Atrévete a mirar más allá de la vida

La vida en sí misma es un viaje de descubrimiento que podemos recorrer con los ojos cerrados y dejándonos llegar a donde la suerte o Dios nos van llevando. O por el contrario, podemos sentarnos al volante de este maravilloso regalo que es el presente y vivir las aventuras que creemos para nosotros mismos.

La gran dificultad estriba en que ninguna de las opciones está libre de sorpresas. Sorpresas que agradecemos cuando las consideramos positivas y que nos gustaría rechazar cuando no son de nuestro agrado. Pero en la letra pequeña del contrato de la vida aparece subrayado que no tiene servicio de devolución.

Por eso es fundamental aprender a contextualizar lo que nos ofrece y a mirar más allá de este momento presente que en tantas ocasiones nos supera. A un cliente que empieza su proceso suelo pedirle que mire
alrededor de la habitación y memorice todo lo que hay de un color concreto. Insisto repetidamente en que mire bien, pero ocupado en memorizar, ya no me escucha. Cuando después le pregunto qué hay de otros
colores, no lo recuerda. ¿Memorizar un color nos impide ver el resto? La respuesta es que sí. Nuestro cerebro recibe millones de impactos de información al día pero solo es capaz de procesar entre el 5 y el 10 por ciento de todos ellos. Por eso establecemos filtros: para que sepa qué nos interesa y qué no.

Mirar más allá es decirle a nuestro cerebro que no se quede con ese diagnóstico o tratamiento que nos atemoriza, que no le de vueltas a todo lo que significa muerte, sino que mire hacia adelante y hacia los lados y se impregne de todo lo que significa vida: la familia, los amigos, las comodidades de que disponemos y también, claro que sí, nuestras ilusiones y sueños de futuro.

¿Qué más da si se cumplirán o no? Ninguno de nosotros sabemos qué nos va a deparar el mañana. Con o sin enfermedades la vida tampoco emite garantías de cumplimiento de sueños. La única certeza es que si
no sueñas, no avanzas. Que si te sigues impregnando de aquello que te aterroriza, como la enfermedad o la muerte, el pozo en que te encuentras será cada vez más hondo y en la oscuridad es más difícil avanzar.

Para ver la luz es necesario atrevernos a levantar la cabeza y dirigir nuestra mirada más allá. Cada año, cada etapa, que empieza es una nueva aventura. Una oportunidad para escribir un apasionante capítulo en el libro de tu vida. Sé osado y atrévete no sólo a soñar, sino también a hacer realidad tus sueños.

Al final de tus días no lamentarás los fracasos, sino todas las cosas que dejaste por hacer. La vida es corta para todos y a pesar de que socialmente vivamos de espaldas a la muerte, forma parte inexorable de nuestras vidas.

Llegará a ti en silencio y de sorpresa, o ruidosa y descarada, pero llegará. Y entonces, ¿podrás mirarla a los ojos y decirle que viviste, o tendrás que reconocer que no te atreviste a mirar más allá de las limitaciones y
dificultades?

El mejor ejercicio en esta época del año, con independencia del momento vital en que te encuentres, es buscar un lugar tranquilo en el que acomodarte con bolígrafo y papel para escribir los sueños que te propones realizar. Puedes empezar por repasar tus logros del año anterior y felicitarte por todas aquellas pequeñas y grandes cosas que te hacen sentirte orgulloso de ti y del camino recorrido hasta ahora. Así te sentirás más audaz para arriesgarte a iluminar el 2018 con nuevas conquistas en esta aventura tan bella y tan difícil, a veces, que es la vida.

Te deseo un año cargado de luz, bienestar y atrevimiento.

 

Olga Albadalejo Juárez

Socia fundadora en Salmah, Centro Oncológico Integrativo y Participativo

centrooncologicosalmah.com