino del autocuidado.

La experiencia nos dice que la mayoría de las respuestas a las causas de un desequilibrio en el estado de salud las tiene el o la paciente. Pero lastimosamente nos hemos acostumbrado a buscar las respuestas fuera de nosotros mismos.

Durante mucho tiempo la mayoría de terapeutas hemos cumplido la función de responder a las dudas en salud y dar fórmulas para que el otro sane. Esta relación ha sido una de los principales causantes de patologías crónicas o persistentes. Las repuestas no están fuera y afortunadamente este modelo va cambiando.

Vivimos además un momento de «explosión» en técnicas, métodos, terapias tratamientos, productos. Hay mucha información que nos puede confundir y hacernos perder en el camino.

Por esta razón, desde mi punto de vista particular, debemos volver a lo simple y para mí la simplicidad esta en: Comer y dormir bien, hacer ejercicio, practicar una actividad que nos de relajación y placer y aprender a gestionar las emociones.

¿Cómo funciona tu organismo en estos aspectos? ¿Qué tal duermes? ¿Cuál es tu actividad? ¿Cuáles son tus rutinas? Algunas preguntas que te sugiero para empezar son:

1.¿Cuál es el origen de mi enfermedad (dolencia, malestar, etc..)?

Y aquí me detendré un poco, pues solemos tratar, por ejemplo, la obesidad (síntoma) que puede ser el reflejo de un problema emocional como la ansiedad (origen) y mientras no trabajemos sobre la ansiedad, ninguna dieta, por más estricta que sea funcionará.

2.¿Cuáles son mis rutinas de vida?

¿Cuál es la hora y actitud con la que como, duermo, descanso, trabajo, etc.? ¿Porqué lo hago así? ¿Necesitaré otras rutinas como por ejemplo ir a la cama antes? Hacerse consciente de que sigo rutinas heredadas que me pueden estar haciendo daño, pero que ni me he planteado cambiar.

3¿Cuáles son los cambios que necesito dar?

4.¿Cuáles son los cambios que quiero dar?

5-¿Cuáles son los cambios que puedo dar ahora, en un mes, en tres…?

Pues no es lo mismo necesitar, querer y poder y en muchas ocasiones nos proponemos, al no saber diferenciarlas, nos planteamos metas inalcanzables que terminan frustrándonos.

6.¿Quién me puede ayudar a lograrlo?

Los amigos, la familia, qué tipo de terapia puede ser la que mejor me va. Qué relaciones pueden estar impidiendo mi bienestar general.

7.¿En cuánto tiempo lo haré?

Con los pies puestos en la realidad de mi rutina diaria de vida para que mi plan de auto cuidado no termine siendo una pesada carga.

8.¿Cómo sabré que lo he logrado?

Partiendo de pequeños logros, subiendo de escalón en escalón hasta mi meta.

Conocerse, comprenderse y amarse aseguran el camino del auto cuidado. Pero no con rigidez, sino con la alegría de sentirse protagonista en el día a día de tu propio bienestar y moviéndote de tal manera que puedas mantener el equilibrio.

Mejor en compañia:

Finalmente, si bien insisto que la responsabilidad de tu salud es tuya, el camino es más divertido y enriquecedor si se hace en compañía.

Compartir con tus terapeutas tus dudas y ajustar los tratamientos en función de tus necesidades.

Aprender en grupo, con personas que como tu se inquietan por su bienestar y comparten experiencias, dudas y logros. Aprender a disfrutar de la Nutrición Consciente, a Habitar y Activar tu Cuerpo, gestionar tus emociones para ser feliz, estando en contacto con gente real que como tú quiere una vida más plena y para la que en ocasiones el camino se hace difícil.

Por esto para la salud integrativa es fundamental que el camino del auto cuidado sea un trabajo personal, pero también colectivo. Nadie sabe más que todos juntos y nada es más satisfactorio que un aprendizaje con alegría.

Carlos Morales Martín

Médico, especialista en Homeopatía y Nutrición Celular

Fundador de Ser Integral Salud Integrativa

www.serintegral.org